Creo que esta duda se aclara si pienso en cual de las opciones va a hacerme más feliz.
Si elijo la infancia traumática, seré exitosa en lo que es mi vocación. Indudablemente, ser excelente en lo mio me haría sentir orgullosa, realizada y que estoy marcando un antes y un después en un campo importante para mí, lo cual me haría feliz. Pero ¿podría disfrutarlo a pesar de mis traumas? Creo que hay una probabilidad alta de que la respuesta a esta pregunta fuese que no. No son pocos lo grandes artistas que nunca fueron felices por su pasado tormentoso. Hay veces que ni el éxito ni la terapia son capaces de curar las cicatrices del pasado.
Si elijo la infancia plácida, estaré condenada a ser una creadora mediocre, por lo que nunca me sentiría realizada en mi vocación y tendría que acabar trabajando de algo que no me llene del todo o viviendo mes a mes. Sin embargo, creo que es más fácil adaptarse a no alcanzar el éxito que a tener una infancia traumática. Creo que acabaría encontrando otras cosas que me llenen.