Pues seguramente la historia acabaría sin drama, pero con un pequeño silencio incómodo primero. Yo me quedaría un segundo pensando y luego intentaría reconducir la conversación con calma, sin ir a degüello. No le soltaría un discurso político, pero sí le preguntaría por qué piensa eso, de dónde le viene, si lo ha reflexionado o lo ha oído por ahí. Más que discutir, me interesaría entender.
La reflexión que me deja una situación así es que la política está cada vez más presente en todas partes, por ejemplo en deportes, que tampoco creo que esté mal, ya que creo hay que darle importancia siempre. Pero en muchas otras ocasiones, no se habla desde el pensamiento crítico, sino desde frases hechas, titulares o lo que se oye en casa, en redes o en ciertos medios. La verdad creo que esta bien tener una opinión, creo que es sano poder intercambiar pensamientos. Lo que me preocupa es cuando la crítica no tiene argumentos y se convierte en rechazo automático o en desinformación.
Yo reaccionaría con tranquilidad, sin levantar la voz ni tomarlo como algo personal. Tampoco me pronunciaría respecto al tema, pero creo que es clave defender el diálogo, la educación y la empatía. Intentaría aportar contexto, recordar que no todo lo bueno es tan bueno y que ni todo lo malo es tan malo. Y si la conversación se calienta, también sabría parar. Al final es una cena entre amigos, y a veces escuchar y generar una duda vale más que ganar una discusión.
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