martes, 17 de febrero de 2026

Declaraciones de famosos

Sinceramente, creo que es un tema complicado porque ambas partes tienen mucha razón. Por un lado, me parece genial que los famosos den su opinión. Al final, no dejan de ser personas que viven en el mismo mundo que nosotros y les afectan las mismas cosas. Si un futbolista como Mbappé tiene un altavoz que llega a millones de chavales, ¿por qué no lo va a usar para defender valores importantes o animar a la gente a que participe en la sociedad? A veces los idealizamos tanto que olvidamos que también son ciudadanos. Que se mojen un poco ayuda a que muchos jóvenes, que igual pasan de la política, se den cuenta de que su voto y su opinión también cuentan.

Pero, por otro lado, entiendo perfectamente lo que dice Unai Simón sobre la responsabilidad. No es lo mismo dar una opinión en el bar con tus amigos que decir algo que van a escuchar millones de niños que ven en ti a un superhéroe. El riesgo de que alguien te siga a ciegas solo porque eres su ídolo, sin pararse a pensar por sí mismo, está ahí. Hay mucha gente que, en vez de informarse bien, prefiere comprar directamente el discurso de su jugador favorito, y eso puede ser peligroso si se crean fanatismos o conflictos innecesarios.


En conclusión, creo que la clave está en el equilibrio. Está muy bien que los personajes públicos tengan compromiso social y no vivan en una burbuja, pero también tienen que ser conscientes del peso que tienen sus palabras. No se trata de que se queden mudos, sino de que, cuando hablen, lo hagan con cabeza, sabiendo que influyen mucho en los demás. Al final, lo ideal sería que sus opiniones nos sirvan para hacernos preguntas y despertar nuestro pensamiento crítico, no para que pensemos exactamente como ellos.


famosos hablando de política

A mi me parece que lo que ha dicho Mbappé es bueno. Estoy de acuerdo con su mensaje de advertencia contra los extremos y de animar a los jóvenes a ejercer su derecho al voto. Viendo ese fragmento de su entrevista, me queda claro que el futbolista está utilizando su influencia para el bien y me opongo a la idea de que esté opinando sobre lo que no debería.

Luego pienso en otros famosos defendiendo sus ideas y me entra el miedo. Si entre las personas normales ya hay muchos con ideologías extremas, me imagino que entre los personajes públicos, que en general pertenecen a las clases sociales más privilegiadas, hay una mayor concentración de gente desconectada de la realidad del resto. No me gustaría que estas personas extendiesen sus opiniones. Además, al igual que se les puede pagar para decir que esta marca es mejor que esta otra, se les puede pagar para decir que este partido político es mejor que este otro.

Sin embargo, tampoco tengo claro que las ideas políticas de la mayoría se basen en información mucho más fiable. A todos nos influye mucho lo que vemos en redes sociales, las cuales están plagadas de información falsa y cuentas que extienden opiniones políticas para defender intereses propios. 

Entonces, ¿cuál es la solución? ¿Deberíamos prohibir que se hablase de política en las redes sociales? Pues claro que no, porque nos acabaríamos convirtiendo en un país autoritario. Además, ni que fuesen mejor que solo se pudiese acceder a las opiniones políticas que se escuchan en casa o en la calle.

En mi opinión, lo único que se puede hacer es intentar educar a personas con pensamiento crítico desde los colegios, para que cada uno pueda poner su propio filtro. Vivimos en un momento en el que el todo el mundo recibe una sobrecarga de información constantemente, toda ella muy manipulada, por lo que se necesita gente que sepa diferenciar lo falso de lo verdadero y no se deje influenciar por cualquiera.






¿Famosos hablando de política?

Estoy totalmente a favor de que las personas públicas den su opinión acerca de un tema. Si que es verdad que hay mucha gente la cual sus opiniones no están respaldadas, pero estas opiniones nos pueden ayudar muchísimo a tener un pensamiento crítico acerca de las cosas y no caer en la mera ignorancia. También nos ayudan muchísimo a conocer a nuestros ídolos, los cuales puede que tengamos un imagen idealizada de ellos y realmente no sean como aparentan ser. Me parece que s es una muy buena forma de conocer a los famosos.

En el mundo futbolístico, muchas veces  nos dicen que los futbolistas son referentes para nuestra generación, pero parece que solo pueden serlo para vendernos cosas materiales. Si tienen ese altavoz tan enorme que llega a millones de jóvenes, ¿por qué no iban a usarlo para algo que realmente importa? Mbappé tiene toda la razón cuando dice que, antes que futbolistas, son ciudadanos. Vivir en una burbuja y decir que "solo eres un profesional del balón" me parece una forma de ignorar que lo que pasa en la política que es algo que nos afecta a todos, incluidos ellos y sus familias.

En un momento donde muchos jóvenes pasan de la política o se sienten desconectados, que un ídolo mundial te diga que tu voto cuenta y que hay valores en juego es muy potente. No se trata de decir a quién votar como si fuera un eslogan publicitario, sino de defender principios básicos como la convivencia o el respeto cuando se ven amenazados. La neutralidad de Unai Simón es cómoda, pero a veces, quedarse callado cuando las cosas están tensas puede desencadenar a una gran catástrofe. Si tienes el poder de movilizar a la gente para que participe en su democracia, me parece que es que esa persona tiene un compromiso social. Al final, creo que es muy importante que haya referentes que se preocupen por el mundo real para así darnos cuanta de que son totalmente iguales a nosotros.


¿Famosos hablando de política?

 Estoy bastante de acuerdo con Unai Simón la verdad. Creo que la gente famosa tiene mucha influencia en la sociedad, y los futbolistas, especialmente a la gente joven, entre gente joven, niños. Independientemente de de que partido político estuviera hablando Mbappé. Creo que el hecho de que estas personas públicamente hablen de temas que no sean fútbol tan abiertamente,  puede hacer que los niños, quienes son más propensos a dejarse llevar por lo que dicen los perfiles que tienen tan idolatrados, empiezan a opinar o preocuparse de estos temas sin tener ni la madurez ni el conocimiento para ello.

Claro está que los futbolistas, como todos los ciudadanos son libres tener una ideología y una opinión política. Realmente también son libres de expresarla Al igual que todo el mundo y nadie puede Echárselo en cara, sin embargo, sí que creo que al ser personajes públicos tienen una responsabilidad moral. Por lo que antes de hablar tiene que pensar en las consecuencias que puede suponer eso. El caso de Mbappé es un bastante extremo, pero pongamos un supuesto, un poco más neutro. Imaginamos que un niño enciende la tele y ve a su futbolista favorito, criticando al partido político, al que sus padres votan, ¿que crees que pensará el niño? Se le crea un debate moral, ya que por un lado una persona que tan idealizada tiene está criticando el pensamiento de sus padres, quienes son las personas que más quieres que más confía. 

Si bien, es verdad que obviamente estos comentarios solo serían un problema para niños con cierta edad, mas o menos de los 13 a los 17 años. También hay muchos adultos que, en vez de informarse para tener una opinión propia, se vuelven radicales de opiniones ajenas. Sobre todo, si los bienes ajenas vienen de sus más grandes ídolos. Por eso creo que la política es otro de los muchos aspectos en los que los famosos tienen cierta responsabilidad sobre lo que dicen ya que pueden influir de forma mala en otra gente.

Ahora bien, ¿tienen ellos la culpa de que la sociedad sea tan vaga mentalmente que en vez de informarse y construirse su propio pensamiento, acepten lo primero que oyen y les cuadra un poco? Pues no, claro que no, pero desgraciadamente pasa, por eso aunque no sea del todo justo los famosos tienen que andar con cuidado. Al fin y al cabo, la fama te da muchas cosas buenas, pero también las hay malas y hay que saber lidiar con ellas.

lunes, 16 de febrero de 2026

famosos hablar de politica?

    Quiero partir del principio de que para mí, cada persona ha de ser libre para dar su opinión respecto un tema, no se debe tratar de restringir la libertad de un sujeto para hacer una valoración o crítica sobre algo que nos afecta a todos como lo es la política. Sin embargo, existe un gran peligro presente en que toda persona pueda hacer difusión de esto, y se trata de la manipulación.

    n las "democracias" no gobierna ni el más apto, ni el mejor, gobierna el que más votos consiga (aunque no sea verdad en la práctica). Y la gente a la hora de decidir a quién votar, a causa sea del desinterés, del desconocimiento o del engaño, en muchas ocasiones eligen, sean por criterios superficiales y propagandísticos, a un partido cuyos intereses se oponen al pueblo. Ejemplos de esto sobran, más podríamos incluir a cualquier partido político con representación parlamentaria actualmente.

    Entonces, personajes con una amplia influencia en la gente, como lo pueden ser futbolistas, suponen un fuerte altavoz para las ideas políticas que ellos quieran patrocinar, pero creo que es muy importante entender, que las "patrocinan". Estos personajes tienen intereses personales, los cuáles casualmente no están orientados al mejoramiento general para los trabajadores del país, más si lo están para su propio enriquecimiento, y Mbappé, al hacer estas declaraciones no busca más que su propio beneficio.

    El tema es que la falta de pensamiento crítico que tiene la gente, en general, propicia que se vean fácilmente influenciados por ideas, como dije antes, simplistas y que están contra el beneficio de la mayoría. Por lo cuál, para concluir quiero volver a aclarar que cualquiera debe poder hablar de política, pero también la gente debe tratar de informarse de verdad, la propaganda que se hace contra ciertos actores políticos se hace manipulando y no fomentando que la gente piense por sí sola.


domingo, 15 de febrero de 2026

tentacion

La tentación es el impulso de hacer algo que deseamos aunque sepamos que no es lo mejor o lo más conveniente. No siempre se trata de elegir entre el bien y el mal, sino entre lo que nos apetece en ese momento y lo que sabemos que es mejor a largo plazo, entrando en conflicto con nuestros valores y lo que hemos aprendido.

Es más difícil resistir una tentación cuando nadie nos observa, ya que desaparece el miedo al castigo o a la opinión de los demás. Cuando estamos solos, se trata únicamente de nuestra propia conciencia. En esas situaciones se demuestra si actuamos correctamente por convicción o solo para evitar consecuencias externas. Si una persona solo se comporta bien cuando la vigilan, entonces su conducta depende más del control social que de una decisión personal. La verdadera prueba moral ocurre cuando nadie ve lo que hacemos.

La edad y el momento influyen en el tipo de tentaciones que se experimentan, porque cambian nuestras prioridades. En la adolescencia, por ejemplo, las tentaciones suelen estar relacionadas con el placer inmediato, la aceptación social o la rebeldía. En la adultez pueden aparecer otras vinculadas al dinero, al poder o al éxito. Esto demuestra que la tentación no es siempre la misma, sino que se adapta a lo que cada persona considera más importante en su vida y a sus condiciones.

Resistir una tentación no nos hace automáticamente mejores personas. Depende del motivo por el que se resiste. Si se hace por coherencia con los propios principios, puede fortalecer el carácter y ayudar a madurar. Sin embargo, si se resiste solo por miedo o presión social, no te hace ser mas maduro. En este sentido, la tentación no solo es un peligro, sino también una oportunidad para reflexionar sobre nuestras decisiones y conocernos mejor.

Tentación

 La tentación forma parte de la vida de todas las personas. Yo no me considero débil ante la tentación, pero tampoco perfecto. A veces me puede la pereza, como quedarme más tiempo en la cama o dejar una tarea para mañana. Son tentaciones pequeñas, del día a día. No me arrepiento gravemente de nada, aunque sí he pensado en ocasiones que podría haber aprovechado mejor mi tiempo. De esos momentos intento aprender.

Creo que es más difícil resistir una tentación cuando nadie nos observa. Cuando estamos solos, no sentimos la presión social ni el miedo al juicio de los demás. Actuamos solo según nuestra conciencia. Por eso, resistir en esos momentos demuestra un autocontrol más fuerte y sincero. Hacemos lo correcto no por quedar bien, sino por convicción.

También pienso que la edad y el momento vital influyen mucho en las tentaciones. Por ejemplo, en la infancia las tentaciones suelen ser simples, como no hacer los deberes o no obedecer. En la adolescencia aparecen otras más relacionadas con la aceptación social o la rebeldía. En la adultez, las tentaciones pueden tener consecuencias más importantes, como descuidar responsabilidades o tomar decisiones impulsivas.

Resistir una tentación no nos convierte automáticamente en mejores personas, pero sí nos ayuda a crecer. Nos fortalece, mejora nuestra disciplina y nos da satisfacción personal. Aun así, caer alguna vez también es humano y nos recuerda que estamos aprendiendo constantemente.

Tentación

 Las tentaciones están presentes en nuestro día a día y son una lucha constante que nunca acabará. Yo, por ejemplo, creo que dependiendo de la tentación que sea, soy más débil o fuerte. Por ejemplo, perder tiempo con el móvil o comer dulces de más es algo en lo que caigo siempre, además de dejar todo para último o dormir horas un día antes de un examen. Pero cuando se trata de una tentación más compleja, hago lo posible para reflexionar antes de tomar una decisión precipitada. Realmente aún no he cometido ninguna tentación que me haya afectado de gran manera, pero soy consciente de que en algún momento puede suceder. 

Es cierto que cuando nadie nos ve puede ser más probable caer en una tentación, pues cuando somos vigilados, al menos yo, no me atrevo a meter la pata. Considero que cada quien tiene distintos tipos de tentaciones según su edad, pues cuando somos más pequeños se trata de cosas muy simples, como comerse un dulce a escondidas. Sin embargo, cuando crecemos las consecuencias de nuestras acciones cobran más peso. Por ejemplo, yo al ser adolescente a veces caigo en la tentación de no estudiar mucho, y tal vez ese día no me pase nada por no estudiar, pero afecta a mi rendimiento escolar, lo que no es conveniente para una etapa decisiva.

Finalmente, creo que resistir tentaciones nos hace fuertes. A menos que sea una tentación buena. Me refiero a situaciones en donde estamos tentados a ayudar en algún conflicto pero no lo hacemos por miedo, por lo que tal vez hay ocasiones donde si vale la pena caer. Pero en general, si sabemos controlarnos para evitar caer en malas tentaciones y si nos armamos de valentía para luchar por una causa justa, podríamos mejorar como personas.

tentación

La tentación es algo común y no considero que sea una señal de debilidad. En mi caso, mi principal dificultad es la procrastinación. A veces me cuesta cumplir con las tareas que tengo planificadas si requieren mucho esfuerzo, y termino distrayéndome con cualquier cosa por no empezar.

Cuando dejo las cosas para más tarde, suelo sentir cierta frustración. No es un sentimiento profundo, pero sí me molesta saber que voy a tener que terminarlo con prisa o con un estrés que se podría haber evitado. Es simplemente una falta de organización que solo genera un agobio innecesario.

Creo que es mucho más difícil controlarse cuando nadie nos observa. La presencia de otras personas ayuda a mantener una imagen de constancia, pero a solas es muy sencillo buscar una excusa para no hacer lo que toca. Al final, el autocontrol se demuestra cuando no hay nadie alrededor para juzgar nuestras decisiones.

También pienso que el tipo de tentaciones cambia con la edad. De niños eran deseos muy simples, pero ahora tienen más que ver con las responsabilidades y con cómo gestionamos el tiempo. Seguramente, según pase el tiempo, las decisiones serán más importantes y las consecuencias de no cumplir serán mayores.

Para terminar, no creo que resistir una tentación nos haga mejores personas. Simplemente ayuda a ser más disciplinado y a vivir con más tranquilidad. Ser capaz de cumplir con lo que te propones permite evitar agobios innecesarios y estar más conforme con el trabajo realizado.

Tentación

Entiendo la tentación como un deseo que te produce un placer inmediato y haces algo que supuestamente no deberías. Si pienso en tentaciones reales personales, la verdad es que no tengo ninguna excepto el uso del móvil. Lo siento como una tentación porque me llama cogerlo cuando estudio, ver videos en tiktok y desaprovechar inútilmente mi tiempo. TikTok está bien a veces para buscar inspiración, pero cuando empiezas te engancha más tiempo que el que debería. A parte de este hecho no me arrepiento de nada de lo que he hecho hasta el momento en lo que se refiere a tentaciones. Por otro lado, si estudias en la biblioteca es mucho más fácil evitar la tentación del móvil porque no queda bien que vayas a estudiar y te distraigas con el móvil.  Asimismo, yo no suelo ir a la biblioteca porque no me funciona, estudio en casa y como allí nadie me observa utilizo el truco de ponerlo en otra habitación y me funciona muy bien. Además de eso, la edad influye en el tipo de tentaciones porque tus experiencias vitales aumentan, también la inocencia se va perdiendo y pueden aparecer nuevas tentaciones. Pienso que es muy importante tener valores claros, fuertes y mantenerse siempre fiel a ellos sobre todo para no dejarse vencer a tentaciones que puedan hacer daño a otras personas.  Resistir las tentaciones no creo que te haga ser mejor persona, tus valores no cambian pero si te hace más fuerte, orgullosa y segura de ti misma. Siempre hay una manera de superar la tentación, lo importante es conocerte y usar estrategias que funcionen contigo.

Tentación

La tentación es algo que nos acompaña siempre y, aunque intentemos ir de fuertes, todos somos débiles ante algo. En mi caso, mi mayor tentación confesable es la procrastinación; esa idea de que "cinco minutos más" en TikTok no me van a arruinar la tarde de estudio, aunque sepa de sobra que me estoy engañando. Me arrepiento de la cantidad de horas que paso con el móvil en vez de estar aprovechando mi día o simplemente estudiando para lo que debo. Es una pelea diaria que tengo conmigo misma. Creo que resistir una tentación es mil veces más difícil cuando nadie nos observa, porque ahí es cuando desaparece la presión social o el miedo al juicio ajeno y solo nos queda nuestra propia conciencia, que suele ser bastante permisiva si no hay testigos que nos juzguen. Al final, es muy fácil portarse bien cuando hay público, pero lo que realmente nos define es lo que hacemos a solas. Además, el tipo de tentaciones cambia muchísimo según el momento vital; ahora mismo, en 2º de Bachillerato, mis tentaciones no tienen nada que ver con las que tenía de niña. No creo que resistir una tentación nos haga mejores personas sino que es una cuestión moral individual. Es el escoger un camino o el otro, pero por el cual siempre se puede volver y escoger la opción que más correcta nos parezca. Es el darte cuenta de que lo que te hace momentáneamente feliz no es lo que quizá te lleve a ser feliz en el futuro. Es ese momento en el cual tenemos que hacer frente a nuestras tentaciones y decir “no, hoy voy ha hacer esto voy ha hacer esto otro porque me va a venir mejor para mi futuro”.

tentación

Las tentaciones forman parte de mi día a día, como le pasa a cualquiera de mi edad. No me considero una persona especialmente débil ante la tentación, la verdad; suelo tener bastante fuerza de voluntad para levantarme temprano, estudiar aunque no me apetezca o dejar el móvil a un lado cuando sé que estoy perdiendo el tiempo. Pero claro, también tengo mis momentos de flaqueza, y hay tentaciones que me ganan más de lo que quisiera admitir.

La que más me puede es procrastinar: abrir Instagram “solo cinco minutos” y acabar perdiendo una hora entera, o posponer el gimnasio porque “hoy no me apetece nada, ya iré mañana”. Cuando caigo, después me siento mal, con esa sensación pesada de “podría haberlo hecho mejor”. Sí, me arrepiento en esos casos, sobre todo porque sé que al final me estoy fallando a mí misma.

Creo que sí es muchísimo más difícil resistir cuando nadie nos ve. Si hay gente alrededor, aunque sea desconocida, sientes esa presión invisible de “qué van a pensar si me ven perdiendo el tiempo o siendo una vaga”. En cambio, sola en mi habitación, la tentación parece más fuerte porque no hay juicio externo, solo yo contra mí, y a veces me dejo llevar por el impulso.

Además, considero que la edad influye un montón. Cuando eres un niño las tentaciones son más tontas: comer chucherías a escondidas o no hacer los deberes. Ahora, con 18, son otras cosas: salir de fiesta aunque tengas exámenes importantes, contestar mal por orgullo en una discusión o distraerme con el móvil en vez de avanzar en mis metas. Las prioridades cambian y las tentaciones se vuelven más “adultas”, con consecuencias que pesan más.

Resistir una tentación no te convierte en una persona perfecta ni “mejor” que los demás, pero sí te hace crecer. Cada vez que digo que no a algo que me apetece mucho, me siento más dueña de mí misma, más fuerte. No siempre lo consigo, pero esos pequeños triunfos me dan confianza y me recuerdan que puedo elegir lo que quiero ser. Y, aunque suene raro, caer alguna vez también forma parte del aprendizaje… siempre que no se convierta en costumbre.

Tentación

Personalmente, mis tentaciones suelen estar relacionadas a actos simples del día a día y a la pereza: procrastinar el estudio, posponer el deporte o distraerme con el móvil. Aún así, no me considero una persona débil ante la tentación. Soy consciente de las cosas que tengo que hacer y de las que no, para así poder descansar con la mente tranquila. 

Creo que sin duda es mucho más difícil resistir una tentación cuando nadie nos observa porque no sentimos la responsabilidad de nuestros actos, ni que nos están juzgando. Hacemos las cosas por uno mismo y no por pretender sorprender o satisfacer a alguien.

Además, considero que la edad o el momento vital sí que condiciona las tentaciones que se experimentan. Por un lado, las tentaciones de los niños pequeños suelen ser simples: no recoger los juguetes. Por otro lado, las tentaciones de la adolescencia están más relacionadas a situaciones del día a día, la aceptación social… . En cambio, cuánto más mayores se es, las tentaciones tienen mayor importancia porque tenemos la responsabilidad de dar ejemplo y las consecuencias son mayores.

Por todo lo mencionado, considero que resistir a la tentación no nos hace mejores personas, sino que nos fortalece y nos aporta satisfacción personal de pensar que somos capaces de conseguir lo que nos hemos propuesto. Así, podemos mejorar nuestra disciplina y autocontrol. Aún así, caer ante alguna tentación, también tiene su gracia.

Tentación

 La tentación forma parte de la vida diaria de las personas. No siempre se presenta en forma de grandes decisiones sino que, muchas veces aparece en pequeños gestos diarios. En mi caso, no me considero una persona débil ante las tentaciones. Como todo el mundo, tengo las mías: aplazar una tarea por pereza, quedarme unos minutos más en la cama cuando suena el despertador o distraerme con el móvil en vez de empezar a estudiar. Sin embargo, suelo ser consciente de mis responsabilidades y eso me ayuda a no caer en ellas.


Cuando cedo ante alguna de estas pequeñas tentaciones, a veces siento cierto arrepentimiento, pero no es grave ni duradero. Se trata más bien de esa sensación incómoda de saber de que podría haber aprovechado mejor mi tiempo. No son grandes, sino pequeños fallos cotidianos que forman parte de nuestra rutina y que, en cierto modo, nos recuerdan que no somos perfectos.


Creo que es más difícil resistir una tentación cuando nadie nos observa. La presencia de otras personas, o incluso la posibilidad de ser juzgados por caer en ellas, influye en nuestro comportamiento. Cuando estamos solos, desaparece esa presión externa y todo depende únicamente de nuestra fuerza de voluntad. Si nadie va a ver que hemos pospuesto una tarea o que hemos decidido no cumplir con algo, resulta más fácil justificarlo.


Además, pienso que la edad y el momento vital influyen mucho en el tipo de tentaciones que se experimentan. En la infancia, suelen ser cosas simples e inocentes. Durante la adolescencia, las tentaciones están más relacionadas con la presión de tus amigos entre otras cosas. En la adultez, en cambio, las tentaciones pueden tener consecuencias mayores, ya que las responsabilidades que tienen son mayores y por lo tanto, tienen más  impacto.


En conclusión, resistir a las tentaciones no nos convierte automáticamente en mejores personas, pero sí fortalece nuestra disciplina y autocontrol. Aun así, caer de vez en cuando en pequeñas tentaciones cotidianas también forma parte de nuestra existencia y no debe verse siempre como algo negativo, sino como una oportunidad para aprender y mejorar.

sábado, 14 de febrero de 2026

La tentación

A ver, la tentación es algo que todos hemos sentido alguna vez, ¿no? Es esa cosa de saber que algo está mal, pero igual te dan ganas de hacerlo. A mí me ha pasado con cosas pequeñas, como dejar todo para último momento o hacer algo que no debo. En ese momento, parece que da igual, pero después pienso que podría haber hecho otra cosa.

Nadie es de acero, creo yo. Todos metemos la pata, está claro. A veces he hecho cosas de las que me he arrepentido después, no por que fueran tan graves, sino porque sabía que podía haber actuado distinto. El arrepentimiento es feo, pero sirve para aprender y no repetir la misma situación.

Creo que cuesta más aguantar la tentación cuando nadie nos ve. Cuando estamos solos, pensamos que no pasa nada. Es como si nadie viera, entonces hacemos lo que queremos. Pero en verdad sí hay alguien que lo sabe: nosotros mismos. Nuestra conciencia no se va, y por eso después nos sentimos mal.

También pienso que la edad cambia las tentaciones. De jóvenes, las tentaciones suelen ser por amigos, estudios o querer ser como los demás. Al ser más mayores igual tienen que ver con el trabajo, el dinero o decisiones más importantes. Cada edad tiene lo suyo. Para mí, aguantar una tentación nos hace mejores. No perfectos, porque eso es imposible pero muestra que intentamos hacer lo correcto. Cada vez que decimos que no a algo que no nos hace bien, crecemos un poco más.


La tentación

El tema de las tentaciones es complicado porque todos nos hacemos los fuertes, pero la verdad es que cada uno tiene lo suyo. No es que seamos débiles, es que somos humanos y resistirse cansa, porque lo que te apetece siempre es lo más fácil y rápido. Yo tengo días de todo: a veces paso de todo y otras caigo por cualquier tontería. Si tengo que confesar algo, mi perdición es el chocolate por la noche o quedarme con el móvil hasta las mil sabiendo que al día siguiente madrugo. No es nada del otro mundo, pero me pasa más de lo que me gustaría.


Sobre el arrepentimiento, a veces me da más rabia no haber hecho algo por controlarme demasiado que las veces que sí lo hice. Al final, de los fallos salen mejores historias que de ser perfecto siempre. Además, está claro que es mucho más difícil no caer cuando nadie te ve. Cuando hay gente delante te cortas por el qué dirán, pero a solas ese freno desaparece y eres tú contra tus ganas. Ahí es donde se ve de qué estás hecho de verdad.


También creo que las tentaciones cambian con la edad. A los veinte igual te pierde el salir de fiesta y el riesgo, y más adelante igual la tentación es simplemente la comodidad o mandar todo a paseo y empezar de cero. Al final, no creo que resistir nos haga mejores personas por arte de magia, pero sí nos hace tener más control sobre nuestra vida. Saber decir que no a algo que te apetece pero que no te conviene te da un punto de madurez importante. Ser buena gente no es no tener tentaciones, es saber cuáles valen la pena y cuáles no.

tentación

Como a cualquier estudiante de segundo de bachillerato, me tienta esforzarme menos en los estudios. Y es lógico. Durante dos años, tengo que obligarme a mi misma a ir a la biblioteca en vez de echarme la siesta, a decirle que no a mis aitas cuando me ofrecen pasar un finde en Madrid cerca de la semana de exámenes y a no apuntarme en la lista de budha porque, aunque sea gratis y me muera de ganas de salir, se que al día siguiente no voy a poder pensar. Y todo eso puede acabar siendo en vano. Porque da igual que me haya esforzado muchísimo, lo importante es que las notas de la competencia no sean mejores. Tengo que pelear por un punto más en cada asignatura, aunque solo esté añadiendo 0,3 décimas a mi nota de selectividad. 

Yo caigo en esa la tentación constantemente. Cuando llego a casa paso una hora merendando para no estudiar, entre epígrafe y epígrafe paso media hora viendo Tiktok, salgo aunque cuando debería, cuando le pido ayuda a mi madre para repasar acabo hablándole de otras cosas y me niego a ponerme una alarma los findes para ir a la biblioteca. Luego pienso que igual por caer en esa tentación no entro a la carrera y me entra la ansiedad. Que por haber sido vaga estos dos años voy a fastidiarme los siguientes sesenta. Pero enseguida se me pasa, porque hago lo que puedo y punto. Me digo a mi misma que si no entro en una carrera no pasa nada, que entraré en otra y que mi vida será igual de feliz, que igual que me ha dado por ser médico me podría haber dado por ser astronauta, que toda la gente que no es médico no es desgraciada.

En conclusión, la tentación es algo que está presente en nuestras vidas y con la que hay que encontrar un equilibrio para ser capaces de retrasar la recompensa sin pasarnos de latigueros con nosotros mismos. 

La tentación

 La tentación no es ese algo entre el bien y el mal. Es algo mucho más complejo. Es el choque entre lo que te quema en las manos aquí y ahora y esa versión de ti mismo que intentas construir a futuro. Al final, no es solo "portarse mal", sino esa pulsión que nos arrastra a lo inmediato, ignorando por completo que lo que nos apetece hoy suele ser lo que nos sabotea mañana. Es el termómetro real de nuestra voluntad.

La verdadera prueba de fuego ocurre cuando se apagan las luces y nadie mira. Es ahí, en la soledad más absoluta, donde se cae la máscara del "qué dirán" y el miedo al castigo deja de ser un freno. Si alguien es honesto solo porque hay una cámara vigilando o por no perder su reputación, no tiene ética, tiene una estrategia de marketing personal. La integridad de verdad es la que se ejerce en el anonimato, cuando la única autoridad que te juzga es tu propia conciencia.

Con los años, lo que nos hace tropezar cambia de piel. Si a los veinte te perdía la necesidad de encajar o la adrenalina de lo prohibido, a los cuarenta la tentación se viste de traje: poder, estatus o esa obsesión por la seguridad económica a cualquier precio. Es un fenómeno camaleónico. No es que nos volvamos más fuertes por arte de magia, es que nuestras debilidades mutan al ritmo de nuestras ambiciones, volviéndose más sutiles y, a veces, mucho más oscuras.

Resistir por miedo no te hace mejor persona, simplemente te hace alguien precavido. El valor real no está en la abstinencia forzada por la presión externa, sino en el porqué de esa renuncia. Si dices "no" solo porque te obligan, no hay crecimiento, solo represión. Pero cuando ese "no" nace de ser fiel a uno mismo, el carácter se templa. Así, la tentación deja de ser un enemigo para convertirse en un espejo que nos muestra, sin filtros, quiénes somos realmente.

tentación

No todas las tentaciones tienen que ver con hacer algo malo. Algunas consisten, simplemente, en no hacer lo que sabemos que deberíamos. En mi caso, la tentación más fuerte es la procrastinación.

Es tan fácil postergar una tarea difícil y cambiarla por algo inmediato y agradable: mirar el celular o ver un video. Cualquier excusa sirve cuando se quiere posponer alguna actividad. Más de una vez dejé trabajos importantes para el último día, y al llegar ese día estoy bajo demasiada presión, cuando podía habérmela ahorrado si lo hacía antes, y me arrepiento de ese estrés innecesario, de la ansiedad que yo misma generé por no empezar antes.

Cuando nadie nos ve, es más fácil dejarnos llevar. No hay nadie que nos apure ni que nos reclame, así es más fácil caer en la tentación. Si nadie nos controla, es mucho más fácil elegir la opción más cómoda y posponerlo.

Además, cuando somos más jóvenes, vivimos más en el presente. El futuro parece lejano y poco urgente. Pero entendemos que puede haber consecuencias. También influyen las etapas: en momentos de estrés o inseguridad, procrastinar puede ser una forma de escapar. No siempre es pereza, a veces es miedo o agotamiento.

Resistir a las tentaciones no nos vuelve perfectos, pero sí más conscientes. Cada vez que elegimos empezar aunque no tengamos ganas, estamos entrenando algo más profundo que la productividad. Resistir la procrastinación no es solo hacer una tarea, es cumplirnos la palabra a nosotros mismos.

tentación


La tentación forma parte de nuestra vida diaria. En mi caso, no me considero una persona muy débil, pero hay una tentación que me puede, TikTok. Es muy fácil decir “solo cinco minutos” y acabar mucho más tiempo deslizando vídeos sin darme cuenta.

Es una tentación que no es muy grave, pero sí afecta a mi rutina. Muchas veces abro TikTok cuando tengo que estudiar o hacer alguna cosa que no me gusta. En ese momento parece que necesito distraerme, pero después siento que he perdido el tiempo. Es verdad que en un primer momento me arrepiento bastante, pero luego se me pasa y vuelvo a abrir la aplicación.

Creo que es más difícil resistir una tentación cuando nadie nos observa. Si estoy en la biblioteca o con otras personas, me controlo más porque me da vergüenza estar todo el rato con el móvil. En cambio, cuando estoy sola en mi habitación, no hay nadie que me juzgue y es más fácil dejarme llevar. Ahí depende solo de mi responsabilidad.

También pienso que la edad influye mucho. A nuestra edad, las redes sociales forman parte de nuestra vida y de nuestra forma de relacionarnos. Es normal que nos atraigan tanto. Sin embargo, también es una etapa en la que tenemos más responsabilidades, como los estudios, y debemos aprender a organizarnos mejor.

Resistir la tentación de abrir TikTok cuando tengo cosas pendientes no me convierte en mejor persona que nadie, pero sí me ayuda a sentirme mejor con migo misma. Me hace sentir más responsable y más capaz de controlar mis impulsos. Y aunque a veces caiga, intento aprender de ello para mejorar poco a poco.

tentaciones

Caer en las tentaciones considero que es algo habitual, sobre todo en nuestras generaciones. ¿Soy débil? Claro que sí, como todo el mundo. A mí me ha podido el típico “me quedo cinco minutos más con el móvil y me pongo a estudiar  ”, o contestar whatsapp borde cuando estoy de mal humor y sé que debería dejar el móvil boca abajo. También me ha ganado alguna mentirita pequeña para no dar explicaciones largas, de esas que luego te queman un poco por dentro cuando te acuerdas.

¿De qué me arrepiento? De haberme pasado horas seguidas con el móvil simplemente por pereza y haber malgastado horas de estudio o de pasar un rato con mi familia dando un paseo por la calle. Me arrepiento de las horas perdidas que en el momento nadie se da cuenta de que las estás perdiendo pero a la larga es cuando te vas dando cuenta.

Cuando nadie te ve es cuando la cosa se pone fea de verdad. Sin mirada ajena no hay vergüenza inmediata, no hay “qué van a pensar”. Es solo tú y el impulso, y el impulso casi siempre habla más alto. Por eso en casa uno se come el helado a cucharadas del bote a las tres de la mañana, pero en una cena familiar se corta con dignidad.

Con la edad cambian los sabores de la tentación. De joven todo es urgencia y luego empiezan a aparecer otras más lentas y venenosas: el “me lo merezco” cuando compras cosas que no necesitas, quedarte callado cuando deberías defender a alguien, o simplemente dejar de intentarlo porque “ya da igual”.

¿Resistir te hace mejor persona? No siempre. Si resistes solo por miedo al castigo o para que te vean de santo, no has cambiado nada por dentro. Pero si resistes porque de verdad te importa ser coherente contigo mismo, aunque estés solo en la cocina a las dos de la mañana mirando el tarro de Nutella o mirando el móvil cuando sabes que tienes que estudiar… ahí sí, algo se está construyendo. No es heroico, es simplemente adulto.

viernes, 13 de febrero de 2026

Tentaciones

 Las tentaciones están presentes en mi vida, al igual que en la de todos. Sin embargo, me considero una persona fuerte de mente, ya que  no suelo dejar que me gane la pereza y hago lo que tengo que hacer y no lo que me apetece, pero reconozco que a veces soy débil ante ellas. 

Cuando me pasa y caigo en la tentación suelo sentirme mal luego y en algunos casos, siento incluso arrepentimiento. No es plato de buen gusto reconocer que se es débil y que las pasiones han tomado el control de tus actos a pesar de haber tratado de no hacerlo. Pero hay veces que la tentación es tan grande que no hay nada que hacer.

En mi opinión hay veces que es más difícil resistir que otras veces, un ejemplo es resistir una tentación cuando no hay testigos, porque si nadie mira parece  que no haya consecuencias. Creo que  la falta de miradas externas puede hacer bajar la guardia a cualquiera  y que actúe de forma impulsiva.

También creo que la edad y el momento vital influyen mucho en el tipo de tentaciones que se experimentan. A medida que uno crece, cambian las prioridades y también los deseos. Algunas tentaciones pierden importancia, mientras que otras aparecen con más fuerza. 

Con el tiempo he aprendido a conocerme mejor y a reconocer mis propias debilidades. Resistir una tentación requiere esfuerzo, autocontrol y reflexión. No siempre lo consigo, pero cada intento me enseña algo nuevo. Cuando logro decir no, me siento orgulloso y más seguro de mí mismo. Considero que resistir una tentación no nos hace perfectos, pero sí nos ayuda a crecer como personas y a tomar decisiones más conscientes.


domingo, 18 de enero de 2026

Carta

 Mamá, si te llega esta carta, ya estaré muerto. 


Se que ahora mismo estarás enfadada y no entenderás porque lo hice, pero me conoces perfectamente y sabes que nunca he sido de mirar hacia otro lado cuando las cosas son injustas. Si nadie defiende y lucha por la democracia viviremos siempre bajo la sombra de los falangistas, alguien tiene que hacerlo, y se que muy a tu pesar yo he sido una de esas personas. Pero si he muerto por ser fiel a mis principios estoy completamente satisfecha. Así que por favor mamá quédate con eso, con que he sido feliz y me he ido de la misma forma, con la cabeza muy alta. 


Te quiero mucho y siento que me tenga que ir tan pronto, pero de una forma u otra siempre estaré a tu lado. Cuídate mamá y no dejes que el odio te corrompa, trata de ser feliz aunque los otros ganen, no les des el gusto de arruinarte la vida más de lo que ya lo han hecho. Pero recuerda ser siempre fiel a nuestros principios y educar a quienes puedas con esos valores, es importante que siempre halla algunos con la cabeza amueblada para que más tarde puedan contar la historia tal y como fue.


Gracias mamá, gracias por todo. Hasta siempre.


Tu hija, 


Julia

Carta

 

Querida Ama,

Estás recibiendo esta carta porque sé que me van a ejecutar, pero lo último que quiero hacer antes de que llegue este cruel momento es despedirme de ti. Espero que, desde la tristeza que estarás sintiendo, esta carta te reconforte.

Quiero decirte que en estos 24 años de vida he sido muy feliz. Tú me diste la vida, me enseñaste los valores que me han hecho ser como soy hoy en día, me diste unos hermanos a los que adoro, me diste un hogar, me has enseñado a ser libre, a disfrutar de cada momento, a aprender de la dureza de la vida, a apreciar la belleza de las personas… todo lo bueno de mi vida me recuerda a ti.

Es cierto que me hubiera gustado compartir más momentos contigo pero me voy muy satisfecho por todo lo que he vivido. Quiero que te quedes con este recuerdo, que siempre que esté triste, puedas leer esta carta y te saque una sonrisa y un sentimiento de orgullo porque has sido la mejor madre que podría haber tenido.

Diles a mis hermanos que cuiden siempre de ti, aunque las cosas no sean fáciles. Desde el cielo os cuidaré. Espero que os acordéis de mi tanto en las buenas como en las malas.

Os quiero y os querré siempre,

Tu hija Marina.

Madre, si te llega esta carta, ya estaré muerto

 Madre, si te llega está carta, ya estaré muerto

Madre, se que es la última vez que te voy a dedicar mis palabras, y realmente no sé qué escribir en una ocasión como esta. Pero no quiero causarte dolor ni mucho menos tristeza, porque sé que a lo largo de la vida ya te he hecho pasar por eso. Así que hoy quiero agradecerte por todo lo que has hecho por mí, por enseñarme a luchar por la justicia y por haber cuidado de mis valores. Has hecho un gran trabajo por mí todos estos años y para mí es un honor haber luchado hasta el final, aunque eso me cueste la vida.

No te voy a mentir, tengo mucho miedo, como nunca antes he tenido. Sabes que en el fondo siempre he sido un cobarde, pero como tú me has enseñado, ser valiente no implica dejar de sentir miedo, sino soportar todo lo que implica salir adelante, y eso es lo que haré el día de hoy. Cómo desearía estar a tu lado y abrazarte como cuando era pequeño y me sentía asustado por mis pesadillas. Y a pesar de que hoy estoy viviendo en una, pronto despertaré y te abrazaré desde mi alma. Será un abrazo eterno que te acompañará en donde sea que estés, porque cuando leas esta carta y mires al cielo, ahí estaré yo sonriendo. Así que sin más, gracias por todo lo que has hecho por mí madre. Sigue viviendo con amor, así como viviste amándome a mí, hasta que algún día nos veamos de nuevo.

Con cariño,

Tu hijo.

Carta

 Mamá, si te llega esta carta, ya estaré muerto. 


Se que ahora mismo estarás enfadada y no entenderás porque lo hice, pero me conoces perfectamente y sabes que nunca he sido de mirar hacia otro lado cuando las cosas son injustas. Si nadie defiende y lucha por la democracia viviremos siempre bajo la sombra de los falangistas, alguien tiene que hacerlo, y se que muy a tu pesar yo he sido una de esas personas. Pero si he muerto por ser fiel a mis principios estoy completamente satisfecha. Así que por favor mamá quédate con eso, con que he sido feliz y me he ido de la misma forma, con la cabeza muy alta. 


Te quiero mucho y siento que me tenga que ir tan pronto, pero de una forma u otra siempre estaré a tu lado. Cuídate mamá y no dejes que el odio te corrompa, trata de ser feliz aunque los otros ganen, no les des el gusto de arruinarte la vida más de lo que ya lo han hecho. Pero recuerda ser siempre fiel a nuestros principios y educar a quienes puedas con esos valores, es importante que siempre halla algunos con la cabeza amueblada para que más tarde puedan contar la historia tal y como fue.


Gracias mamá, gracias por todo. Hasta siempre.


Tu hija, 


Eva

Carta

 Ama,

Te escribo esto rápido porque ya sé que mañana no voy a estar aquí. Si te dan este papel, es que ya ha pasado todo. No le des más vueltas a las cosas, ha tocado así y ya no se puede hacer nada.

Lo que más me duele es que no os voy a volver a ver. Te voy a echar mucho de menos, mamá, y a mi padre también. Dile que lo siento si alguna vez nos enfadamos por tonterías, que yo le quería mucho aunque a veces fuera cabezota.

A mis hermanos diles que no se olviden de mí, pero que sigan con su vida. Me da mucha pena ser la pequeña y tener que irme la primera, sin ver qué va a ser de ellos. Decidles que se porten bien, que no se metan en líos y que te ayuden en todo lo que puedan ahora que vais a tener más trabajo.

En el paquete que tiene el guardia he dejado mis cosas. El abrigo está casi nuevo, que se lo quede alguno si le sirve. Por favor, no le tengáis odio a nadie del pueblo; no quiero que por mi culpa estéis siempre peleados con los vecinos, que eso no arregla nada.

Se me acaba el tiempo y el guardia me está mirando. No llores mucho por mí, piensa que ya estoy descansando de todo este miedo. Te quiero un montón, a ti, a papá y a mis hermanos.

Un beso muy fuerte de vuestra hija pequeña.

BLOG 6

 Querida madre,

Si estas líneas llegan a tus manos, significa que ya no estaré. Me han condenado esta mañana, a las siete en punto, bajo un cielo que ni siquiera se dignó a llover. No hubo juicio de verdad, solo voces que gritaban mi nombre como si fuera un insulto. Me acusaron de cosas que no hice y de otras que sí, pero que hice por creer que había un mundo mejor. Ahora sé que la verdad es lo primero que muere en la guerra. No llores por mí, madre. Llora por los que se quedan, por los que tendrán que cargar con el silencio de los que callamos para siempre. Llora por mi hermana, que se quedará sin hermano mayor; por padre, que fingirá que no le duele porque así le enseñaron los hombres de su tiempo. Diles que no me arrepiento de haber elegido un bando, sino de que los bandos existieran. He pensado mucho en ti estos días. En cómo me peinabas con los dedos cuando era pequeño, en el olor a pan recién hecho que salía de la cocina, en la forma en que rezabas bajito cuando creías que nadie te oía. Esas cosas pequeñas son las que me han sostenido hasta el final. No las grandes ideas, no las banderas. Solo tú. Si algún día pasa por casa un hombre con los ojos cansados y te pregunta por mí, dile que morí pensando en el sabor de tu caldo de gallina y en la risa de los niños que jugaban en la plaza. Dile que no tuve miedo al último momento, porque el miedo se acaba cuando ya no queda nada que perder. Perdóname por no haberte abrazado más veces, por haber discutido por tonterías, por haberme ido sin despedirme como merecías. Perdóname también por dejar que esta guerra nos robe lo poco que teníamos. Madre, vive. Vive por los dos. Cuida el huerto, canta las canciones que me cantabas, y cuando veas salir el sol, piensa que una parte de mí está en esa luz que calienta la tierra. No me busques en los cementerios ni en las fosas. Búscame en los sitios donde fuimos felices. Te quiero más de lo que las palabras saben decir. Hasta siempre, Tu hijo.

carta

Ama, para cuando te llegue esta carta ya estaré muerto.

Me gustaría decirte que muero satisfecho, que muero con la certeza de estarme sacrificando por un bien mayor, que si pudiese volver atrás en el tiempo no cambiaría nada.

Pero no te quiero mentir. No estoy seguro de por qué estoy dejando mi vida en el campo de batalla. Sé que estamos con la república porque el vecino José es republicano, sé que vine a luchar para defender a mi familia, para que aita no se tenga que esconder en el monte. Sin embargo, ahora he dejado de creer que matando a los del otro bando conseguiré que tú, aita y mis hermanas viváis mejor. 

No solo porque creo que ya hemos sido vencidos por Franco, sino porque me he dado cuenta de que este país no se convertirá en un buen lugar para vivir tras esta guerra.

Los ganadores siempre iban a ser los más violentos, los más despiadados, a los que menos les importase acabar con cientos de miles de vidas por poder, gente que no debería estar al mando.

Lo que más me duele es dejarte sola a lidiar con los próximos años, que se que serán de los más duros de vuestras vidas. Se fuerte por mi, cuida mucho de todas mis hermanas. Puede que aita vaya a la cárcel, sobretodo con ese cura que nos la tiene jurada y que no dudará en delatarle. Apóyate en Águeda, que aunque solo tiene 14 años ya es muy madura para su edad. 

Dile a toda la familia cuanto les quiero. No dejes que cuando me recuerden sea con tristeza, que el último mes de mi vida no sea el que me defina. 

Tu hijo que os quiere muchísimo.

Ama, para cuando te llegue esta carta, ya estaré muerto

 Kaixo Amatxu:

No sé escribir estas cosas bien, ya lo sabes, pero tenía que dejarte algo dicho. Cuando leas esto ya no estaré. Imagíname hablándote despacio, como cuando llegaba reventado y me sentaba a tu lado sin abrir la boca, solo respirando.

No hemos ganado, eso está claro. Pero tampoco creo que nos hayamos equivocado por intentarlo. Me jode pensar que ahora van a decir de todo, que nos van a poner nombres feos, pero tú me conoces. Sabes por qué me quedé hasta el final. No fue por odio, ama. Fue por no irme con la cabeza gacha.

Si algún día pasas por el parque de siempre, o por el bar de la esquina, o por el portal donde me esperabas con la luz del descansillo encendida… no te quedes solo con este final. Acuérdate también de cuando era uno más del montón, de cuando llegaba hecho mierda y me reñías por la ropa, de cuando creíamos de verdad que las cosas podían cambiar. Con eso ya me vale.

Sé que vienen tiempos duros. No te fíes de cualquiera, pero tampoco te encierres del todo. Hay que seguir viviendo aunque pese como una losa. Yo ya no voy a poder echarte una mano y eso es lo que más me quema por dentro.

Gracias por criarme como me criaste. Si he llegado decente hasta aquí, es por ti. Ojalá hubiera podido decírtelo mirándote a los ojos una última vez, pero me tengo que conformar con que lo leas y lo sepas.

Tu hijo,

Ander.

Carta

Hola ama,

Si te llega esta carta, ya estaré muerto. No quiero que estas palabras te traigan más lágrimas de las que sé que ya has derramado, sino que te sirvan de consuelo cuando el silencio se haga grande en casa.

Me han comunicado que al alba todo habrá terminado. Te escribo sentado en el suelo, con la luz de una vela que se apaga, pero con el pensamiento puesto en ti, en el olor a pan de nuestra cocina y en las tardes de verano en la puerta de la calle.

Quiero pedirte un favor: no guardes odio. El odio es una carga demasiado pesada para un corazón tan bueno como el tuyo. Muero con la conciencia tranquila, sabiendo que no hice mal a nadie y que solo soñé con un mundo un poco más justo. Si alguien te pregunta por mí, diles que fui un hombre honrado.

Cuida de mi hermano. Dile que estudie, que trabaje y que viva por mí todo lo que a mí no me dejaron vivir. Que no olvide mi nombre, pero que no lo lleve con tristeza.

Ama, me vienen a buscar. Siento el frío de la mañana, pero el calor de tu recuerdo me abriga. No llores al pensar en mi cuerpo, piensa que ahora soy parte del aire de nuestro pueblo, de la tierra que tanto trabajamos y de la libertad que siempre buscamos.

Te quiero más que a mi propia vida. Hasta siempre, ama.

Tu hijo.

Carta

Ama,

cuando te llegue esta carta, ya estaré muerto. Me han dicho que escriba deprisa y con letra clara. No quiero que estas líneas sean solo de tristeza, aunque me cuesta evitarla.

No llores por mí. Piensa que he vivido conforme a mis ideas y con dignidad. Me voy con la conciencia tranquila, aunque con el corazón encogido por dejarte sola. Me duele más eso que la muerte misma.

Recuerdo la casa, el olor del pan tostado por la mañana. Ojalá hubiera podido darte una vida mejor y devolverte todo lo que hiciste por mí. Perdóname si alguna vez fui duro o desagradecido. Aquí, cuando uno está a punto de morir, entiende por fin lo que de verdad importa.

No guardes rencor. Sé que es difícil, pero el odio solo alarga el sufrimiento. Esta guerra nos ha roto a todos, incluso a quienes creen haber ganado. Cuida de los míos, si puedes, y diles que los quise hasta el final.

Yo me voy tranquilo pensando que, mientras tú me recuerdes, no estaré del todo muerto.

Tu hijo.

carta

 Madre, te escribo esta carta con papel prestado de una de mis compañeras y con un boli que intercambié hace dos días por mi ración de desayuno. Cuando estés leyendo esto ya estaré muerta. Los malditos fascistas me habrán fusilado. No sufras por mi, muero con la consciencia tranquila de que lo estoy haciendo por defender todo lo que mi padre y tú me habéis enseñado.


No quiero que te hundas después de esto, recuerda todo lo que he sido y siéntete orgullosa de la hija que tienes, porque yo no puedo estar más agradecida de la madre que he tenido. 

Dile a mi padre que cuente mi historia de la misma forma que me ha contado él a mi todas esas miles batallas. Que la cuente con orgullo, y que la recuerde con amor en lugar de  con tristeza. Apoyaros entre vosotros, como siempre habéis hecho.


Dile a mis hermanos que haber aprendido de ellos cada día ha sido una de las mejores cosas que me han pasado. A Garazi que la he admirado siempre y a Imanol que aunque no siempre se lo demuestre, que le quiero. 


Ya lo saben, pero recuérdale también a mis amigas que han sido las responsables de los mejores momentos de mi vida.  Que me han inspirado y animado a ser quien realmente soy. Diles que cada noche miro a las estrellas,  y por un momento,  es como si estuviera al lado de ellas hablando de nuestros sueños y miedos en aquellas noches de primavera.


Por último madre, antes de despedirme para siempre, como última voluntad quiero que en mi memoria, os juntéis todos aquellos que alguna vez he querido. Quiero que juntos, mientras me recordáis, subáis a un monte. Uno de la costa. Cuando estéis ahí, entre el verde y el azul, os quedéis en silencio escuchando el sonido de las olas. Ahí me tendréis a mi. 


Te quiere, 

tu hija pequeña.

carta

Hola amatxu,

Si recibes esta carta es porque ya no estoy. Me da pena escribirlo pero quiero que lo sepas desde la primera línea para que no te engañe. Que nadie te lo suelte, que nadie te lo diga  con mala leche.

Quiero darte las gracias por todo. No sólo por haberme traído al mundo, por haberme cuidado cuando era una niña, por enseñarme a trabajar y no a bajar la cabeza. Todo lo que he sido te lo debo a ti. Si una vez hice algo bien fue porque yo te vi hacerlo antes.

No llores por mí más de las cuentas. Lo sé, es fácil decirlo y difícil hacerlo, pero no quiero que pienses en mí con dolor. He tenido miedo, no voy a mentirte, pero también he pensado mucho en ti y eso me ha dado calma. Me voy pensando que tuve una buena madre y eso es más de lo que muchos dicen que tienen.

Que te perdones por las preocupaciones que te di, las noches en vela y las veces que no te hice caso. Ahora entiendo cosas que antes no entendia. 

Cuídate mucho. Come y descansa, y apoyate en quien te quiera bien. No te quedes sola. Hábla de mí si lo necesitas, y si no, quédate callada, como tú sabes callarte. Yo estaré en tus recuerdos, en la casa, en las cosas pequeñas.

Gracias ama, por todo lo que me diste, y por quererme siempre, incluso cuando no era fácil quererme.

Tu hija, 

Naia

Carta

Querida madre,

Si te llega esta carta, ya estaré muerto.
La escribo con la calma que no pensé que tendría nunca. Fuera aún es de noche y en el pasillo se oyen pasos que van y vienen, como si el mundo siguiera girando con normalidad. Yo, en cambio, siento que todo se ha detenido.

No quiero que esta despedida te llene de odio. Bastante ha habido ya en estos años. Quiero que, cuando pienses en mí, recuerdes al hijo que corría por casa, el que te ayudaba a hacer la cena y al que rompía cosas de casa jugando con el balón. No pienses en este lugar en el que estoy ni en los hombres que vendrán al amanecer.

No me arrepiento de haber sido quien fui. He cometido errores, como todos, pero siempre traté de ser buena persona. Si alguna vez te hice sufrir, perdóname. Lo último que deseo es que cargues con más penas de las que la vida ya te ha dado.

Cuida de mis hermanos. Diles que no guarden rencor, que estudien, que trabajen y que vivan en paz cuando todo esto termine, porque algún día esta locura pasará.

Ojalá pudiera abrazarte una vez más y deciros a ti y a toda la familia lo que os quiero. Como no puedo hacerlo, te lo dejo escrito para que nadie pueda borrarlo nunca: gracias por la vida que me diste tanto tu como toda la familia.

Con cariño,

tu hijo mayor que nunca te ha olvidado,

Declaraciones de famosos

Sinceramente, creo que es un tema complicado porque ambas partes tienen mucha razón. Por un lado, me parece genial que los famosos den su op...