Ideologia politica
Hace poco organicé una comida con unos amigos y sus familias para pasar un rato juntos como lo solíamos hacer. Aunque no coincidimos en política, siempre habíamos conseguido hablar sobre el tema con tranquilidad y respeto mutuo, sin que se calentaran los ánimos.
Pero esa noche pasó algo que me dejó flipando: el hijo de mi amigo soltó un comentario muy fuerte, algo parecido a “Al presidente le deberían pegar dos tiros lo antes posible”. Nos quedamos todos mirandole sin saber ni que decir, y lo que más me chocó fue que el padre no abrió la boca ni le dijo nada al chaval, como si aquello no tuviera importancia, como si fuese normal lo que acababa de decir.
Me sentí superincómoda, porque aunque cada uno pueda tener sus ideas, desearle mal a alguien por pensar distinto me parece cruzar una línea roja. No quise montar un numerito ni nada por el estilo, pero tampoco podía quedarme callada. Así que les dije con calma que entendía que tuviéramos opiniones diferentes, pero que hablar de violencia o de hacerle daño a una persona no estaba bien, y que la política no es excusa para faltar al respeto. Les expliqué que para seguir siendo amigos y convivir hay que saber escuchar, respetar al otro y medir las palabras.
Por suerte, después de eso tanto el chico como su padre parecieron pillarlo y se dieron cuenta de que se habían pasado tres pueblos. La cena continuó sin más dramas y todo quedó en una anécdota incómoda.
Esta situación me dejó pensando bastante. Me hizo pensar que la política no debería romper relaciones de amistad, porque lo que cuenta de verdad no son las ideas, sino cómo trata la gente a los demás y si sabe respetar. Si volviera a pasar algo parecido, intentaría mantener la cabeza fría y explicar por qué ese tipo de frases no son aceptables, pero también tengo claro que, si se repitiera una y otra vez, tendría que valorar si esa amistad vale la pena. Nadie está obligado a aguantar faltas de respeto continuas.
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