domingo, 18 de enero de 2026

Carta

 

Querida Ama,

Estás recibiendo esta carta porque sé que me van a ejecutar, pero lo último que quiero hacer antes de que llegue este cruel momento es despedirme de ti. Espero que, desde la tristeza que estarás sintiendo, esta carta te reconforte.

Quiero decirte que en estos 24 años de vida he sido muy feliz. Tú me diste la vida, me enseñaste los valores que me han hecho ser como soy hoy en día, me diste unos hermanos a los que adoro, me diste un hogar, me has enseñado a ser libre, a disfrutar de cada momento, a aprender de la dureza de la vida, a apreciar la belleza de las personas… todo lo bueno de mi vida me recuerda a ti.

Es cierto que me hubiera gustado compartir más momentos contigo pero me voy muy satisfecho por todo lo que he vivido. Quiero que te quedes con este recuerdo, que siempre que esté triste, puedas leer esta carta y te saque una sonrisa y un sentimiento de orgullo porque has sido la mejor madre que podría haber tenido.

Diles a mis hermanos que cuiden siempre de ti, aunque las cosas no sean fáciles. Desde el cielo os cuidaré. Espero que os acordéis de mi tanto en las buenas como en las malas.

Os quiero y os querré siempre,

Tu hija Marina.

Madre, si te llega esta carta, ya estaré muerto

 Madre, si te llega está carta, ya estaré muerto

Madre, se que es la última vez que te voy a dedicar mis palabras, y realmente no sé qué escribir en una ocasión como esta. Pero no quiero causarte dolor ni mucho menos tristeza, porque sé que a lo largo de la vida ya te he hecho pasar por eso. Así que hoy quiero agradecerte por todo lo que has hecho por mí, por enseñarme a luchar por la justicia y por haber cuidado de mis valores. Has hecho un gran trabajo por mí todos estos años y para mí es un honor haber luchado hasta el final, aunque eso me cueste la vida.

No te voy a mentir, tengo mucho miedo, como nunca antes he tenido. Sabes que en el fondo siempre he sido un cobarde, pero como tú me has enseñado, ser valiente no implica dejar de sentir miedo, sino soportar todo lo que implica salir adelante, y eso es lo que haré el día de hoy. Cómo desearía estar a tu lado y abrazarte como cuando era pequeño y me sentía asustado por mis pesadillas. Y a pesar de que hoy estoy viviendo en una, pronto despertaré y te abrazaré desde mi alma. Será un abrazo eterno que te acompañará en donde sea que estés, porque cuando leas esta carta y mires al cielo, ahí estaré yo sonriendo. Así que sin más, gracias por todo lo que has hecho por mí madre. Sigue viviendo con amor, así como viviste amándome a mí, hasta que algún día nos veamos de nuevo.

Con cariño,

Tu hijo.

Carta

 Mamá, si te llega esta carta, ya estaré muerto. 


Se que ahora mismo estarás enfadada y no entenderás porque lo hice, pero me conoces perfectamente y sabes que nunca he sido de mirar hacia otro lado cuando las cosas son injustas. Si nadie defiende y lucha por la democracia viviremos siempre bajo la sombra de los falangistas, alguien tiene que hacerlo, y se que muy a tu pesar yo he sido una de esas personas. Pero si he muerto por ser fiel a mis principios estoy completamente satisfecha. Así que por favor mamá quédate con eso, con que he sido feliz y me he ido de la misma forma, con la cabeza muy alta. 


Te quiero mucho y siento que me tenga que ir tan pronto, pero de una forma u otra siempre estaré a tu lado. Cuídate mamá y no dejes que el odio te corrompa, trata de ser feliz aunque los otros ganen, no les des el gusto de arruinarte la vida más de lo que ya lo han hecho. Pero recuerda ser siempre fiel a nuestros principios y educar a quienes puedas con esos valores, es importante que siempre halla algunos con la cabeza amueblada para que más tarde puedan contar la historia tal y como fue.


Gracias mamá, gracias por todo. Hasta siempre.


Tu hija, 


Eva

BLOG 6

 Querida madre,

Si estas líneas llegan a tus manos, significa que ya no estaré. Me han condenado esta mañana, a las siete en punto, bajo un cielo que ni siquiera se dignó a llover. No hubo juicio de verdad, solo voces que gritaban mi nombre como si fuera un insulto. Me acusaron de cosas que no hice y de otras que sí, pero que hice por creer que había un mundo mejor. Ahora sé que la verdad es lo primero que muere en la guerra. No llores por mí, madre. Llora por los que se quedan, por los que tendrán que cargar con el silencio de los que callamos para siempre. Llora por mi hermana, que se quedará sin hermano mayor; por padre, que fingirá que no le duele porque así le enseñaron los hombres de su tiempo. Diles que no me arrepiento de haber elegido un bando, sino de que los bandos existieran. He pensado mucho en ti estos días. En cómo me peinabas con los dedos cuando era pequeño, en el olor a pan recién hecho que salía de la cocina, en la forma en que rezabas bajito cuando creías que nadie te oía. Esas cosas pequeñas son las que me han sostenido hasta el final. No las grandes ideas, no las banderas. Solo tú. Si algún día pasa por casa un hombre con los ojos cansados y te pregunta por mí, dile que morí pensando en el sabor de tu caldo de gallina y en la risa de los niños que jugaban en la plaza. Dile que no tuve miedo al último momento, porque el miedo se acaba cuando ya no queda nada que perder. Perdóname por no haberte abrazado más veces, por haber discutido por tonterías, por haberme ido sin despedirme como merecías. Perdóname también por dejar que esta guerra nos robe lo poco que teníamos. Madre, vive. Vive por los dos. Cuida el huerto, canta las canciones que me cantabas, y cuando veas salir el sol, piensa que una parte de mí está en esa luz que calienta la tierra. No me busques en los cementerios ni en las fosas. Búscame en los sitios donde fuimos felices. Te quiero más de lo que las palabras saben decir. Hasta siempre, Tu hijo.

carta

Ama, para cuando te llegue esta carta ya estaré muerto.

Me gustaría decirte que muero satisfecho, que muero con la certeza de estarme sacrificando por un bien mayor, que si pudiese volver atrás en el tiempo no cambiaría nada.

Pero no te quiero mentir. No estoy seguro de por qué estoy dejando mi vida en el campo de batalla. Sé que estamos con la república porque el vecino José es republicano, sé que vine a luchar para defender a mi familia, para que aita no se tenga que esconder en el monte. Sin embargo, ahora he dejado de creer que matando a los del otro bando conseguiré que tú, aita y mis hermanas viváis mejor. 

No solo porque creo que ya hemos sido vencidos por Franco, sino porque me he dado cuenta de que este país no se convertirá en un buen lugar para vivir tras esta guerra.

Los ganadores siempre iban a ser los más violentos, los más despiadados, a los que menos les importase acabar con cientos de miles de vidas por poder, gente que no debería estar al mando.

Lo que más me duele es dejarte sola a lidiar con los próximos años, que se que serán de los más duros de vuestras vidas. Se fuerte por mi, cuida mucho de todas mis hermanas. Puede que aita vaya a la cárcel, sobretodo con ese cura que nos la tiene jurada y que no dudará en delatarle. Apóyate en Águeda, que aunque solo tiene 14 años ya es muy madura para su edad. 

Dile a toda la familia cuanto les quiero. No dejes que cuando me recuerden sea con tristeza, que el último mes de mi vida no sea el que me defina. 

Tu hijo que os quiere muchísimo.

Ama, para cuando te llegue esta carta, ya estaré muerto

 Kaixo Amatxu:

No sé escribir estas cosas bien, ya lo sabes, pero tenía que dejarte algo dicho. Cuando leas esto ya no estaré. Imagíname hablándote despacio, como cuando llegaba reventado y me sentaba a tu lado sin abrir la boca, solo respirando.

No hemos ganado, eso está claro. Pero tampoco creo que nos hayamos equivocado por intentarlo. Me jode pensar que ahora van a decir de todo, que nos van a poner nombres feos, pero tú me conoces. Sabes por qué me quedé hasta el final. No fue por odio, ama. Fue por no irme con la cabeza gacha.

Si algún día pasas por el parque de siempre, o por el bar de la esquina, o por el portal donde me esperabas con la luz del descansillo encendida… no te quedes solo con este final. Acuérdate también de cuando era uno más del montón, de cuando llegaba hecho mierda y me reñías por la ropa, de cuando creíamos de verdad que las cosas podían cambiar. Con eso ya me vale.

Sé que vienen tiempos duros. No te fíes de cualquiera, pero tampoco te encierres del todo. Hay que seguir viviendo aunque pese como una losa. Yo ya no voy a poder echarte una mano y eso es lo que más me quema por dentro.

Gracias por criarme como me criaste. Si he llegado decente hasta aquí, es por ti. Ojalá hubiera podido decírtelo mirándote a los ojos una última vez, pero me tengo que conformar con que lo leas y lo sepas.

Tu hijo,

Ander.

Carta

Ama,

cuando te llegue esta carta, ya estaré muerto. Me han dicho que escriba deprisa y con letra clara. No quiero que estas líneas sean solo de tristeza, aunque me cuesta evitarla.

No llores por mí. Piensa que he vivido conforme a mis ideas y con dignidad. Me voy con la conciencia tranquila, aunque con el corazón encogido por dejarte sola. Me duele más eso que la muerte misma.

Recuerdo la casa, el olor del pan tostado por la mañana. Ojalá hubiera podido darte una vida mejor y devolverte todo lo que hiciste por mí. Perdóname si alguna vez fui duro o desagradecido. Aquí, cuando uno está a punto de morir, entiende por fin lo que de verdad importa.

No guardes rencor. Sé que es difícil, pero el odio solo alarga el sufrimiento. Esta guerra nos ha roto a todos, incluso a quienes creen haber ganado. Cuida de los míos, si puedes, y diles que los quise hasta el final.

Yo me voy tranquilo pensando que, mientras tú me recuerdes, no estaré del todo muerto.

Tu hijo.

carta

 Madre, te escribo esta carta con papel prestado de una de mis compañeras y con un boli que intercambié hace dos días por mi ración de desayuno. Cuando estés leyendo esto ya estaré muerta. Los malditos fascistas me habrán fusilado. No sufras por mi, muero con la consciencia tranquila de que lo estoy haciendo por defender todo lo que mi padre y tú me habéis enseñado.


No quiero que te hundas después de esto, recuerda todo lo que he sido y siéntete orgullosa de la hija que tienes, porque yo no puedo estar más agradecida de la madre que he tenido. 

Dile a mi padre que cuente mi historia de la misma forma que me ha contado él a mi todas esas miles batallas. Que la cuente con orgullo, y que la recuerde con amor en lugar de  con tristeza. Apoyaros entre vosotros, como siempre habéis hecho.


Dile a mis hermanos que haber aprendido de ellos cada día ha sido una de las mejores cosas que me han pasado. A Garazi que la he admirado siempre y a Imanol que aunque no siempre se lo demuestre, que le quiero. 


Ya lo saben, pero recuérdale también a mis amigas que han sido las responsables de los mejores momentos de mi vida.  Que me han inspirado y animado a ser quien realmente soy. Diles que cada noche miro a las estrellas,  y por un momento,  es como si estuviera al lado de ellas hablando de nuestros sueños y miedos en aquellas noches de primavera.


Por último madre, antes de despedirme para siempre, como última voluntad quiero que en mi memoria, os juntéis todos aquellos que alguna vez he querido. Quiero que juntos, mientras me recordáis, subáis a un monte. Uno de la costa. Cuando estéis ahí, entre el verde y el azul, os quedéis en silencio escuchando el sonido de las olas. Ahí me tendréis a mi. 


Te quiere, 

tu hija pequeña.

Carta

Querida madre,

Si te llega esta carta, ya estaré muerto.
La escribo con la calma que no pensé que tendría nunca. Fuera aún es de noche y en el pasillo se oyen pasos que van y vienen, como si el mundo siguiera girando con normalidad. Yo, en cambio, siento que todo se ha detenido.

No quiero que esta despedida te llene de odio. Bastante ha habido ya en estos años. Quiero que, cuando pienses en mí, recuerdes al hijo que corría por casa, el que te ayudaba a hacer la cena y al que rompía cosas de casa jugando con el balón. No pienses en este lugar en el que estoy ni en los hombres que vendrán al amanecer.

No me arrepiento de haber sido quien fui. He cometido errores, como todos, pero siempre traté de ser buena persona. Si alguna vez te hice sufrir, perdóname. Lo último que deseo es que cargues con más penas de las que la vida ya te ha dado.

Cuida de mis hermanos. Diles que no guarden rencor, que estudien, que trabajen y que vivan en paz cuando todo esto termine, porque algún día esta locura pasará.

Ojalá pudiera abrazarte una vez más y deciros a ti y a toda la familia lo que os quiero. Como no puedo hacerlo, te lo dejo escrito para que nadie pueda borrarlo nunca: gracias por la vida que me diste tanto tu como toda la familia.

Con cariño,

tu hijo mayor que nunca te ha olvidado,

carta

 Hola madre,


Si estás leyendo esto es que al final ha pasado lo que no queríamos. Te escribo deprisa, porque necesito que sepas que estoy tranquilo, de verdad. No quiero que me imagines con miedo ni sufriendo en estas últimas horas, lo que hago es cerrar los ojos y acordarme de cuando era pequeño y me dabas la mano para que no me pasara nada. Con eso me basta para estar bien.

Ya sé que va a ser un golpe durísimo, pero te pido que intentes que la tristeza no te hunda del todo. No quiero que el recuerdo de hoy te amargue siempre. Por favor, no guardes odio por lo que me está pasando. Ya hay bastante oscuridad ahí fuera como para que también se te meta a ti en el cuerpo. El odio solo te hará estar más cansada y yo lo que quiero es que tú estés bien.

Pienso mucho en nuestras mañanas en la cocina, antes de irme a trabajar, cuando todavía no había empezado la guerra. Quédate con eso, con nuestras charlas y con lo que nos reíamos. Eres la mujer más fuerte que he conocido y todo lo que sé de ser una buena persona lo aprendí de ti. Gracias por haberme querido así, no me ha faltado de nada.

Sigue adelante, madre. Sal a la calle y no te encierres. Hazlo por mí, para que yo pueda descansar sabiendo que no te has rendido. Me voy con todo el cariño que me diste aquí dentro, conmigo.

Te querré siempre.

Tu hijo.

Carta

Madre querida,

Si estás leyendo esto es que ya no estoy. No tengas miedo de llorar, pero no dejes que el odio se te quede dentro, por favor.

Te escribo esta carta desde el cuartel de Henao en Bilbao. Se que queda poco para que ordenen mi ejecución, el ambiente aquí es cruel y frío, pero quiero que sepas que estoy orgulloso del camino recorrido.

No he sido valiente como cuentan algunos. Tenía miedo, mucho, todo el rato. Pero al final lo que más me pesaba no era la muerte, era pensar en ti sola, en los días que no voy a poder pasar contigo, en las cosas pequeñas que ya no podremos hacer nunca más: escuchar música en los desayunos, discutir por tonterías, chismosear juntos...

Cuida de mi padre, abrázalo mucho por mí. Dile que para su hijo siempre ha sido un referente y que lo quiere muchísimo.

No guardes rencor, madre. Ni al que apretó el gatillo ni a los que miraron para otro lado. La situación en el frente es demasiado complicada, y hasta que no lo vives no te das cuenta de ello.

Te quiero con toda el alma, y te voy a querer igual cuando me haya ido de este mundo.

Cuídate mucho. Y cuando pases por el puente viejo, acuérdate de cuando me esperabas con el bocadillo al salir de la escuela y me reñías porque llegaba tarde.

Acordaros siempre de vuestro hijo, y recordadme con alegría. Hacedlo por mí.

Tu hijo que no te olvidará nunca,

Alfonso.


sábado, 17 de enero de 2026

la despedida de un condenado a muerte

Madre, si lees esta carta, has de saber que mi tiempo aquí termino, y mi ejecución ya habrá sido consumada.

Mi amada Madrid, ciudad por la que luché durante toda la guerra junto a mis camaradas, ha caído, y no contra el general Franco y su ejército, sino contra la escoria con la que combatía codo con codo. Esas basuras nos han vendido a todos nosotros, nos traicionaron a todos y ahora con una sonrisa, Casado y sus hombres campan a sus anchas por mi querida ciudad acabando con cada uno de nosotros.

La República estaba perdida desde un inicio, me doy cuenta ahora, porque los verdaderos traidores estaban ahí con nosotros, sonriendo mientras se daban la mano con Franco, mientras que los revolucionarios de verdad vamos a morir todos, así va a terminar.

Si queda algo de mí, que sea que morí con dignidad, la frente en alto y siendo fiel a mis principios, la guerra va a terminar pronto, se vienen años duros madre, sea fuerte siempre.

Me despido, y espero me hayas perdonado por cualquier ofensa que en vida te haya hecho. 

Carta

 Madre,

Si te llega esta carta, ya estaré muerto. Mañana partiré al frente a luchar y no se si volveré. Le he pedido a un compañero que envíe la carta por mí si no vuelvo. 

 

Es difícil describir todas las cosas que siento ahora mismo. Siento dolor por no poder volver a veros a ti ni a papá o a los abuelos, siento tristeza por saber que mi muerte solo será una entre miles. Pero también siento una extraña paz, sabiendo que, por lo menos, ya no tendré que soportar este infierno al que llamamos guerra .

 

Espero que todo esto acabe pronto y que podáis volver a tener una vida pacífica, que mis hermanos puedan ir a la escuela sin el temor de los constantes bombardeos, que podáis caminar tranquilos por las calles, aunque ahora estén destrozadas. 

 

Por favor, os pido que no lloréis por mí. Seguid hacia adelante y recordad los momentos que tuvimos, no los que nunca podrán ser. Recordarme con alegría, no con tristeza.

 

Vuestro hijo mayor, que os querrá siempre.

carta

Madre,

Si estás leyendo esta carta es porque desgraciadamente yo ya no estoy contigo.
No sé cómo empezar algo así y me cuesta enormemente encontrar las palabras.
Nunca pensé que tendría que despedirme de ti de esta manera, pero claramente no he tenido la oportunidad de hacerlo en persona y al menos tengo tiempo de hacerte llegar lo que me gustaría decirte.

Quiero que sepas que he pensado en ti todo el tiempo, cocinando en casa platos deliciosos, siempre pendiente de cualquier cosa que necesitara, nuestros viajes, tus sabios consejos, nuestros momentos juntos y en tu forma de cuidarme…eso es lo que más me duele dejar atrás.

Tengo miedo, no voy a mentirte. Esta guerra es cruel y están cayendo muchos. Cada vez son más las personas conocidas que mueren y huelo el olor de la sangre cerca diariamente.

Aunque es difícil, intento mantener la calma y ser fuerte.
Me acuerdo de todo lo que me enseñaste, de todos nuestros momentos felices y eso me ayuda a seguir adelante.

Sé que esto te va a doler mucho. A mí también me duele. Sólo pensar en que nunca más volveré a verte siento el inmenso dolor de millones de agujas clavándose en mi cuerpo. Nada de esto es lo que quería, pero ya no puedo hacer nada para evitarlo.

No quiero que me recuerdes con tristeza. Prefiero que pienses en los buenos momentos.  En las risas y en las cosas simples de la vida como la tortilla de patata de los jueves por la noche.  Espero que estes orgullosa de mí, siempre actué con ese objetivo.

Cuida de los nuestros y cuídate tú. Sigue adelante aunque ahora sea difícil. Yo me voy sabiendo que me quisiste mucho. Yo te quiero infinitamente.

Gracias por todo, madre.

Tu hijo.

Madre, si te llega esta carta, ya estaré muerto

 A la persona que más quiero del mundo:

Madre, ayer cuando salió el sol me acordé de ti. Por la madrugada, cuando salía el sol, este creó una sombra con los contenidos de nuestra tienda que hizo parecer que toda ella estuviera repleta de lentejuelas y purpurina. Me hizo recordar el vestido brillante que llevaste a la fiesta de año nuevo de los tíos de hace dos años. La verdad es que echo mucho de menos esos momentos. Aun así, para no ponerme triste, hago lo que me dijiste: me concentro en las cosas pequeñas, como cuando encuentro una flor entre todo el terreno revuelto o una gota de lluvia cae perfectamente sobre mi nariz. Me imagino que todo eso eres tú diciéndome que todo va a ir bien. 


Pero madre, eres la persona más inteligente que conozco y sabes que esta carta no es solo para decirte que te quiero. Madre, si te llega esta carta, ya estaré muerto. Mi último deseo en esta guerra será que te llegue esta carta, aunque haya una gran probabilidad de que no. Y si resulta que sí, habrá sido abierta y leída mil veces. Pero no quiero usar esta última despedida para hablar mal del régimen sino para hacerte saber todo lo que te quiero.


Me estoy arrepintiendo de todas las veces que podría haberte abrazado un poco más fuerte, que te podría haber dicho que te quiero o salido de mi cuarto para sentarme a tu lado. Pero todo eso ya no importa. Quiero pedirte, que después de que yo haya cometido ese error, no lo vuelvas a cometer. Aprovecha todo lo que te queda con los que quieres. Cuida de ti, aunque no siempre tengas fuerzas. Y si un día el dolor es demasiado, no tengas miedo de llorar; yo aprendí a ser fuerte porque te vi serlo a ti, incluso cuando creías que nadie te miraba.

Quiero pedirte que sigas viviendo, madre. Que no dejes que mi ausencia te quite las ganas de levantarte cada mañana, aunque al principio cueste. Que sigas concentrándote en esas cosas pequeñas que tú me enseñaste a ver. Si alguna vez dudas, piensa que en cada uno de esos momentos estaré yo, recordándote que estoy ahí incluso cuando el mundo se caía a pedazos.

No quiero que te preguntes si podrías haber hecho algo distinto. No quiero que cargues con culpas que no te pertenecen. Todo lo bueno que hay en mí nació de ti: de tu paciencia, de tu forma de escuchar sin interrumpir, de tu manera de sonreír incluso cuando estabas cansada. Si alguna vez alguien te pregunta quién fui, diles que fui tu hijo y que eso fue suficiente para ser feliz.

Madre, no me olvides, pero tampoco te quedes atrapada en mí. Vive por los dos. Ríe cuando puedas. Ama sin miedo. Yo me iré tranquilo sabiendo que sigues adelante.

Te quiere, hoy y siempre,
tu hijo.

Carta

No sé ni cómo empezar a escribir esta carta. Me tiemblan las manos, pero no es de miedo, es de la rabia de no poder estar a tu lado por última vez. Si estás leyendo esto es porque ya pasó todo, porque ya no estoy.

Lo primero que quiero pedirte es que no te sientas culpable por nada. No pienses en si pudiste hacer algo más, o en aquella última vez que discutimos. Quédate con las veces que estuvimos juntos, con el sabor de la comida que me hacías y con cómo me mirabas mientras tomábamos café por las mañanas.

Tengo un nudo en la garganta y me duele pensar que mañana vas a poner un plato en la mesa y va a estar vacío. Me duele saber que vas a tener que recoger mi ropa y que todavía va a oler a mí. Te pido que no guardes mi habitación como un museo, abre las ventanas y no me recuerdes como una sombra que te amargue los días.

Aquí el silencio es terrible, mamá. Solo se oye el llanto de otros. Pero cierro los ojos y me imagino en casa. Me veo entrando por la puerta y escuchando tu voz. Ese es mi único consuelo ahora mismo.

Madre, no me busques en una fosa. Búscame en el café de la mañana y no dejes que se te apague la alegría por mi culpa.

Te quiero,

Tu hijo.

Carta

 Madre, si te llega esta carta, ya estaré muerto. Es difícil aceptar estas duras palabras mientras aún respiro débilmente en este tan cargado ambiente. Ahora mismo estoy en una escuela reconvertida en un cuartel.  No sé cómo explicar lo que siento, porque el miedo y la tristeza se mezclan con una calma extraña, como si el corazón se rindiera poco a poco. Solo quiero que sepas que aunque estés lejos de mí en estos momentos yo te siento más cerca que nunca y no solo por el hecho de que lleve una foto tuya conmigo sino porque no paro de pensar en lo que dejos atrás. 

Ahora mismo solo me vienen a la cabeza todos los recuerdos de la tan buena infancia que me diste. Tu dulce voz que me cantaba todas las noches para que durmiera, o tus deliciosas comidas las cuales nunca voy a ser capaz de borrar de mi memoria. He visto demasiadas cosas en estos meses, madre. He visto hermanos enfrentados por ideas que no siempre comprendían, pueblos divididos por colores y palabras como “rojos” o “nacionales”, como si eso bastara para resumir una vida entera. Nos hablan de Franco, de la República, de la patria o de la libertad, pero nadie habla del miedo ni de las madres que esperan en casa a que sus hijos y maridos regresen de la guerra. . Yo solo soy un nombre más en una  infinita lista, la voz  de joven en medio del ruido.

Aún recuerdo cuando nos estaban alistando y lo único que nos repetían es que esta guerra era necesaria, que España sería mejor después de esto y lo solo estoy esperando un final que no voy a ver. Pienso en los amigos que no están, en los que cayeron en la batalla del Ebro e incluso los que se fueron al exilio por temor de la muerte. Cuando leas esta carta dile al mundo que antes de ser soldado fui un ser humano, y que en medio de tanta violencia, lo único que quise fue volver a casa.

Carta

 Madre querida:


Te escribo esta carta con las manos temblando y el corazón muy triste. Si algún día la lees, ya no estaré aquí­. Me duele mucho pensar que estas palabras te van a hacer llorar, pero necesito escribirte una última vez.


Quiero que sepas que pienso en ti todo el tiempo. Desde que me dijeron lo que iba a pasar, no hago otra cosa que acordarme de ti y de nuestra casa. Me acuerdo de cuando era pequeño y me cuidabas. Me acuerdo de tu voz y de tu manera de hablarme. Eso es lo que me acompaña ahora.


No tengas vergüenza de mí, madre. Yo no he robado ni he matado. No he hecho mal a nadie. Me voy con la cabeza alta y el corazón limpio. Aunque tenga miedo, estoy tranquilo por dentro.


Me duele mucho no poder verte más. Me duele no poder darte un beso ni decirte estas cosas mirándote a los ojos. Ojalá pudiera volver atrás y pasar un día más contigo, aunque fuera en silencio.


Cuida de la familia. Ayuda a los que se queden. Diles que no me olviden, pero que sigan viviendo. Que no se llenen de rabia ni de odio. La rabia solo hace daño y no arregla nada.


Madre, no quiero que llores por mí todos los días. Llora hoy si lo necesitas, pero luego levántate y sigue adelante. Yo quiero que estés fuerte, como siempre has sido.


Reza por mí si puedes. Yo rezo por ti ahora mismo. Que Dios te cuide y te dé paz. Yo me iré pensando en tu cara.


Gracias por todo, madre. Gracias por la vida y por el amor que me has dado. Nunca te olvidaré. Hasta el último momento estarás conmigo.


Con todo mi amor, tu hijo que nunca te olvidará.


Carta

Carta


Madre, si esta carta te llega algún día, es que ya no estoy aquí. Antes que nada, quiero decirte que has sido lo más importante en mi vida, la que me ha dado fuerzas cada día para resistir en esta guerra tan dura y sin sentido. Todas las mañanas, entre el barro y el ruido de las trincheras, sacaba de la cartera esa foto nuestra en el monte recogiendo setas. Yo tenía ocho años y fue la primera vez que encontré una de verdad. Ese recuerdo me ha ayudado a seguir adelante.

Por favor, no quiero que pases el resto de los días llorando por mí ni dándole vueltas a qué podrías haber hecho diferente. No guardes rencor ni odio contra nadie por lo que va a pasar. Esto es una guerra, y en ella mueren muchas personas, yo no soy más especial que los demás ni tengo más derecho a seguir viva. Al final, el odio entre la gente es lo que nos ha traído hasta este punto.

Solo te pido una cosa: recordadme como la persona alegre que era, la que os quería con todo el corazón. No quiero que mi funeral sea un día de tristeza infinita. Preferiría que entre todos hablarais de los momentos buenos que pasamos juntos, de los que nos hacían reír. Y, por favor, cuida mucho de Urtzi y juega con él todo lo que puedas. Siempre he sido yo la que más jugaba con él, ahora te toca a ti seguir haciéndolo.

viernes, 16 de enero de 2026

Madre, si te llega esta carta, ya estaré muerto. 

No llores mucho, porfa, que me parte el alma pensarte sola ahí. He estado pensando en ti todo el rato, en cómo me peinabas con los dedos cuando me despertaba tarde para el cole, en el olor a pan que había en casa los domingos, en cómo me mirabas cuando llegaba hecho polvo y me decías “ven aquí, anda”.

Perdóname si alguna vez te contesté mal o si mis ideas te preocuparon tanto. Solo quería que el mundo fuera un poco más justo, como tú me enseñaste sin decirlo, solo con lo que hacías cada día. No hice nada de lo que me arrepienta de verdad. Solo intenté ser valiente, aunque al final no sirviera de mucho.

Cuida de los pequeños, abrázalos fuerte por mí y diles que los quiero un montón, que siempre voy a estar pendiente de ellos aunque no me vean. No guardes rencor a nadie, mamá. El odio pesa más que las cadenas que me pusieron. Tú eres más grande que todo esto.

Gracias por ser mi madre. De verdad. Has sido lo mejor que me ha pasado en la vida. Si hay algo después, te prometo que estaré ahí esperándote, y cuando nos veamos te voy a abrazar tan fuerte que no vas a poder respirar.

Te quiero más que a nada. Siempre.

Tu hijo.

Querida madre

 Quería madre,

En el caso de que te llegue la carta, habré muerto. No quiero que llores por mi ni que te duelan mis palabras, pero quiero que sepas que has sido mi pilar durante mi tiempo en las trincheras. Me voy con el corazón tranquilo, sabiendo que estarás bien, que papá y mis hermanos siguen contigo, despidelos por mi por favor. 

Gracias por ayudarme a ser valiente, por pensar en ti en mis momentos más duros. No llores pensando que tuve miedo en el final, porque no lo tuve,por una vez en mi vida no lo tuve, pude sentir la paz al pensar en papá, en ti, en casa…

No guardes rencor a los contrarios por esto, ambos bandos tenemos la culpa de lo ocurrido, por pensar que la guerra va a solucionar algo. Espero que mis muertes sean de las últimas de esta guerra y que muy pronto podáis disfrutar de salir a la calle sin miedo, con amigos y disfrutando de todas las cosas maravillosas que tiene este país, no como ahora.

Cuida del resto, si rezas no lo hagas por mí, hazlo por vosotros, por los que os quedáis, yo ya estoy descansando sois vosotros quien tenéis que llegar al final de esto.

Gracias por cuidarme siempre, por enseñarme todo lo que sé y por ser toda la persona más importante para mi en esta vida. 

Tu hija, que no te olvida.


Madre, si te llega esta carta, ya estaré muerto

 Querida y amada madre,

si te llega esta carta, ya estaré muerto. Me han dado papel y lápiz y lo primero que he pensado ha sido en ti. No sé si sabré decir lo que siento, pero necesito intentarlo para no irme con las palabras atragantadas.

No te voy a mentir: tengo miedo. Sería injusto decir lo contrario. Pero junto al miedo hay una calma extraña, como si todo pesara menos. He pensado mucho en mi vida y no encuentro nada de lo que avergonzarme. Fui como supe ser, con mis errores y mis pocas luces, y eso me da algo de consuelo ahora.

No guardo odio a nadie. La guerra nos ha vuelto duros y ciegos a todos. Ojalá algún día termine esta locura y nadie tenga que escribir cartas como esta. Yo me voy, pero otros vendrán detrás, y espero que vivan en un país donde no se mate por pensar distinto.

Pienso en ti continuamente: en tus manos cansadas, en tu voz llamándome para comer, en las noches en que te quedabas despierta hasta que yo volvía. Si he tenido fuerza en este último tramo es por ti. Todo lo bueno que haya en mí lo aprendí en casa.

Perdóname por las penas que te he dado. Sé que sufriste por mis decisiones y que muchas veces callaste para no hacerme daño. No quise ponerte en peligro ni causarte dolor. Si me equivoqué, que el error quede conmigo.

Cuando ya no esté, no vivas sólo de recuerdos. Vive, madre, todo lo que puedas. Habla de mí si te nace y guarda silencio si es lo que te calma. Ninguna de las dos cosas me ofende. Yo estaré contigo de otra manera.

Cuida de los nuestros y de ti. No te olvides de comer, de descansar, de salir al sol. Y cuando mires al cielo alguna tarde, piensa que en algún lugar estoy tranquilo, sin frío ni miedo.

Me voy pensando en ti, como cuando era niño y cerraba los ojos sabiendo que estabas cerca. Gracias por la vida y por el amor, que nadie me podrá quitar.

Tu hijo Pablo,
que te quiere hasta el final.

jueves, 15 de enero de 2026

Madre, si te llega esta carta, ya estaré muerto

 Hola mamá. Soy Juan, tú niño pequeño.

Sabes lo que significa que estés leyendo esta carta… pero no te pongas triste. No quiero que estas últimas líneas que recibas de mí parte sean de tristeza, sino todo lo contrario.

Quiero decirte que he sido la persona más afortunada de este mundo por tener la familia que tengo y sobre todo, por tenerte a ti como madre. Eres la persona más maravillosa que he conocido, sencilla, buena, positiva, alegre, humilde y con unos valores increíbles, que nos has transmitido a tu hijos. Tienes que sentirte muy orgullosa de ti misma, estar tranquila y feliz, porque has conseguido que pese a todo, me considere un niño muy feliz. Asimismo, pensar en ti y en los nuestros es lo que más ha dado fuerza aquí, en el frente. 

Siento impotencia, porque hemos tenido muy mala suerte por la época que nos ha tocado vivir. Todo hubiera sido tan diferente si esta guerra no hubiera existido…Aun así, me voy muy tranquilo, sereno y en paz. Tengo la conciencia tranquila porque sé que he hecho las cosas lo mejor que he podido y siempre he intentado poner mis valores por encima de todo.

No quiero guardar rencor a los del otro bando, es lo que ha tocado y no merece la pena. Me voy a esa vida en la que me enseñaste a creer y a la que hoy, me aferro para irme en paz. 

Mamá, no llores que no quiero imaginarte así. Siénteme siempre a tu lado, que estaré junto a ti.

Tu hijo, que te quiere y nunca dejará de hacerlo,

Juan


Madre, si te llega esta carta, ya estaré muerto

 Querida madre:

Me han dicho que mañana al amanecer nos sacan de aquí, y no quería irme sin decirte cuatro cosas, aunque sea en este papel arrugado que me han pasado.

No llores demasiado, por favor te lo pido. Sabes que me metí en esto porque pensaba que era lo justo, por defender lo nuestro y por que las cosas cambiaran un poco para los que siempre hemos trabajado duro. Ya sabes cómo se puso todo desde que los aviones empezaron a avisar y cayó el Cinturón de Hierro. Al final, Bilbao ha caído y a los que nos quedamos a aguantar nos ha tocado la peor parte.

Me acuerdo mucho de las cenas en casa, cuando todavía no faltaba el pan y subíamos a Artxanda los domingos. Dile a mi hermano que se quede con mi gabardina, que ahora que viene el frío de la ría le hará falta para ir a la fábrica. Y que cuide de ti, que no te deje sola.

No tengo miedo, madre. Solo tengo una pena muy grande por dejarte así y por no poder volver a ver el Casco Viejo contigo. He hecho lo que creía que debía hacer, y aunque ahora estemos en bandos que no se entienden, espero que algún día todo esto pase y podáis vivir tranquilos, sin este ruido de bombas y sin este odio.

Quédate con lo bueno, con que tu hijo te quiso mucho hasta el último minuto.

Un beso muy fuerte de tu hijo que no te olvida,

Julen

miércoles, 14 de enero de 2026

Madre, si te llega esta carta, ya estaré muerto

12 de junio de 1937

Madre, si te llega esta carta, ya estaré muerto. 

Después de tantos meses luchando, las tropas franquistas han llegado. Te escribo desde Gaztelumendi, Gamiz-Fika , donde yacerá mi cuerpo si nadie lo ha cambiado. Cuando comenzó esta guerra me destinaron al batallón Olabarri, y desde entonces, construimos trincheras y búnkeres por los montes de alrededor de Bilbao, llamándole a esta protección EL CINTURÓN DE HIERRO. Pero, la zona que me ha tocado es la más desprotegida. Ayer nos llegó el aviso de que algún cañalla nos ha vendido y hoy ya se están acercando. 

Madre, nose como empezar con esta carta. Nose en que momento hemos podido llegar a este momento. ¿Porque esta guerra? ¿Porque tanto odio? Es de lo más injusto pero, no quiero que te quedes estancada en el pasado y no puedas seguir adelante, por lo menos de momento.

Llora mi perdida, desde luego que si. No dejes nada dentro. Siente rabia por lo que ha pasado, acepta tus emociones pero no te quedes estancada en todo el odio. El odio no sirve, si que hay que tener conciencia de lo que ha pasado y saber en que pensamiento y acciones no hay que caer, pero nunca odies a los que nos han hecho esto. 

Hay una cosa que te quiero pedir. Me gustaría que honrases la memoria de todos los que estamos aquí. Me gustaría que cuando todo la guerra acabe y, supongo que la dictadura que venga después, saques todas tus fuerzas y nos honres. Lucha porque seamos escuchados, lucha por recordar todo lo que pasó para que nunca más caigamos en el mal que nos a comido.

Te quiero madre con todo mi corazón

Luis Zarate

domingo, 11 de enero de 2026

Dinero o amistad

 Dinero o amistad


Leer esta historia me ha hecho parar y pensar bastante. Al principio parece una decisión sencilla: un millón de euros o la amistad. Pero cuanto más lo miro, más claro tengo que el dinero no compensa traicionar a alguien tan cercano.

Claro que la cantidad marea. Es normal que en el primer segundo te pase por la cabeza “¿y si acepto?”. Yo misma pediría tiempo para pensarlo bien, porque en caliente es fácil equivocarse. Pero luego, al sentarme a valorar de verdad, lo rechazaría sin dudar.

Estamos hablando de mi amiga de siempre, de la que me abrió su corazón un día y me contó algo que le había partido en dos: un secreto que le dolió a ella, a su familia, a su padre… y que todavía le deja cicatriz. Aunque hayan pasado años, revivir todo eso en una película para que lo vea medio mundo como si fuera un culebrón… me parece una puñalada. No podría vivir con eso.

Antes de cerrar la puerta del todo, sí que hablaría con ella. Porque al final es su vida, su dolor, su decisión. Tal vez ella lo vea de otra manera o necesite cerrar ese capítulo de alguna forma. Pero si dijera que sí, el dinero no lo tocaría yo ni de broma. No soy yo la que pasó por eso, no tengo derecho a beneficiarme. Lo que haría es estar ahí: escuchándola, apoyándola, sea cual sea su respuesta. Porque al final lo que cuenta es seguir siendo la persona en la que ella confía, no tener un millón más en la cuenta.

Para mí, una amistad así vale infinitamente más que cualquier pasta.

Dinero o amistad

Hace un año una amiga mía me contó una terrible historia sobre su padre. Esa misma noche había quedado con un chico y como llegué impactada a la cita, le conté la historia, eso sí, obviando cualquier nombre. Para mi sorpresa, ayer me volvió a escribir este chico diciéndome que había hecho un guion con la historia, que se la iban a comprar en una plataforma y que por ello le darían 1 millón de euros. Me ofreció darme una parte.

Llevo desde ayer por la noche dándole vueltas a si aceptar o no, y lo más complicado, a cómo explicarle esto a mi amiga. 

Sobre el dinero, creo que lo voy a aceptar porque, independientemente de si acepto o no el dinero, él va a vender el guion. La duda más bien sería qué hacer con ese dinero. Aquí veo dos opciones: o me lo quedo o comparto una parte con mi amiga. Creo que sería incapaz de quedármelo para mí.

Y esto me lleva a la siguiente pregunta, si decírselo a mi amiga. Creo que lo mejor es ser sincera con ella, contarle todo tal y como pasó y decirle que vamos a medias en el dinero que me dé el chico.

Espero que con todo esto mi amiga no se enfade, al final en el guion no sale ningún nombre. La historia de su padre fue una realidad, la película se va a vender y al final ella y yo ganamos un dinero. Ahora bien, espero que ella lo vea todo igual que yo y que no pierda a una amiga por todo esta historia.

Dinero o amistad

 Lo que ha pasado es que me he metido en un lío moral tremendo por un error de una noche. Mi amiga se abrió conmigo para soltar el peso de que su padre fue el autor de aquel atropello que conmocionó a todos y yo, por la presión del momento y los nervios de una cita, acabé contándoselo al chico que me gustaba. Un año después, ese tío reaparece no para pedirme otra cita, sino para decirme que ha vendido nuestra conversación como un guion por un millón de euros y que quiere darme una parte. Ahora mismo me siento fatal porque me doy cuenta de que puse precio a la confianza de alguien que me necesitaba.

No aceptaría el dinero bajo ninguna circunstancia. Si cojo ese millón, o la parte que me toque, estoy vendiendo definitivamente mi lealtad y lucrándome con la muerte de un niño y la ruina emocional de mi amiga. Aceptar el dinero me haría cómplice de un oportunista que no ha tenido escrúpulos en usar una tragedia real para hacerse rico. Ese dinero me quemaría en las manos y me recordaría cada día que traicioné a la persona que más confió en mí en su peor momento.

A mi amiga tengo que decírselo, aunque me cueste perder su amistad. Es mil veces preferible que se entere por mí, asumiendo yo toda la culpa de mi indiscreción, a que un día encienda la televisión y vea su vida expuesta ante millones de personas. Tengo que pedirle perdón, contarle lo que este chico planea hacer y renunciar a cualquier beneficio, ayudándola en lo que necesite para intentar parar eso o protegerse. El silencio solo me convertiría en una cobarde y en alguien que no merece su cariño.

¿Dinero o amistad?

 Si una amiga me confiara un testimonio tan grande como ese, me sentiría muy mal al saber que por andar poco cuerda lo haya contado a alguien que ni siquiera conozco bien. Y es que por más que me ofrezcan dinero, se que en el fondo no me pertenece, ni tampoco al chico, porque en realidad esa historia fue la dura realidad de una amiga. En primer lugar, me enojaría porque el chico ha convertido aquel relato en un guión después de desaparecer de mi vida, pero tampoco puedo quejarme porque he sido yo quien se ha descuidado inicialmente.

Por más que tenga miedo, no sería capaz de cargar con el secreto por mucho más tiempo y le diría a mi amiga lo sucedido. Se qué para ella sería una situación muy difícil, y está en todo su derecho de enojarse o sentirse impactada, pero prefiero que ella sea quien acepte o rechace la oferta, porque al final de cuenta ella es la hija de quién vivió esa experiencia. Y no sé si ella pueda confiar en mí, por lo que admito que me dolería que no me contara más cosas, pero soy consciente de que debí cuidar mejor su experiencia. En el caso de que ella acepte la oferta, prefiero que ella se beneficie del dinero, pues para mí es lo más justo y al final si alguien merece el crédito de esa historia es la persona que estuvo más involucrada en la vida real. 

Dinero o amistad

Aunque no debería haberle contado el secreto al chico, ya no hay nada que se pueda hacer. Lo que pasó, pasó, así que aceptaría el dinero, pero no me lo quedaría, si no que se lo daría a mi amiga. Como ya cometí el error de haber contado su secreto al chico, al menos podría aprovechar la ocasión para intentar remediarlo de alguna manera. Aparte, si no aceptara el dinero, el chico haría la película de todas formas y se quedaría con todo, así que no serviría de nada rechazarlo.

 

Obviamente, antes de darle el dinero, tendría que admitirle a mi amiga que se me fue la lengua y que conté su secreto , porque si no a lo mejor se queda flipando de que le dé una suma enorme de dinero así porque sí. Entendería perfectamente que se enfadara conmigo e incluso que dejase de hablarme, pero creo que si no se lo contara, le estaría volviendo a traicionar, sobre todo si me quedara yo con el dinero. Ya le traicioné una vez, y por mucho que me cueste, no quiero volver a hacerlo. Ella sabrá lo que hacer con el dinero, si quedárselo, donarlo, etc.

 

 

Dinero o amistad

Sinceramente no se si sería capaz de tomar una decisión así en caliente, me llevaría días pensarlo y le daría mil vueltas por mucho que parezca egoísta por mi parte.

Considero, por una parte, que no me parece para tanto que esa historia salga a la luz ya que no salen los nombres de los personajes y cualquiera podría pensar que es ficticio. Además, pasó hace mucho tiempo y la mayoría de gente se habrá olvidado de ese accidente (menos los familiares, obviamente). El caso no es ese, sino que cuando la gente lo lea no va a pensar que es la historia que paso hace años en su ciudad, el problema viene cuando lo lee mi amiga, se sentirá identificada y puede ser que piense que yo se lo conté a alguien y que le traicione, pero por otra parte, pienso que se podría sentir identificada con la historia sin llegar a pensar que es la suya, más bien la de su padre. Yo creo que si lo aceptase dependería mucho de la reacción de mi amiga, y si yo supiese esa reacción estoy segura que sabría si aceptar el dinero o no. 

Por otro lado, lo más coherente sería rechazar ese dinero, ya que es una historia real de una muy buena amiga, la cual me contó esa historia en confianza y aceptar el dinero sería como traicionar a esa amiga que confió en mi cuando estaba pasando por un mal momento. Tener ese dinero en mis manos supondría sentirme mala persona y sobre pensar todo el tiempo por pensar que aceptarlo era buena idea.

Por lo tanto, como no sé leer los pensamientos de mi amiga ni mucho menos, creo que no me arriesgaría, no aceptaría el dinero (aunque en el fondo me duela rechazar tal oferta).

Dinero o amistad

 


La verdad es que nada más recibir la llamada me quedé

bloqueado, nunca llegué a pensar que el efecto que me hicieron

esas tres cervezas me fueran a llevar a la situación de aquel momento.

Después de procesar todo le pedí un tiempo para tomar la decisión,

ya que obviamente sabía que no era lo más leal vender la dura historia de

alguien con quien he compartido amistad durante toda mi vida.


Durante esos días estuve constantemente dándole vueltas al

tema. En algunos momentos me salía el impulso de llamar

y aceptar el dinero, pero en otros momentos mi cabeza se llenaba de

pensamientos negativos. Tras mucho pensarlo llegué a la

conclusión de que debía hablarlo con mi mejor amiga

y contarle todo lo que pasó aquel día. 

En un primer momento el ambiente era algo tenso, pero con el tiempo fue

entendiendo la situación en la que estaba aquel día. Al final me dijo que ella

no quería influir en mi decisión y que si realmente necesitaba ese dinero

aceptase la oferta.


Yo realmente no tenía una necesidad excesiva a pesar

de que algo más de dinero nunca viene mal. Por eso decidí contarle toda

la historia al chico que había escrito el guión. Él entendió todo y me propuso

quedar conmigo y con mi amiga. En esa reunión nos dijo que en caso de

aceptar la oferta, había decidido que el dinero lo iba a repartir entre

nosotros 3. Mi amiga decidió aceptar tras leer el guión y finalmente la

película tuvo un éxito increíble.

Carta

  Querida Ama, Estás recibiendo esta carta porque sé que me van a ejecutar, pero lo último que quiero hacer antes de que llegue este cruel m...