domingo, 30 de noviembre de 2025

Ideología política

 Si me viera en esa situación tan sumamente incómoda e impotente al mismo tiempo sé que tardaría un minuto en reaccionar. Primero necesitaría asimilar el hecho de que alguien haya verbalizado un ataque violento hacia mi ideología y segundo, entender que ese comentario no es más que la punta de un iceberg, uno que sin duda, es mucho más oscuro, profundo y tenebroso de lo que yo creía.

Esta historia acabaría, desde luego zanjando este tema yendo directamente al grano. Corregir, no tanto al adolescente que repite como loro lo que escucha en su entorno, sino a mi amigo que inconscientemente ha creado un ser que piensa con las manos y no con el sentido común y el tacto de un ser humano. Por supuesto que puedes pensar completamente distinto a mí, pero eso no te da derecho a faltar el respeto o atacar las ideas que tu no compartes. Así que, o bien la historia acaba de la mejor forma posible con un sincero “lo siento” y un punto de vista renovado después de una discusión; o de la peor, en la cual me replanteo hasta que punto me favorece el hecho de tener un amigo con una ideología moral distinta, que no política.

La reflexión a la que he llegado es que la diversidad ideológica es algo que puede llegar a nutrirnos y enriquecernos un montón como personas y siento que mucha gente teme a cualquier tipo de relación con alguien con una gran dispariedad en la forma de pensar. Y pienso que este “temor” viene muchas veces por la confusión entre ideología moral y política, y es normal, porque muchas veces se diferencian por una fina, casi invisible línea. Claro está, que cada uno decide con quien se relaciona o deja de hacerlo, y todas las decisiones están bien; siempre y cuando no irrumpan la convivencia ni falten el respeto de nadie.

Ideología Política

 Lo que yo haría sería intentar hacer ver al hijo de mi amigo que esas cosas no se dicen. Pensarías que con 17 años ya sabría mantenerse esas opiniones tan extremistas para sí mismo, pero si su padre no le ha educado bien y le deja hacer ese tipo de comentarios, pues claro que se le van a escapar. También hablaría en privado con el padre para decirle que debería hablar con su hijo para que aprenda a controlarse.


Y esto no lo digo solo porque sean comentarios que vayan en contra de mi ideología política y estén hechos por el hijo de otra persona; si hubiera sido mi hijo el que hubiera hecho un comentario así en contra de la ideología de mi amigo y su hijo, le hubiera dicho inmediatamente que no hiciera ese tipo de comentarios, que por mucho que no estés de acuerdo con las ideas o con la forma de gobernar del presidente, no hace falta desearle la muerte. Para que se diera cuenta de la que acaba de decir, le preguntaría ¿si dijeran eso sobre el líder del partido al que tú apoyas, no te parecería tan gracioso, verdad? 


En mi opinión, este vídeo demuestra lo difícil que es que dos personas de ideologías políticas completamente opuestas sean amigos/as, porque no es que estén en desacuerdo en algo trivial, como por ejemplo cuál es el mejor sabor de helado, están en desacuerdo en la forma en la que la sociedad debería funcionar, los derechos de cada persona, etc. No digo que no sea posible que exista esta amistad, y todavía menos que haya que faltar el respeto a las personas que opinen diferente que tú, pero al fin y al cabo la política es algo que está presente en todo momento en nuestra vida; es casi imposible que el tema no salga de vez en cuando, y cuando salga el tema, puede acabar muy mal. 

Ideología Política

Mi amigo y yo siempre hemos tenido ideas políticas muy contrarias: él, progresista, y yo, conservador. Aún así, esto no ha supuesto nunca ningún problema para nosotros. Pero el otro día en una cena pasó algo que me dejó absolutamente descolocado. Su hijo de 17 años, soltó un comentario muy fuera de tono hacia el presidente del gobierno. Dijo: “al hijo de puta del presidente del gobierno habría que meterle dos tiros”. Su padre, o sea, mi amigo, lejos de pararle los pies y corregirle por ese comentario, le rio la gracia.

Ante esa situación yo no me pude quedar callado. Con mucho respeto me dirigí a mi amigo y le dije a ver si no pensaba que ese comentario estaba absolutamente fuera de lugar. Aunque tengamos ideas políticas contrarias, tenemos algo muy claro en común: que rechazamos la violencia en cualquiera de sus formas y reír un comentario así (aunque seguramente el chaval no lo pensaba tal cual) era una forma de apoyarlo.

Ahí empezamos una discusión sobre si en una democracia todo se puede decir y todas las ideas son respetables. Y yo claramente defendí que no. Después de un rato debatiendo, mi amigo me acabó dando la razón: no todas las ideas son respetables y, sobre todo, hay que tener mucho cuidado con las ideas que manifiestan los adolescentes, porque muchas veces dicen cosas fuertes aunque no las piensen para sentirse el centro de atención. Así que un debate sobre un tema politico derivó en un debate sobre la educación de los adolescentes, donde claramente los dos estamos de acuerdo en todo.

Ideología política

 Si estuviera en la casa de mi amigo y su hijo hiciera ese comentario sobre el presidente de un partido al cual yo apoyo, lo más probable es que intente mantener la calma. Sé que al escuchar cosas cómo estás es difícil no responder con enojo, pero tengo que tener en cuenta que no es bueno mostrar agresividad, especialmente en una cena como esa, ya que podría ser una situación bastante incómoda para mí. Lo más sorprendente quizás no sea el comentario del hijo de mi amigo, sino como mi amigo pudo permitir que su hijo se expresara así. 

Se que cada quien tiene derecho a tener sus propias opiniones, pero es desconcertante ver como un amigo no le enseña a su hijo a opinar de una manera más adecuada. No quiero juzgar a nadie, pero a la vez, pienso que si el hijo dijo ese comentario, no habrá sido la primera vez, y es probable que su padre esté de acuerdo con él. No me refiero tanto a la política, sino a la forma de actuar. Incluso si el comentario hubiera sido en contra de un partido del cuál yo también me opongo, no me parecería correcto decirlo de una forma cómo esa. Y si, cada quien puede odiar lo que quiere, pero eso no significa que haya que ser escandaloso la hora de expresarse. 

La verdad me preocupa el amigo, porque sé que tarde o temprano él y su familia será menos tolerante. Lo que yo haría sería intentar llevar el tema con tranquilidad y no oponerme directamente. Y tal vez dentro de un tiempo me aleje, no porque en esa familia sigan a ese partido cómo tal, sino porque veo que mi amigo ya no parece esforzarse en mantener valores, y a mí no me gusta el conflicto en una amistad. Es difícil separarse de amigos de hace mucho tiempo, pero es mejor evitar ambientes problemáticos antes de que estos se hagan difíciles de manejar.

Ideología política

Hace unos días me reuní con unos amigos para cenar. Nos reunimos ambas familias, para charlar y pasar un rato agradable. Pese a que la familia de mi amigo y la mía perteneciéramos a partidos distintos, él conservador y yo progresista, siempre predominó el respeto en nuestra relación y la política nunca fue un tema tabú pese a no compartir las mismas ideas.

A mitad de la cena aquel tema salió inesperadamente a la luz, y me dí cuenta de que aquella familia se había vuelto muy extremista, ya que el hijo de este amigo mío soltó un comentario muy brusco y sin filtros: "Al hijo de puta del presidente del gobierno habría que meterle dos tiros". Ante aquel comentario todos quedamos impactados, aunque su padre, sorprendentemente reaccionó de manera despreocupada, sin dar demasiada importancia al comentario de su hijo adolescente. Él parecía compartir la opinión de su hijo, y por esa razón no dió pie a defender aquella opinión, ya que aquella familia sabía perfectamente que nosotros tenemos una manera de pensar completamente distinta.

Sin embargo, no pude contenerme ante ese comentario, porque aunque respete la forma de pensar de otras personas que no tengan mi misma ideología, no las falto al respeto, y el hecho de hacer ese comentario con esa doble intención hacia nuestra familia y hacia el presidente del gobierno no fue, sin duda, la forma más apropiada. A lo que respondí: "sabemos que tanto tú como tus padres tenéis esa ideología tan conservadora, pero eso no significa que desees la muerte de alguien. Hay que aprender a respetar diferentes formas de pensar, y sobre todo a separar la violencia de la política. Es una falta de respeto, sobre todo sabiendo que nuestra familia apoya por completo al presidente, hacer ese comentario, y aunque a veces puedas dejarte llevar por lo que piensas, debes tener filtro y respetar, como lo hemos hecho tu padre y yo durante estos años, la forma de pensar de ambos bandos. Espero que esto no cambie, porque es una base fundamental para mantener una amistad".

Tras aquella contestación, mi amigo y su hijo comprendieron que habían traspasado ciertos límites, pero curiosamente no se convirtió en una situación demasiado incómoda ya que parecieron comprenderme y darse cuenta de lo sucedido. Segundos más tarde todos nos enfocamos en una buena noticia que retransmitieron en la televisión, por lo que cambiamos rápidamente de tema y seguimos con la cena de forma "políticamente correcta".


Ideología política

 La situación planteada en este vídeo es bastante compleja. Primero porque hablar de política en una cena en la que están tus amigos y sus hijos, con los que no compartes ideología, es una muy mala decisión. Y más teniendo en cuenta como está el ambiente político español últimamente, ya que la sociedad española está cada vez más polarizada y cuesta ver ideologías de centro. Esta polarización lleva a la gente a radicalizarse, dando lugar a comentarios desafortunados como el nombrado en el vídeo. 


Sinceramente no tengo claro lo que haría ante esa situación, soy una persona bastante impulsiva que a veces no controla sus comentarios y se deja llevar por la situación del momento. Pero si algo tengo claro es como me gustaría hacerlo. Creo que lo correcto sería dejar un comentario que sutilmente dejase clara mi postura, sin dar más juego. Es decir, sin argumentos, un comentario que sirva para cesar la conversación. Algo como “Hombre eso tampoco”, para después cambiar el tema y no volver a tocarlo en toda la noche. 


Quiero aclarar, que mi respuesta sería así por el contexto de la situación. Si llego a estar en una cena con solo mis amigos y alguien suelta un comentario así, le corregiría o intentaría hacerle ver la gravedad de su comentario, debatiéndoselo con argumentos. Pero, lo que no considero, es que tenga que ser yo la que corrija al hijo de mi amigo, ya que eso generaría un gran problema que podría tener un trágico desenlace, el fin de la amistad. No obstante, eso no quiere decir que en otro momento, tranquilamente, trataría de hablar con mi amigo, para hacerle ver que esa no es la educación que debe dar a su hijo. Ya que decir comentarios de ese tipo le puede traer varios problemas.


Otro tema que indirectamente también se presenta en el vídeo es, si es posible tener amigos con distinta ideología política a la nuestra, yo siempre he considerado que sí. No obstante, una cosa es tener una ideología distinta y otra tener un pensamiento muy radical y apoyar a causas que atentan directamente contra los derechos humanos. Tras ese paréntesis, me gustaría explicar el porqué, si creo en la existencia de este tipo de amistades. Un amigo es, el que te apoya, te hace reír, te ayuda y te da tiempo de calidad. Y esas cualidades te las pueden ofrecer, tanto gente de izquierdas como de derechas. Además, se puede discutir de política sin ningún problema, si las dos personas saben hacerlo. Con cómo saber hacerlo me refiero a la capacidad de poder discrepar en el debate sin llevarlo a la vida personal, es decir, que la discusión no afecte a la amistad. 

Ideología política

 Ante un comentario así, lo primero que intentaría sería bajar la tensión y no confrontar en el momento. No creo que una discusión acalorada delante de más gente, y menos de mis hijos, fuera positiva. Aun así, después hablaría con ellos, porque no me gustaría que normalizasen ese tipo de mensajes.


Esta situación me hace pensar en si es posible mantener amistades con ideologías muy distintas. En general, creo que sí. De hecho, rodearse solo de personas que piensan igual suele llevar a posturas cada vez más radicales. Tener amigos que cuestionen tus ideas y te ayuden a ver otros puntos de vista puede ser muy enriquecedor, siempre que exista respeto.


El problema aparece cuando las diferencias dejan de ser políticas y pasan a ser una cuestión de principios. No es lo mismo discrepar sobre presupuestos o modelos de gestión que bromear con la violencia o desear la muerte de alguien. Comentarios así no deberían tomarse a la ligera, aunque se digan en tono de broma.


Lo que más me desconcertó en aquella situación no fue tanto el comentario del hijo de mi amigo, alguien joven que aún está formando su criterio, sino la reacción de su padre. Ver a una persona sensata reírle la gracia me produjo decepción y preocupación. En ese momento entendí que el problema no era la política, sino la normalización de un discurso dañino y la falta de límites.


Aunque me costaría contenerme, intentaría responder con calma y firmeza. Marcaría claramente que desear la muerte a alguien no es un chiste y que ese tipo de mensajes tienen consecuencias. Al final, no se trata de ideologías, sino de valores básicos y de la responsabilidad de mantener un clima de respeto si queremos conservar una amistad.


Ideología política

La reunión transcurría con la naturalidad de siempre: anécdotas, recuerdos y buena comida. Entre platos y conversaciones, la política, inevitablemente apareció, como tantas otras veces entre viejos amigos. Las discrepancias ideológicas nunca habían sido un problema serio, aunque en los últimos años el tono de mi amigo se había vuelto más radicalizado. El ambiente seguía relajado hasta que su hijo, un chaval de 17 años, interrumpió la conversación con una frase que cayó como un golpe seco:

“Al hijo de puta del presidente del gobierno habría que meterle dos tiros.” La mesa quedó en silencio durante un instante y yo me quedé inmóvil, más por incredulidad que por enfado. Sabía que no le caía bien el presidente, sabía que su padre tampoco lo respetaba, pero escuchar aquello, con tanta naturalidad y violencia, me impactó. Lo peor vino después. Su padre, mi amigo de tantos años, sonrió y respondió en tono de broma:
“Venga, que con uno basta.”. Y ahí supe que tenía que intervenir. Respiré hondo y hablé con calma, mirando primero al chico:
“Sé que puedes no estar de acuerdo, igual que todos, pero desear la muerte de alguien no es libertad de expresión; es cruzar un límite que nunca deberíamos traspasar. La democracia se defiende con argumentos, no con muertes, y mucho menos desde la mesa de una familia.” Luego miré a mi amigo:
“Siempre he respetado que pensemos distinto, todos aquí lo saben. Pero normalizar la violencia, y más delante de nuestros hijos, no es política: es un error grave. Hoy sí se ha cruzado una línea.”

El silencio volvió, tenso pero necesario. Los adolescentes miraban a ambos lados, midiendo las reacciones de los adultos, intentando entender qué se hacía en una situación así. No quería dejar la escena en un choque brusco que solo generara más incomodidad o miedo; quería convertirlo en una lección.Respiré despacio y añadí con un tono más suave pero firme:
“Mirad, chicos. Discutir, enfadarse con la política o con los políticos, es normal. A veces todos decimos barbaridades cuando algo nos molesta. Pero cuando hablamos de personas, hasta de quienes no nos gustan nada, tenemos que saber dónde está el límite. Las palabras importan.” Me giré otra vez hacia el hijo de mi amigo, de manera relajada: “Y te lo digo sin regañarte: tú eres joven, tienes criterio y energía, y eso es fantástico. Pero justo por eso te conviene aprender desde ya que la fuerza de tus ideas no necesita violencia. Lo que digas hoy os marca a todos los que estáis creciendo en esta mesa.” Noté que los chavales bajaban un poco la guardia, atentos, sin sentirse atacados:
“Al final, lo más importante es que sepamos convivir pensando distinto y respetando a cualquiera, guste o no guste. Porque eso, es lo que creauna sociedad sana y también una familia y una amistad.” La tensión se aflojó. Alguien sirvió agua, otro hizo un comentario neutral para cambiar de tema y poco a poco la conversación volvió al terreno seguro. Pero había quedado claro, sin gritos ni humillaciones, dónde estaba el límite.


Ideología política

 Pues seguramente la historia acabaría sin drama, pero con un pequeño silencio incómodo primero. Yo me quedaría un segundo pensando y luego intentaría reconducir la conversación con calma, sin ir a degüello. No le soltaría un discurso político, pero sí le preguntaría por qué piensa eso, de dónde le viene, si lo ha reflexionado o lo ha oído por ahí. Más que discutir, me interesaría entender.

La reflexión que me deja una situación así es que la política está cada vez más presente en todas partes, por ejemplo en deportes, que tampoco creo que esté mal, ya que creo hay que darle importancia siempre. Pero en muchas otras ocasiones, no se habla desde el pensamiento crítico, sino desde frases hechas, titulares o lo que se oye en casa, en redes o en ciertos medios. La verdad creo que esta bien tener una opinión, creo que es sano poder intercambiar pensamientos. Lo que me preocupa es cuando la crítica no tiene argumentos y se convierte en rechazo automático o en desinformación.

Yo reaccionaría con tranquilidad, sin levantar la voz ni tomarlo como algo personal. Tampoco me pronunciaría respecto al tema, pero creo que es clave defender el diálogo, la educación y la empatía. Intentaría aportar contexto, recordar que no todo lo bueno es tan bueno y que ni todo lo malo es tan malo. Y si la conversación se calienta, también sabría parar. Al final es una cena entre amigos, y a veces escuchar y generar una duda vale más que ganar una discusión.


Ideología política

Cuando escuché al hijo de mi amigo decir que “lo que habría que hacer es meterle dos tiros al hijo de puta del presidente del gobierno lo antes posible” se me heló el cuerpo por la naturalidad con la que soltó una frase tan cargada de violencia. Miré a su padre, mi amigo de tantos años, esperando que le dijera algo, pero lo único que encontré fue un solo gesto. No dijo nada, pero su gesto dejaba claro que lo apoyaba.

Intenté mantener la calma. No estaba de acuerdo con lo que había dicho el chico ni con la actitud de su padre, así que traté de cambiar el tema para que la situación no siguiera escalando. La conversación pasó a algo más neutro, pero la incomodidad ya estaba instalada en la mesa.

Cuando la cena terminó, me despedí con educación y me fui de esa casa. Fue recién en el camino, al procesar lo que había pasado, que entendí lo que realmente me había molestado a pesar de varios años de amistad. Una cosa son las ideas políticas, que pueden ser diferentes sin problema, y otra muy distinta es permitir que un joven lance un comentario violento e irrespetuoso hacia otra persona, y además normalizarlo con una mirada.

Y ahí me di cuenta de que este tipo de comentario no está bien, ni como broma ni como supuesto desahogo político, y mucho menos cuando los adultos presentes lo dejan pasar sin corregirlo. Porque una cosa es tener ideales distintos, y otra es incitar a la violencia y disfrazarlo de opinión. Desde esa noche no volví a hablar con él. No por pensar diferente, sino porque cruzó un límite que para mí siempre ha sido claro.

 Ideologia politica



Hace poco organicé una comida con unos amigos y sus familias para pasar un rato juntos como lo solíamos hacer. Aunque no coincidimos en política, siempre habíamos conseguido hablar sobre el tema con tranquilidad y respeto mutuo, sin que se calentaran los ánimos. 

Pero esa noche pasó algo que me dejó flipando: el hijo de mi amigo soltó un comentario muy fuerte, algo parecido a “Al presidente le deberían pegar dos tiros lo antes posible”. Nos quedamos todos mirandole sin saber ni que decir, y lo que más me chocó fue que el padre no abrió la boca ni le dijo nada al chaval, como si aquello no tuviera importancia, como si fuese normal lo que acababa de decir.


Me sentí superincómoda, porque aunque cada uno pueda tener sus ideas, desearle mal a alguien por pensar distinto me parece cruzar una línea roja. No quise montar un numerito ni nada por el estilo, pero tampoco podía quedarme callada. Así que les dije con calma que entendía que tuviéramos opiniones diferentes, pero que hablar de violencia o de hacerle daño a una persona no estaba bien, y que la política no es excusa para faltar al respeto. Les expliqué que para seguir siendo amigos y convivir hay que saber escuchar, respetar al otro y medir las palabras.

Por suerte, después de eso tanto el chico como su padre parecieron pillarlo y se dieron cuenta de que se habían pasado tres pueblos. La cena continuó sin más dramas y todo quedó en una anécdota incómoda.


Esta situación me dejó pensando bastante. Me hizo pensar que la política no debería romper relaciones de amistad, porque lo que cuenta de verdad no son las ideas, sino cómo trata la gente a los demás y si sabe respetar. Si volviera a pasar algo parecido, intentaría mantener la cabeza fría y explicar por qué ese tipo de frases no son aceptables, pero también tengo claro que, si se repitiera una y otra vez, tendría que valorar si esa amistad vale la pena. Nadie está obligado a aguantar faltas de respeto continuas.


Ideología política

Tras escuchar este comentario lo más probable es que me quedase callada un momento, reflexionando si la barbaridad que acababa de escuchar era real. No por el hecho de que atacase la ideología con la que estoy de acuerdo, ya que en el caso de que hubiera hecho cualquier otro comentario en contra, simplemente me habría reído y le habría rebatido el argumento. En cambio, bajo mi punto de vista, este comentario va más allá se una ideología política. Es el reflejo de una educación con falta de valores y con falta de conciencia.

Yo puedo estar muy en desacuerdo con una persona o con las ideas que defiende, y por ello criticaré sus decisiones o cuestionaré sus actos. En cambio, lo que ha dicho el hijo de este amigo mío no es comparable con esto. Desearle la muerte a alguien va mucho más allá de pensar diferente. Es un comentario muy inconsistente, ignorante y sobre todo cruel. 

Nunca voy a defender la violencia en ninguna de sus formas, y mucho menos algo tan grave como acabar con la vida de una persona. Este comentario solo demuestra la poca capacidad de pensamiento crítico que tienen algunas personas. Aunque no sé ni porque me sorprendo, teniendo en cuenta que no apoyan ninguno de los derechos humanos básicos. 

Tras vivir esta experiencia probablemente me levantaría y me marcharía junto con mi familia lejos de esa terrible compañía. Me niego a mantener amistad con personas que además de ir en contra de todos mis ideales, no se inmutan al escuchar mensajes de odio como este.



Ideología política

Tengo un muy buen amigo llamado Lucas que prácticamente no recuerdo pasar ni un momento de mi vida sin haberle conocido. Nos conocimos en el colegio y desde ahí, nuestra amistad no ha cambiado. Hasta la comida que tuvimos la semana pasada en su casa. 

Lucas y yo cuando crecimos nos dimos cuenta de que no teníamos la misma ideología política: él es conservador y yo soy progresista, a pesar de esto, nunca hemos discutido por este tema ni mucho menos, de hecho cuando hablamos de política, cada uno da su punto de vista desde la educación y el respeto sin ningún tipo de problema. Cómo decía, hasta el otro día, que fue cuando me di cuenta de que Lucas se estaba convirtiendo en una persona completamente contraria a mi y peor, se estaba convirtiendo en una mala persona. Quedamos en hacer una comida con su familia y la mía, estaba siendo una velada divertida y entretenida hasta que empezamos a hablar, como no, de política. Estaba siendo una conversación civilizada pero el hijo de Lucas en un momento dijo: “lo que habría que hacer es meterle dos tiros al hijo de puta del presidente del gobierno lo antes posible”. Cuando escuché ese comentario me quede boquiabierta sin saber cómo reaccionar, al igual que yo, toda la mesa. Sin embargo, el silencio se rompió y la conversación siguió con toda normalidad. Pero yo no podía consentirlo y volví al tema: no me parece que haya que hablar así de una persona y menos deseándole la muerte. Todos se quedaron en silencio sin saber que responder pero Lucas si respondió: Es lo que pensamos, ya lo sabes. Y yo dije: Si, ya lo sé, pero lo que no sabía es que pudieseis llegar a soltar un comentario así, da igual que ideología les hayas enseñado a tus hijos, pero desearle la muerte a alguien, no considero que sea una buena educación. 

Entonces me levanté de la mesa y mi familia y yo nos fuimos de la casa sin decir ni una palabra más. Desde ese día, ha pasado una semana entera y no he vuelto a hablar con Lucas, me da pena pero lo que tengo claro es que si se ha convertido en esa clase de persona, no me gustaría seguir siendo su amiga.

ideología política

Ante un comentario como ese, probablemente intentaría bajar la tensión y cambiar de tema. No creo que confrontar en esta situación sería positivo. Aún así, después de marcharnos hablaría con mis hijos porque no me gustaría que normalizasen ese tipo de comentarios.

Sin embargo, lo que me parece más complicado de esta situación es qué hacer con mi amistad a largo plazo. De hecho, si se puede tener amigos con ideologías diferentes me parece un tema muy complejo.

De entrada, diría que sí. Creo que es casi imposible rodearse únicamente de personas con las mismas ideas, lo cual es muy positivo, ya que la gente que se acerca a ello acaba defendiendo posturas que a menudo son excesivamente radicales y que dejan de lado a gran parte de la población. Tener gente que le saque los fallos a tus ideas y que te ayude a ver las cosas desde perspectivas diferentes es extremadamente enriquecedor. 

Esto se cumple mientras las diferencias ideológicas se queden en si el gobierno está dedicando suficiente presupuesto a la educación o si ciertos servicios deberían pasar a ser controlados por empresas privadas en vez de por el estado. Por otro lado, cuando las diferencias pasan a ser una cuestión de principios, como apoyar el genocidio de Gaza o ser tibio con las crueldades del Holocausto, creo que la amistad empieza a ser inviable.

Incitar a la violencia contra un presidente se acerca al segundo tipo de diferencias. No creo que el hijo de mi amigo tenga planes de coger una pistola y dirigirse a la Moncloa, pero tampoco pienso que eso debería quitarle peso al comentario. Me da miedo que nos dejen de parecer graves frases como esta, por lo común que es escuchar “Gora ETA” en partidos del Athletic o “Arriba Franco” en redes sociales. 



sábado, 29 de noviembre de 2025

Ideología política

 Las diferencias políticas no deberían impedir una amistad. Mientras nadie viva la política de forma extrema, no tendría por qué haber problemas: simplemente se evita el tema y ya está. Aunque la política sea importante, no puede ocuparlo todo. La vida es mucho más que eso y, aunque la ideología influya, no define por completo a una persona. En todos los bandos hay gente buena y mala, así que nadie es mejor que otro solo por pensar distinto.


Si en el futuro el hijo de una amiga mía hiciera un comentario tan violento como el del vídeo y su madre no dijera nada, a mí me sentaría muy mal. No solo porque saben que yo pienso de forma contraria y ese comentario también podría ir dirigido hacia mí, sino porque no es aceptable desear daño o la muerte a nadie. Me parecería además muy hipócrita, ya que si la situación fuera al revés, seguramente ellos se habrían ofendido.


Yo no creo que reaccionara discutiendo en ese momento, pero sí estaría incómoda y me iría en cuanto pudiera. Más adelante, hablaría con mi amiga para pedir, al menos, respeto delante de mí. Si ese tipo de actitudes se repitieran, acabaría replanteándome la amistad, porque nadie debería faltar al respeto así, ni a un amigo ni a un desconocido.


Nadie tiene la verdad absoluta ni el derecho a imponer sus ideas a los demás. Vivimos en un país libre, así que lo lógico es respetar que cada uno defienda lo que cree, sin atacar ni menospreciar a los demás.


Ideología política

El otro día mi amigo Joseba nos invitó a cinco amigos y amigas de la adolescencia a una comida en su casa, con su familia y también nuestras parejas e hijos incluidos.  Tiene una casa preciosa y es muy buen anfitrión así que todos estábamos encantados de ir y cada uno llevamos nuestra mejor receta para poner en la mesa.

Estábamos disfrutando todos de los exquisitos platos y de una conversación amena cuando de repente alguien comenzó a hablar de un caso que unos días atrás todos los programas de televisión estaban comentando y que, como no, ponía sobre la mesa 2 opiniones políticas totalmente contrarias y que ponía en desacuerdo a nuestra sociedad y también a nuestros amigos de toda la vida.

De repente el hijo de 17 años de mi amigo Joseba dice textualmente “al hijo puta del presidente del gobierno lo que hay que hacer es meterle dos tiros lo antes posible”. Se hizo un silencio sepulcral que me hizo sentir fatal, era evidente que todos los presentes se sintieron igual que yo. Era increíble que un chaval le deseara la muerte a otra persona con una violencia tan extrema. Incluso fue peor que seguidamente su padre le riera la gracia y mostrara total acuerdo con él.  Creo que tendría que haberle dicho que ese comentario muy desafortunado, que quería pensar que realmente no pensaba eso y que por favor se fuera a su habitación. De esa manera todos hubiéramos pensado que al día siguiente hablaría tranquilamente con su hijo sobre cómo había llegado a pensar algo así, de donde venía esa influencia y como cambiarla.

En mi opinión la violencia nunca es el camino bajo ninguna ideología. Es muy triste que estemos viviendo este momento político que enfrenta y produce tanto odio entre las personas.

Ideología Política

 

A veces creo que damos demasiado poder a la política dentro de nuestras relaciones personales. En el día a día, uno puede convivir perfectamente con personas que piensan distinto sin que eso suponga un obstáculo. De hecho, tengo amistades de años cuya inclinación política desconozco por completo, y aun así nos entendemos porque hay valores que pesan más que cualquier debate público. Mientras haya respeto, empatía y un mínimo de consideración, las diferencias ideológicas no deberían interferir.

Por eso mismo, lo que viví aquel día me dejó tan descolocado. Escuchar al hijo de mi amigo lanzar un comentario cargado de rabia, deseando algo tan grave como la muerte de un dirigente político, me pareció totalmente desproporcionado. Pero lo que realmente me sorprendió no fue lo que dijo el chaval chaval, al final, es alguien joven que aún está formando criterio, sino la reacción de su padre. Ver a mi amigo, alguien a quien siempre he considerado sensato, reír la “ocurrencia” de su hijo como si no tuviera importancia, me provocó una mezcla de decepción y desconcierto.

En ese momento entendí que el problema no era la política. Lo preocupante era la ausencia de límites, la normalización de un discurso dañino y la falta de responsabilidad al educar. Bromear con la idea de causar daño a alguien no es algo que se pueda pasar por alto, y menos aún frente a un menor que toma nota de todo lo que validan los adultos.

Sé que me costaría controlar el impulso de contestar con dureza, porque escuchar algo así remueve. Pero también tengo claro que perder la calma solo empeoraría la situación y me pondría al mismo nivel de quien lanza un comentario tan desafortunado. Intentaría respirar, serenarme y entonces intervenir con firmeza, pero sin agresividad. Le diría al chico que desear la muerte a alguien nunca es un chiste y que la historia está llena de ejemplos en los que ese tipo de violencia solo ha traído sufrimiento. Y a mi amigo, le haría ver que dejar pasar ese tipo de comentarios no es una simple cuestión de opinión política, sino de principios básicos.

A veces me sorprende lo rápido que una conversación se puede torcer cuando falta educación emocional o capacidad para aceptar que otros piensan distinto. La política puede generar tensión, sí, pero es la intolerancia lo que realmente fractura relaciones. Ante episodios así, lo único que queda es marcar límites con claridad: dejar constancia de que ciertos comentarios no tienen cabida y que, si queremos cuidar la amistad, todos debemos asumir la responsabilidad de mantener un ambiente de respeto. Porque cuando se cruzan ciertos límites, ya no hablamos de izquierdas o derechas, sino de valores humanos.

ideología politica

Hace unos días cené con unos amigos, juntando nuestras familias para pasar un buen rato. Aunque tuviéramos ideas políticas diferentes, hasta ahora siempre habíamos podido hablar de política sin problemas y con respeto. Pero esa noche pasó algo que me incomodó mucho: el hijo adolescente de mi amigo hizo un comentario muy fuerte, diciendo algo así como “Al presidente habría que pegarle un tiro”. Todos nos quedamos en shock, y lo peor fue que su padre no dijo nada ni corrigió a su hijo, como si no fuera grave. Me sentí realmente incómoda, porque aunque cada persona tenga su manera de pensar, nadie tiene derecho a desearle daño a otra persona por sus ideas.

Decidí no reaccionar con enfado, pero tampoco podía dejarlo pasar. Les expliqué que entiendo que tengan opiniones diferentes, pero que desearle la muerte a alguien no está bien y que la política no justifica la falta de respeto. Les dije que todos podemos pensar distinto, pero que para convivir y mantener la amistad es necesario escuchar a los demás, respetarlos y controlar lo que decimos. Por suerte, después de mi comentario, tanto el hijo como el padre parecieron darse cuenta de que se habían pasado, y la cena siguió normalmente.

Esta experiencia me hizo pensar mucho. Me recordó que la política no debería romper amistades y que las ideas de cada persona no definen si son buenas o malas; lo importante es cómo se comportan y si respetan a los demás. Si volviera a pasar algo así, trataría de mantener la calma y explicar por qué ese tipo de comentarios no son aceptables, pero también tendría claro que si se repitiera, debería replantearme la relación, porque nadie debería soportar faltas de respeto constantes. Creo que aprender a dialogar y respetar opiniones diferentes es fundamental, y así es como yo intento actuar cuando surge un conflicto de este tipo


Meterle dos tiritos a Pedro Sanchez (no ser interpretado literalmente)

Meterle dos tiritos a Pedro Sánchez

Pues me parece lamentable, no el comentario del hijo del amigo, sino por la inmundicia de persona que se encuentra frente al micrófono. El alarmadito ofendidito es buen nombre para ponerle, voy a ir duro con el blog. Si tu amigo es del PP y tu PSOE, y tu te crees que el otro esta tomando posiciones extremistas, que no se puede hablar con respeto así, que opina cosas que nunca pensaste que pensaría y blablabla es que eres directamente imbécil. Siendo que ambos partidos representan la misma mierda.

Y vas y se alarma porque el hijo del amigo dice que Sánchez es un hijo de puta y habría que pegarle dos tiros, es evidente que al ofender a su jefecito este saca la carta del odio y va a la radio a contar la terrible experiencia. Porque así va la cosa, el defender a ese tirano es obligación para mononeuronales como el.

Pues me parece que ese hombre tendría que replantearse a que clase de cosas apoya, porque si se pone así porque alguien dice que Sánchez es un hijoputa, le daría un ataque cardiaco si viera lo que piensa la gente trabajadora, vamos, le explota el cerebro.

Dejando de lado el tema de ese, considero que esta historia merece como reflexión, que si tienes de amigo alguien que defiende a Sánchez y encima es ofendidito, no le des cuerda porque sino va a llorar a la radio, date cuenta que tu amigo defiende cosas muy raras y que sus conocimientos y opiniones políticas son bastante malas.

Y mi opinión al respecto, si es por mi, que le metan 5 tiros a Pedro Sánchez, es un tirano, un criminal y una inmundicia humana. Y a ese que habla que no le den micrófono para hablar de política nunca más.

(Esto lo escribo a posteriori, para el que crea que voy a ir a la Moncloa a ejecutar al presidente de gobierno, tranquilos que no lo voy a hacer. El texto es exagerando, de corte sensacionalista, exagerada y todos los adjetivos que deseen añadir. Cualquier expresión violenta y deshumanizante y no respetuosa, no sea interpretada literalmente. Simplemente es una muestra de frustración de un ciudadano más de este país. Reconozco que no es ni lo más correcto ni lo más adecuado. El texto no debe, por su propia naturaleza, ser usado como argumento sólido de debate.)

Ideología política

 Mi amigo Paco y yo siempre hemos tenido ideologías políticas diferentes, pero eso nunca ha afectado a nuestra amistad. Toda la vida, desde que empezamos a posicionarnos políticamente, hemos respetado las opiniones del otro, y hemos tratado de entendernos y tratarnos desde el respeto siempre. Sin embargo, desde hace un par de años más o menos, he notado que Paco es mucho más extremista, y algún comentario que ha dejado caer realmente me ha preocupado. Él antes no era tan de ultraderecha, aunque siempre haya sido conservador. 

Sin embargo, ahora sí que estoy muy preocupada. El otro día, cuando fui a comer con mis hijos a su casa, su hijo mayor, de unos 17 años, soltó literalmente este comentario: "Al hijo de puta del presidente del gobierno lo que había que hacerle es tirarle un par de tiros lo antes posible".  Acto seguido, todos los ahí presentes nos quedamos perplejos, y para mi sorpresa, mi amigo, en vez de pararle los pies y abroncar a su hijo, simplemente desvío el tema y le quitó importancia. Fue en ese mismo instante cuando me di cuenta de que Paco opinaba igual, que era él quien  había metido esas ideas en la cabeza de su hijo y permitía que hablara así de alguien.

La comida transcurrió con total normalidad. Yo, sin embargo, no podía parar de darle vueltas. Sabía que tenía que hablar con Paco, que no había sido normal ni el comentario de su hijo ni su actitud respecto a ello. Y por ello, después de la sobremesa, me acerqué a él y le pregunté sobre lo ocurrido. Me dijo literalmente: "Ah, sí, el comentario de mi hijo. Pues toda la razón tiene. Es un puto sinvergüenza, y muerto estaría mejor". 

Le dije que estaba muy equivocado, que puede que no le gustase el presidente, pero que no podía desearle la muerte, y mucho menos, permitir que sus hijos lo hiciesen. Que lo que estaba haciendo era fomentar el odio y que estaba educando a sus hijos a lo mismo. Acto seguido nos echó de su casa, a mis hijos, a mi marido y a mí. 

Ahora me pregunto dónde habrá quedado todo el respeto que nos habíamos tenido desde que éramos unos críos. Sinceramente no lo sé. Espero que Paco algún día se de cuenta de la mala persona en la que se está convirtiendo. Y no solo él, sus hijos también. Y espero también su perdón. No me gustaría nada perder a un amigo de toda la vida por la política, pero Paco tiene que rectificar. 

Ideología política

 Para muchos, cuando se habla de mantener una relación con alguien que piensa políticamente diferente a ti, lo ven como algo imposible. ¿Cómo vas a ser amigo de alguien que no ve lo mismo que tú?

Pues esto me parece un pensamiento bastante ignorante, que lo único que hace es que los pensamientos de ideologías extremistas se intensifiquen. Tener amigos que piensen de forma diferente puede hacerte ver las cosas de una forma más amplia. Pueden surgir debates sobre porque cada uno piensa de tal forma, y porque el otro no debería de tener esos pensamientos, siempre y cuando exista el respeto claro.

Además, ¿qué se debería de hacer sino? ¿Separar a los que son de derechas y a los que son de izquierdas, y que cada uno solo se relacione con los de sus mismos pensamientos? No me parece que tenga mucho sentido, por no hablar de todas las cosas que nos perderíamos de solo escuchar lo que queremos escuchar.

Sin embargo, hay que saber poner límites. Uno de los límites es cuando un amigo tuyo, transforma su forma de pensar con un discurso de odio. En el caso que se plantea en el video, en el cual, el hijo de mi amigo suelta esa barbaridad, y mi amigo le ríe la “gracia”, creo que lo primero que haría seis mantener la calma. Discutiéndolo en la cena, lo único que conseguiría seria generar un mal ambiente que es mejor evitar. Por otro lado, más tarde, hablaría seriamente con mi amigo. Si realmente es mi amigo, sé que podría mantener una conversación seria sobre lo ocurrido sin faltas de respeto. Me gustaría saber qué es lo que ha escuchado su hijo para pensar de esa forma, y también por qué le ríe las gracias sabiendo que lo que esta haciendo su hijo es fomentar el odio. No me gustaría que mi amigo entendiera que mi intención es enseñarle como educar a su hijo, pero sí decirle cuándo se equivoca, y en este caso, lo hace. 

Más tarde, al llegar a casa, hablaría con mis hijos seriamente. Explicarles que su ideología política mo tiene que depender ni de mi ni de nadie; únicamente de su pensamiento crítico. Pero lo que si es imprescindible que sepan es, que jamás puede derivarse a un discurso de odio; siempre va a tener que ser bajo el respeto.

Ideología política

Si la política no es el tema central en todas tus conversaciones con una amistad, en mi opinión debería ser bastante asequible conservar esa amistad, e incluso puede ser positivo escuchar de vez en cuando otro punto de vista. Los debates políticos tienen mucha importancia porque son una manera de garantizar la convivencia sin violencia.

Además, hay límites que no se pueden cruzar, y menos aún cuando se escucha a un menor decir ese tipo de cosas. Una cosa es que pueda tener sus razones y pensar lo que quiera, pero desear la muerte de una persona, y que su padre no le corrija e incluso llegue a reírle la gracia, me parece demasiado.

Lo que yo haría sería contestarle de manera tranquila, algo como: “A ver, yo creo que habrá mejores soluciones que matar”, de forma que no sea una respuesta agresiva pero que el hijo de mi amigo sepa que no estoy de acuerdo con lo que ha dicho. Y le daría ideas que puedan ser soluciones de verdad, como proponer reformas, participar en movimientos o partidos políticos, etc.

Ideología política

 La verdad es que el tema de la política me parece que es algo que en situaciones del día a día no debería afectar, es más seguramente existirán amistades en las que uno no conozca la ideología política del otro y sean completamente diferentes. En el caso de conocer la ideología política y sean diferentes, no me parece que pueda afectar en la amistad ya que lo importante siempre es el respeto y la lealtad.


Por esto mismo es por lo que mi amistad nunca se ha visto afectada, sin embargo cuando el hijo de mi amigo soltó ese comentario lleno de odio, agresividad y maldad no podía dejarlo pasar. El hecho de la ideología política ya pasó a un segundo plano ya que eso ya no se trataba de política, sino de un comentario totalmente fuera de lugar. En mi opinión lo peor no fue el comentario, ya que no deja de tratarse de un chaval que no tiene ni 18 años, lo que más me impactó fue que su padre, mi amigo desde hace años, no solo no le llamase la atención sino que le rió el comentario. Esto no solo me impactó, también me hizo reflexionar sobre la educación de mi amigo ya que reir un comentario de su propio hijo deseando la muerte de alguien me parece algo totalmente fuera de lugar. 


Ante esta situación la verdad es que sinceramente creo que mi lado más agresivo saldría, ya que bromear con matar a alguien es algo muy grave. Sin embargo tengo claro que haría lo posible por retener esa ira ya que si no lo hago estaría al mismo nivel de poca educación que ellos. Por eso mismo lo que haría sería tranquilizarme y tras eso con un tono de voz serio invitar al amigo de mi hijo a reflexionar sobre su comentario y a mi amigo a replantearse la educación inculcada a su hijo. Después de esto le haría ver al hijo que las veces que un presidente ha sido asesinado a lo largo de la historia nunca ha salido bien, con el objetivo de hacerle ver que matar a alguien nunca va a traer nada positivo.


ideología política

 Siempre he tenido buena relación con mi amigo a pesar de que políticamente no coincidimos en absolutamente nada. Nunca había supuesto un problema, así que en la cena que hicimos con nuestras familias tampoco esperaba nada raro. Todo iba normal hasta que salió el tema de la política de forma bastante casual.

Fue entonces cuando su hijo, que era adolescente, soltó un comentario bastante violento sobre el presidente, deseándole la muerte. Me sorprendí bastante, no solo por lo que dijo, sino porque lo dijo como si fuese algo normal. Miré a mi amigo esperando que le llamara la atención, pero no dijo nada. Como si fuera poco, también puso una cara de estar de acuerdo con lo que había dicho su hijo. Eso fue lo que realmente me molestó, no me lo esperaba de él.

En ese momento, mi reacción fue intervenir de forma tranquila, pero clara. Dije que ese tipo de comentarios no me parecían adecuados, especialmente delante de los hijos, y que una cosa es pensar diferente y otra muy distinta llegar a esos extremos. No lo dije para discutir, sino para marcar un límite mínimo.

Después de eso intenté suavizar el ambiente y cambiar de tema, pero me quedó claro que no todo vale, ni siquiera entre amigos de muchos años. Pensar distinto es fácil de llevar, pero dejar pasar ciertos comentarios, no tanto.


Ideología Política

Mi padre siempre dice que en la mesa no se habla ni de religión, ni de fútbol, ni de política. Y esta situación es lo que pasa cuando no se hace lo anterior. No voy a empezar a discutir la opinión que tengo yo sobre el presidente de gobierno, ni la que debería de tener el hijo de tu amigo. Ya que creo que cada uno es libre a su opinión. Ahora, me parece impermisible desearle la muerte a alguien y menos tener la decencia de decirlo en voz alta, delante de personas de las cuales no conoces la opinión política. Me parece una falta de respeto por parte de los dos, hacia las personas que están comiendo y hacia el presidente del gobierno. Tengo claro de que el chaval no va a ir con una pistola a ninguna parte, pero eso no le da la razón para ir “dando tiros” imaginarios a nadie, ni para ir llamándoles hijos de puta. 

Mi padre también dice que los hijos no salen así de casualidad. Otra afirmación que prueba ser verídica. Lo que dice el chaval se puede intentar pasar por alto diciendo que es un niño, que no conoce bien la realidad, o que está intentando llamar la atención. Yo tengo la edad del niño, y no diría que tengo una opinión política 100% desarrollada. Aún así, sé autorregularme y saber cuándo decir qué. Pero, ¿que vaya el padre y le ría la gracia? Me parece muy muy muy preocupante. ¿En qué nos vamos a convertir si la solución es dar tiros?


Este dilema me ha recordado al reciente fallecimiento del político estadounidense Charlie Kirk, matado por un defensor de la izquierda, que no estaba de acuerdo con su política ultraderechista. Yo tampoco estoy de acuerdo con lo que defendía Kirk, pero no creo que se le debería haber asesinado por su opinión, ya que, igual que el asesino, él tenía el derecho de tener sus ideas y compartirlas. Soy consciente de lo fácil que es escribir esto desde una perspectiva de tercera persona sentada en el sofa, pero que la realidad no es ni blanca ni negra. Pero yo creo que estar o no de acuerdo con lo que dice Charlie Kirk, Pedro Sanchez, o cualquier persona no te da derecho a acabar con su vida.


(Y si yo fuera tú, tendría una seria conversación con mi amigo, diciéndole que no se deje influenciar por las masas y que tenga cuidado con los valores que le inculca a su hijo.)


viernes, 28 de noviembre de 2025

Ideología política

 Ideología política 


A veces me quedo flipando con lo fácil que es que la política se cuele en todo: en una cena con amigos, en una charla tranquila o incluso en cómo educamos a los críos.

Que dos familias piensen diferente en política y sigan siendo amigas debería ser lo normal, ¿no? Pero me dejó helada oír al hijo de mi amiga soltar con toda tranquilidad que ojalá se muriera una persona política concreta. Lo dijo sin filtro, con un odio que se notaba de lejos. Y lo peor fue que mi amiga, la madre, no abrió la boca ni para corregirlo.

Para mí la política no debería ser el filtro que decide quién puede ser tu amigo o no. Hay cosas mucho más básicas: la lealtad, el saber convivir con quien no piensa igual, el respeto de verdad.

En esa comida me di cuenta de que el problema iba mucho más allá de si votan a uno u otro. Lo que me preocupa de verdad son esos comentarios que pasan de la crítica normal a la descalificación pura, las burlas crueles o el tono de agresividad constante. Si no puedes escuchar una opinión distinta sin que te salte todo por los aires, da igual lo convencido que estés: ahí falla algo gordo. Y no falla la ideología, falla el respeto.

Si me volviera a pasar algo parecido, intentaría poner las cosas claras con calma, sin montar un drama. Le diría algo tipo: “Mira, la política no tiene por qué joder nuestra amistad, pero comentarios de ese calibre sí que la ponen en peligro. Esto ya no es cuestión de derechas o izquierdas, es cuestión de educación y de valores. Si no eres capaz de parar un mensaje tan cargado de odio que sale de tu propio hijo, entonces el tema no es la política, es lo que estás transmitiendo tú”.

Ideología Política

Había dos amigos, Marcos y Javier, que se conocían desde hace muchos años. Siempre hacían planes juntos, se reían y compartían cosas de la vida. Un día empezaron a hablar de política y se dieron cuenta de que pensaban de manera muy diferente. Marcos defendí­a unas ideas y Javier otras, y al principio solo eran bromas, pero poco a poco la conversación se hizo más seria.


Un día discutieron por algo que dijo el hijo de Javier mientras estaban cenando, y Marcos se enfadó.Pensó que ya no podía confiar en Javier porque pensaba distinto y eso al final se iba a ver reflejado en algún momento. Durante unos días dejaron de hablarse y cada uno se sintió solo.


Después, Marcos decidió llamar a Javier. Le dijo que aunque no le hubiera gustado lo que dijo su hijo y no pensaran igual, la amistad era más importante que una discusión. Javier sonrió y aceptó. Empezaron a hablar, a escuchar al otro y a respetar sus opiniones. Aprendieron que no hace falta estar de acuerdo en todo para seguir siendo amigos y que la política nunca puede ser más importante que la amistad.


Lo que sacamos de esta historia es que las diferencias no tienen que separar a las personas y que es importante escuchar y respetar a los demás manteniendo la calma. Si yo estuviera en esa situación, trataría de hablar con mi amigo, entender lo que piensa y explicarle lo que yo pienso, pero siempre con respeto y amabilidad, porque los amigos son valiosos y merecen que los cuidemos.


jueves, 27 de noviembre de 2025

Ideología Política

A veces me sorprendo al ver la facilidad con la que la política se interpone a amistades, a una comida con amigos o incluso a la educación que damos a nuestros hijos.

Que dos familias tengan ideologías políticas distintas y mantengan una relación de amistad, no debería ser un problema. Sin embargo, me impactó mucho escuchar al hijo de mi amigo desear la muerte a una figura política. Fue una frase que le salió con total naturalidad, cargada de odio. Y lo que más me desconcertó fue ver como su padre, mi amigo, no hizo absolutamente nada al respecto.

Personalmente, creo que la política no debería condicionar una amistad ni monopolizar todo. Hay valores mucho más importantes como la lealtad y la capacidad para convivir con perspectivas diferentes.

En aquella comida entendí que la falta de límites y educación iba mucho más allá que la política. Me preocupan seriamente los comentarios que cruzan ciertos límites: descalificaciones, burlas y tonos agresivos. Si alguien es incapaz de aceptar una idea opuesta sin sentirse amenazado, por muy convencido que esté de lo que piensa, algo importante está fallando. En esos casos, el problema no es la ideología, sino la carencia del respeto mutuo.

Ante una situación así, intentaría poner límites con serenidad. Marcaría distancia e intentaría dejar clara mi opinión para que algo así no vuelva a ocurrir y podamos superar ese bache en la relación. Diría algo como: “La política no debería condicionar nuestra amistad, pero comentarios así marcan un antes y un después. Esto ya no va de conservadores o progresistas, va de educación y de respeto. Si no eres capaz de frenar un mensaje tóxico de tu propio hijo, quizá el problema no sea la política sino tus propios valores”.


Ideoloía política

 La ideología política de cada uno no debería ser un impedimento para la amistad.  A no ser, que se trate de personas que vivan la política  con una fuerza mucho más grande de lo que es sano, no debería de haber ningún problema, no se habla sobre ello y ya está. Al fin y al cabo, la política, a pesar de ser una parte importante de la sociedad y la vida en general, no lo puede monopolizar todo. Por que la vida es mucho más que eso, aunque la ideología de cada uno lo define en gran medida, no determina como es esa persona, personas buenas y malas hay en todos los bandos, por lo que no son unos mejores que otros.

Si cuando nos hagamos mayores, el hijo de una amiga mía que piensa políticamente en contra de mí, hace un comentario tan violento como en el vídeo, y su madre no le dice nada, a mi sinceramente me parecería muy mal. Ya no solo por el hecho de que ambos saben que yo pertenezco a esa ideología, y por lo tanto ese ataque también va, en parte, en mi contra. Sino porque directamente no se puede ir deseando el mal o la muerte a la gente, ya que salgo horrible y por muy diferente que piense una persona no merece tener que soportar esos comentarios. Además, es tremendamente hipócrita, quiero decir si la cosa fuera al revés seguramente que el hijo se habría ofendido y mi amiga me hubiera echado de su casa, lo que sería más que entendible.

En mi caso, yo no creo que hubiera reaccionado mal o contestando, pero seguramente estaría tensa el resto de la comida y nada más acabar me iría a mi casa. Puede que estuviera una temporada sin hablarles, luego ya en frío, hablaría con mi amiga y su hijo para pedirles que por lo menos delante de mí, tuvieran un poco de respeto. Ahora bien, si la situación se siguiera repitiendo con cierta frecuencia, seguramente me replantearía mi amistad. Ya que se supone que una persona no debería faltarle el respeto así a su amiga. Bueno, ¡es que ni siquiera debería hacerlo a un desconocido! Somos lo suficientemente  civilizados como para saber comportarnos, o al menos deberíamos de serlo.

 No hay nadie que tenga la verdad absoluta, por lo tanto nadie tiene derecho a decirle a otra persona que sus pensamientos son mejores que los suyos. Ni mucho menos acosarla o hacerle daño por ello. Vivimos en un país libre, ¿no?  Pues entonces que se note, dejemos a los demás que apoyen las causas que crean correctas y luchemos nosotros por defender las que nosotros creemos. Tan sencillo como eso.


BLOG 2

 

Final de la historia (mi versión)

Acepto el dinero, pero con un nudo en el estómago que no se deshace fácilmente. Le pido al chico que me dé un tercio del millón neto —unos 300.000 euros después de impuestos— y le insisto en anonimato total para mí y mi amiga. Ella, al enterarse por mi boca en una conversación desgarradora en su casa, llora de rabia al principio, pero luego, entre sorbos de té, decide que usaremos parte del dinero para crear una fundación anónima en memoria del niño atropellado: becas para huérfanos de accidentes de tráfico, campañas de concienciación vial. El guion se vende, la serie se estrena en la plataforma con cambios sutiles que diluyen la conexión real, pero en nuestra ciudad algunos murmuran sospechas. Mi amiga y yo nos distanciamos un tiempo, pero un año después, en el aniversario de la muerte de su padre, nos reencontramos en un banco del parque donde todo empezó. "El dolor no se borra, pero al menos sirve para algo", me dice. Y yo, con el peso aligerado, asiento en silencio. La vida sigue, con sus grietas reparadas a medias, y el secreto se convierte en un lazo invisible que nos une más que antes.


Reflexión sobre lo contado

Esta historia me hace pensar en cómo los secretos familiares, como un atropello fugado, pueden envenenar generaciones enteras, corrompiendo no solo relaciones sino también la percepción de uno mismo. Merece una reflexión sobre la ética de compartir confidencias: un desahogo inocente en una noche de cervezas puede convertirse en mercancía, recordándonos que la privacidad es frágil en un mundo donde todo se monetiza, desde el dolor ajeno hasta las anécdotas personales. También destaca el dilema moral del dinero "sucio": ¿aceptarlo equivale a traicionar? O, por el contrario, ¿puede redimirse usándolo para bien, como compensación o caridad? En el fondo, cuestiona la lealtad en las amistades y cómo el tiempo transforma la culpa en aprendizaje, invitándonos a valorar la confianza como un bien escaso que, una vez roto, exige reparación creativa. Es un espejo de la sociedad actual, donde las historias reales inspiran ficciones millonarias, borrando líneas entre lo íntimo y lo público.

Ideología política

 La cena transcurría entre risas y anécdotas de la escuela de los niños. Hacía tiempo que no nos juntábamos, quizá porque últimamente las cosas con Marcos se habían vuelto tensas. Durante años habíamos sido capaces de hablar de política sin gritarnos, sin descalificarnos, incluso disfrutábamos debatiendo. Pero desde que él empezó a radicalizarse, todo cambió: un simple comentario podía encenderlo. Por eso ambos habíamos evitado el tema desde entonces.

Pero esa noche, sin querer, la conversación derivó hacia la situación política del país. Yo sentí un nudo en el estómago. Antes de que ninguno de nosotros pudiera reaccionar, el hijo mayor de Marcos, con la naturalidad de quien repite algo escuchado, soltó:

—Al presidente habría que matarlo.

El silencio cayó sobre la mesa como una losa. Marcos abrió los ojos, sorprendido, quizás dándose cuenta de que sus palabras recientes habían encontrado eco en su hijo. Yo respiré hondo; pude sentir el temblor en mis manos. No respondí desde la rabia, sino desde algo más profundo.

—No, eso no está bien —dije suavemente—. Podemos estar en desacuerdo, incluso muy molestos por lo que pasa. Pero la violencia… la violencia nunca es la solución.

El niño bajó la mirada. Marcos me sostuvo la mía unos segundos. Vi en sus ojos vergüenza, cansancio y quizá una chispa de reconocimiento. La conversación cambió de rumbo y seguimos la noche, pero algo había quedado ahí, latiendo entre nosotros.

Esa noche entendí que nuestras palabras pueden abrir puertas o encender fuegos. Las diferencias políticas no justifican el odio ni la violencia, y menos cuando hay niños escuchando. Podemos pensar distinto, pero si perdemos el respeto, lo perdemos todo. La violencia nunca es la solución; el diálogo, incluso cuando cuesta, es la única forma de avanzar.

tentacion

La tentación es el impulso de hacer algo que deseamos aunque sepamos que no es lo mejor o lo más conveniente. No siempre se trata de elegir ...