Había dos amigos, Marcos y Javier, que se conocían desde hace muchos años. Siempre hacían planes juntos, se reían y compartían cosas de la vida. Un día empezaron a hablar de política y se dieron cuenta de que pensaban de manera muy diferente. Marcos defendía unas ideas y Javier otras, y al principio solo eran bromas, pero poco a poco la conversación se hizo más seria.
Un día discutieron por algo que dijo el hijo de Javier mientras estaban cenando, y Marcos se enfadó.Pensó que ya no podía confiar en Javier porque pensaba distinto y eso al final se iba a ver reflejado en algún momento. Durante unos días dejaron de hablarse y cada uno se sintió solo.
Después, Marcos decidió llamar a Javier. Le dijo que aunque no le hubiera gustado lo que dijo su hijo y no pensaran igual, la amistad era más importante que una discusión. Javier sonrió y aceptó. Empezaron a hablar, a escuchar al otro y a respetar sus opiniones. Aprendieron que no hace falta estar de acuerdo en todo para seguir siendo amigos y que la política nunca puede ser más importante que la amistad.
Lo que sacamos de esta historia es que las diferencias no tienen que separar a las personas y que es importante escuchar y respetar a los demás manteniendo la calma. Si yo estuviera en esa situación, trataría de hablar con mi amigo, entender lo que piensa y explicarle lo que yo pienso, pero siempre con respeto y amabilidad, porque los amigos son valiosos y merecen que los cuidemos.
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