Las diferencias políticas no deberían impedir una amistad. Mientras nadie viva la política de forma extrema, no tendría por qué haber problemas: simplemente se evita el tema y ya está. Aunque la política sea importante, no puede ocuparlo todo. La vida es mucho más que eso y, aunque la ideología influya, no define por completo a una persona. En todos los bandos hay gente buena y mala, así que nadie es mejor que otro solo por pensar distinto.
Si en el futuro el hijo de una amiga mía hiciera un comentario tan violento como el del vídeo y su madre no dijera nada, a mí me sentaría muy mal. No solo porque saben que yo pienso de forma contraria y ese comentario también podría ir dirigido hacia mí, sino porque no es aceptable desear daño o la muerte a nadie. Me parecería además muy hipócrita, ya que si la situación fuera al revés, seguramente ellos se habrían ofendido.
Yo no creo que reaccionara discutiendo en ese momento, pero sí estaría incómoda y me iría en cuanto pudiera. Más adelante, hablaría con mi amiga para pedir, al menos, respeto delante de mí. Si ese tipo de actitudes se repitieran, acabaría replanteándome la amistad, porque nadie debería faltar al respeto así, ni a un amigo ni a un desconocido.
Nadie tiene la verdad absoluta ni el derecho a imponer sus ideas a los demás. Vivimos en un país libre, así que lo lógico es respetar que cada uno defienda lo que cree, sin atacar ni menospreciar a los demás.
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