domingo, 15 de febrero de 2026

tentacion

La tentación es el impulso de hacer algo que deseamos aunque sepamos que no es lo mejor o lo más conveniente. No siempre se trata de elegir entre el bien y el mal, sino entre lo que nos apetece en ese momento y lo que sabemos que es mejor a largo plazo, entrando en conflicto con nuestros valores y lo que hemos aprendido.

Es más difícil resistir una tentación cuando nadie nos observa, ya que desaparece el miedo al castigo o a la opinión de los demás. Cuando estamos solos, se trata únicamente de nuestra propia conciencia. En esas situaciones se demuestra si actuamos correctamente por convicción o solo para evitar consecuencias externas. Si una persona solo se comporta bien cuando la vigilan, entonces su conducta depende más del control social que de una decisión personal. La verdadera prueba moral ocurre cuando nadie ve lo que hacemos.

La edad y el momento influyen en el tipo de tentaciones que se experimentan, porque cambian nuestras prioridades. En la adolescencia, por ejemplo, las tentaciones suelen estar relacionadas con el placer inmediato, la aceptación social o la rebeldía. En la adultez pueden aparecer otras vinculadas al dinero, al poder o al éxito. Esto demuestra que la tentación no es siempre la misma, sino que se adapta a lo que cada persona considera más importante en su vida y a sus condiciones.

Resistir una tentación no nos hace automáticamente mejores personas. Depende del motivo por el que se resiste. Si se hace por coherencia con los propios principios, puede fortalecer el carácter y ayudar a madurar. Sin embargo, si se resiste solo por miedo o presión social, no te hace ser mas maduro. En este sentido, la tentación no solo es un peligro, sino también una oportunidad para reflexionar sobre nuestras decisiones y conocernos mejor.

Tentación

 La tentación forma parte de la vida de todas las personas. Yo no me considero débil ante la tentación, pero tampoco perfecto. A veces me puede la pereza, como quedarme más tiempo en la cama o dejar una tarea para mañana. Son tentaciones pequeñas, del día a día. No me arrepiento gravemente de nada, aunque sí he pensado en ocasiones que podría haber aprovechado mejor mi tiempo. De esos momentos intento aprender.

Creo que es más difícil resistir una tentación cuando nadie nos observa. Cuando estamos solos, no sentimos la presión social ni el miedo al juicio de los demás. Actuamos solo según nuestra conciencia. Por eso, resistir en esos momentos demuestra un autocontrol más fuerte y sincero. Hacemos lo correcto no por quedar bien, sino por convicción.

También pienso que la edad y el momento vital influyen mucho en las tentaciones. Por ejemplo, en la infancia las tentaciones suelen ser simples, como no hacer los deberes o no obedecer. En la adolescencia aparecen otras más relacionadas con la aceptación social o la rebeldía. En la adultez, las tentaciones pueden tener consecuencias más importantes, como descuidar responsabilidades o tomar decisiones impulsivas.

Resistir una tentación no nos convierte automáticamente en mejores personas, pero sí nos ayuda a crecer. Nos fortalece, mejora nuestra disciplina y nos da satisfacción personal. Aun así, caer alguna vez también es humano y nos recuerda que estamos aprendiendo constantemente.

Tentación

 Las tentaciones están presentes en nuestro día a día y son una lucha constante que nunca acabará. Yo, por ejemplo, creo que dependiendo de la tentación que sea, soy más débil o fuerte. Por ejemplo, perder tiempo con el móvil o comer dulces de más es algo en lo que caigo siempre, además de dejar todo para último o dormir horas un día antes de un examen. Pero cuando se trata de una tentación más compleja, hago lo posible para reflexionar antes de tomar una decisión precipitada. Realmente aún no he cometido ninguna tentación que me haya afectado de gran manera, pero soy consciente de que en algún momento puede suceder. 

Es cierto que cuando nadie nos ve puede ser más probable caer en una tentación, pues cuando somos vigilados, al menos yo, no me atrevo a meter la pata. Considero que cada quien tiene distintos tipos de tentaciones según su edad, pues cuando somos más pequeños se trata de cosas muy simples, como comerse un dulce a escondidas. Sin embargo, cuando crecemos las consecuencias de nuestras acciones cobran más peso. Por ejemplo, yo al ser adolescente a veces caigo en la tentación de no estudiar mucho, y tal vez ese día no me pase nada por no estudiar, pero afecta a mi rendimiento escolar, lo que no es conveniente para una etapa decisiva.

Finalmente, creo que resistir tentaciones nos hace fuertes. A menos que sea una tentación buena. Me refiero a situaciones en donde estamos tentados a ayudar en algún conflicto pero no lo hacemos por miedo, por lo que tal vez hay ocasiones donde si vale la pena caer. Pero en general, si sabemos controlarnos para evitar caer en malas tentaciones y si nos armamos de valentía para luchar por una causa justa, podríamos mejorar como personas.

tentación

La tentación es algo común y no considero que sea una señal de debilidad. En mi caso, mi principal dificultad es la procrastinación. A veces me cuesta cumplir con las tareas que tengo planificadas si requieren mucho esfuerzo, y termino distrayéndome con cualquier cosa por no empezar.

Cuando dejo las cosas para más tarde, suelo sentir cierta frustración. No es un sentimiento profundo, pero sí me molesta saber que voy a tener que terminarlo con prisa o con un estrés que se podría haber evitado. Es simplemente una falta de organización que solo genera un agobio innecesario.

Creo que es mucho más difícil controlarse cuando nadie nos observa. La presencia de otras personas ayuda a mantener una imagen de constancia, pero a solas es muy sencillo buscar una excusa para no hacer lo que toca. Al final, el autocontrol se demuestra cuando no hay nadie alrededor para juzgar nuestras decisiones.

También pienso que el tipo de tentaciones cambia con la edad. De niños eran deseos muy simples, pero ahora tienen más que ver con las responsabilidades y con cómo gestionamos el tiempo. Seguramente, según pase el tiempo, las decisiones serán más importantes y las consecuencias de no cumplir serán mayores.

Para terminar, no creo que resistir una tentación nos haga mejores personas. Simplemente ayuda a ser más disciplinado y a vivir con más tranquilidad. Ser capaz de cumplir con lo que te propones permite evitar agobios innecesarios y estar más conforme con el trabajo realizado.

Tentación

Personalmente, mis tentaciones suelen estar relacionadas a actos simples del día a día y a la pereza: procrastinar el estudio, posponer el deporte o distraerme con el móvil. Aún así, no me considero una persona débil ante la tentación. Soy consciente de las cosas que tengo que hacer y de las que no, para así poder descansar con la mente tranquila. 

Creo que sin duda es mucho más difícil resistir una tentación cuando nadie nos observa porque no sentimos la responsabilidad de nuestros actos, ni que nos están juzgando. Hacemos las cosas por uno mismo y no por pretender sorprender o satisfacer a alguien.

Además, considero que la edad o el momento vital sí que condiciona las tentaciones que se experimentan. Por un lado, las tentaciones de los niños pequeños suelen ser simples: no recoger los juguetes. Por otro lado, las tentaciones de la adolescencia están más relacionadas a situaciones del día a día, la aceptación social… . En cambio, cuánto más mayores se es, las tentaciones tienen mayor importancia porque tenemos la responsabilidad de dar ejemplo y las consecuencias son mayores.

Por todo lo mencionado, considero que resistir a la tentación no nos hace mejores personas, sino que nos fortalece y nos aporta satisfacción personal de pensar que somos capaces de conseguir lo que nos hemos propuesto. Así, podemos mejorar nuestra disciplina y autocontrol. Aún así, caer ante alguna tentación, también tiene su gracia.

Tentación

 La tentación forma parte de la vida diaria de las personas. No siempre se presenta en forma de grandes decisiones sino que, muchas veces aparece en pequeños gestos diarios. En mi caso, no me considero una persona débil ante las tentaciones. Como todo el mundo, tengo las mías: aplazar una tarea por pereza, quedarme unos minutos más en la cama cuando suena el despertador o distraerme con el móvil en vez de empezar a estudiar. Sin embargo, suelo ser consciente de mis responsabilidades y eso me ayuda a no caer en ellas.


Cuando cedo ante alguna de estas pequeñas tentaciones, a veces siento cierto arrepentimiento, pero no es grave ni duradero. Se trata más bien de esa sensación incómoda de saber de que podría haber aprovechado mejor mi tiempo. No son grandes, sino pequeños fallos cotidianos que forman parte de nuestra rutina y que, en cierto modo, nos recuerdan que no somos perfectos.


Creo que es más difícil resistir una tentación cuando nadie nos observa. La presencia de otras personas, o incluso la posibilidad de ser juzgados por caer en ellas, influye en nuestro comportamiento. Cuando estamos solos, desaparece esa presión externa y todo depende únicamente de nuestra fuerza de voluntad. Si nadie va a ver que hemos pospuesto una tarea o que hemos decidido no cumplir con algo, resulta más fácil justificarlo.


Además, pienso que la edad y el momento vital influyen mucho en el tipo de tentaciones que se experimentan. En la infancia, suelen ser cosas simples e inocentes. Durante la adolescencia, las tentaciones están más relacionadas con la presión de tus amigos entre otras cosas. En la adultez, en cambio, las tentaciones pueden tener consecuencias mayores, ya que las responsabilidades que tienen son mayores y por lo tanto, tienen más  impacto.


En conclusión, resistir a las tentaciones no nos convierte automáticamente en mejores personas, pero sí fortalece nuestra disciplina y autocontrol. Aun así, caer de vez en cuando en pequeñas tentaciones cotidianas también forma parte de nuestra existencia y no debe verse siempre como algo negativo, sino como una oportunidad para aprender y mejorar.

sábado, 14 de febrero de 2026

La tentación

A ver, la tentación es algo que todos hemos sentido alguna vez, ¿no? Es esa cosa de saber que algo está mal, pero igual te dan ganas de hacerlo. A mí me ha pasado con cosas pequeñas, como dejar todo para último momento o hacer algo que no debo. En ese momento, parece que da igual, pero después pienso que podría haber hecho otra cosa.

Nadie es de acero, creo yo. Todos metemos la pata, está claro. A veces he hecho cosas de las que me he arrepentido después, no por que fueran tan graves, sino porque sabía que podía haber actuado distinto. El arrepentimiento es feo, pero sirve para aprender y no repetir la misma situación.

Creo que cuesta más aguantar la tentación cuando nadie nos ve. Cuando estamos solos, pensamos que no pasa nada. Es como si nadie viera, entonces hacemos lo que queremos. Pero en verdad sí hay alguien que lo sabe: nosotros mismos. Nuestra conciencia no se va, y por eso después nos sentimos mal.

También pienso que la edad cambia las tentaciones. De jóvenes, las tentaciones suelen ser por amigos, estudios o querer ser como los demás. Al ser más mayores igual tienen que ver con el trabajo, el dinero o decisiones más importantes. Cada edad tiene lo suyo. Para mí, aguantar una tentación nos hace mejores. No perfectos, porque eso es imposible pero muestra que intentamos hacer lo correcto. Cada vez que decimos que no a algo que no nos hace bien, crecemos un poco más.


viernes, 13 de febrero de 2026

Tentaciones

 Las tentaciones están presentes en mi vida, al igual que en la de todos. Sin embargo, me considero una persona fuerte de mente, ya que  no suelo dejar que me gane la pereza y hago lo que tengo que hacer y no lo que me apetece, pero reconozco que a veces soy débil ante ellas. 

Cuando me pasa y caigo en la tentación suelo sentirme mal luego y en algunos casos, siento incluso arrepentimiento. No es plato de buen gusto reconocer que se es débil y que las pasiones han tomado el control de tus actos a pesar de haber tratado de no hacerlo. Pero hay veces que la tentación es tan grande que no hay nada que hacer.

En mi opinión hay veces que es más difícil resistir que otras veces, un ejemplo es resistir una tentación cuando no hay testigos, porque si nadie mira parece  que no haya consecuencias. Creo que  la falta de miradas externas puede hacer bajar la guardia a cualquiera  y que actúe de forma impulsiva.

También creo que la edad y el momento vital influyen mucho en el tipo de tentaciones que se experimentan. A medida que uno crece, cambian las prioridades y también los deseos. Algunas tentaciones pierden importancia, mientras que otras aparecen con más fuerza. 

Con el tiempo he aprendido a conocerme mejor y a reconocer mis propias debilidades. Resistir una tentación requiere esfuerzo, autocontrol y reflexión. No siempre lo consigo, pero cada intento me enseña algo nuevo. Cuando logro decir no, me siento orgulloso y más seguro de mí mismo. Considero que resistir una tentación no nos hace perfectos, pero sí nos ayuda a crecer como personas y a tomar decisiones más conscientes.


domingo, 18 de enero de 2026

Carta

 Mamá, si te llega esta carta, ya estaré muerto. 


Se que ahora mismo estarás enfadada y no entenderás porque lo hice, pero me conoces perfectamente y sabes que nunca he sido de mirar hacia otro lado cuando las cosas son injustas. Si nadie defiende y lucha por la democracia viviremos siempre bajo la sombra de los falangistas, alguien tiene que hacerlo, y se que muy a tu pesar yo he sido una de esas personas. Pero si he muerto por ser fiel a mis principios estoy completamente satisfecha. Así que por favor mamá quédate con eso, con que he sido feliz y me he ido de la misma forma, con la cabeza muy alta. 


Te quiero mucho y siento que me tenga que ir tan pronto, pero de una forma u otra siempre estaré a tu lado. Cuídate mamá y no dejes que el odio te corrompa, trata de ser feliz aunque los otros ganen, no les des el gusto de arruinarte la vida más de lo que ya lo han hecho. Pero recuerda ser siempre fiel a nuestros principios y educar a quienes puedas con esos valores, es importante que siempre halla algunos con la cabeza amueblada para que más tarde puedan contar la historia tal y como fue.


Gracias mamá, gracias por todo. Hasta siempre.


Tu hija, 


Julia

Carta

 

Querida Ama,

Estás recibiendo esta carta porque sé que me van a ejecutar, pero lo último que quiero hacer antes de que llegue este cruel momento es despedirme de ti. Espero que, desde la tristeza que estarás sintiendo, esta carta te reconforte.

Quiero decirte que en estos 24 años de vida he sido muy feliz. Tú me diste la vida, me enseñaste los valores que me han hecho ser como soy hoy en día, me diste unos hermanos a los que adoro, me diste un hogar, me has enseñado a ser libre, a disfrutar de cada momento, a aprender de la dureza de la vida, a apreciar la belleza de las personas… todo lo bueno de mi vida me recuerda a ti.

Es cierto que me hubiera gustado compartir más momentos contigo pero me voy muy satisfecho por todo lo que he vivido. Quiero que te quedes con este recuerdo, que siempre que esté triste, puedas leer esta carta y te saque una sonrisa y un sentimiento de orgullo porque has sido la mejor madre que podría haber tenido.

Diles a mis hermanos que cuiden siempre de ti, aunque las cosas no sean fáciles. Desde el cielo os cuidaré. Espero que os acordéis de mi tanto en las buenas como en las malas.

Os quiero y os querré siempre,

Tu hija Marina.

Madre, si te llega esta carta, ya estaré muerto

 Madre, si te llega está carta, ya estaré muerto

Madre, se que es la última vez que te voy a dedicar mis palabras, y realmente no sé qué escribir en una ocasión como esta. Pero no quiero causarte dolor ni mucho menos tristeza, porque sé que a lo largo de la vida ya te he hecho pasar por eso. Así que hoy quiero agradecerte por todo lo que has hecho por mí, por enseñarme a luchar por la justicia y por haber cuidado de mis valores. Has hecho un gran trabajo por mí todos estos años y para mí es un honor haber luchado hasta el final, aunque eso me cueste la vida.

No te voy a mentir, tengo mucho miedo, como nunca antes he tenido. Sabes que en el fondo siempre he sido un cobarde, pero como tú me has enseñado, ser valiente no implica dejar de sentir miedo, sino soportar todo lo que implica salir adelante, y eso es lo que haré el día de hoy. Cómo desearía estar a tu lado y abrazarte como cuando era pequeño y me sentía asustado por mis pesadillas. Y a pesar de que hoy estoy viviendo en una, pronto despertaré y te abrazaré desde mi alma. Será un abrazo eterno que te acompañará en donde sea que estés, porque cuando leas esta carta y mires al cielo, ahí estaré yo sonriendo. Así que sin más, gracias por todo lo que has hecho por mí madre. Sigue viviendo con amor, así como viviste amándome a mí, hasta que algún día nos veamos de nuevo.

Con cariño,

Tu hijo.

Carta

 Mamá, si te llega esta carta, ya estaré muerto. 


Se que ahora mismo estarás enfadada y no entenderás porque lo hice, pero me conoces perfectamente y sabes que nunca he sido de mirar hacia otro lado cuando las cosas son injustas. Si nadie defiende y lucha por la democracia viviremos siempre bajo la sombra de los falangistas, alguien tiene que hacerlo, y se que muy a tu pesar yo he sido una de esas personas. Pero si he muerto por ser fiel a mis principios estoy completamente satisfecha. Así que por favor mamá quédate con eso, con que he sido feliz y me he ido de la misma forma, con la cabeza muy alta. 


Te quiero mucho y siento que me tenga que ir tan pronto, pero de una forma u otra siempre estaré a tu lado. Cuídate mamá y no dejes que el odio te corrompa, trata de ser feliz aunque los otros ganen, no les des el gusto de arruinarte la vida más de lo que ya lo han hecho. Pero recuerda ser siempre fiel a nuestros principios y educar a quienes puedas con esos valores, es importante que siempre halla algunos con la cabeza amueblada para que más tarde puedan contar la historia tal y como fue.


Gracias mamá, gracias por todo. Hasta siempre.


Tu hija, 


Eva

Carta

 Ama,

Te escribo esto rápido porque ya sé que mañana no voy a estar aquí. Si te dan este papel, es que ya ha pasado todo. No le des más vueltas a las cosas, ha tocado así y ya no se puede hacer nada.

Lo que más me duele es que no os voy a volver a ver. Te voy a echar mucho de menos, mamá, y a mi padre también. Dile que lo siento si alguna vez nos enfadamos por tonterías, que yo le quería mucho aunque a veces fuera cabezota.

A mis hermanos diles que no se olviden de mí, pero que sigan con su vida. Me da mucha pena ser la pequeña y tener que irme la primera, sin ver qué va a ser de ellos. Decidles que se porten bien, que no se metan en líos y que te ayuden en todo lo que puedan ahora que vais a tener más trabajo.

En el paquete que tiene el guardia he dejado mis cosas. El abrigo está casi nuevo, que se lo quede alguno si le sirve. Por favor, no le tengáis odio a nadie del pueblo; no quiero que por mi culpa estéis siempre peleados con los vecinos, que eso no arregla nada.

Se me acaba el tiempo y el guardia me está mirando. No llores mucho por mí, piensa que ya estoy descansando de todo este miedo. Te quiero un montón, a ti, a papá y a mis hermanos.

Un beso muy fuerte de vuestra hija pequeña.

BLOG 6

 Querida madre,

Si estas líneas llegan a tus manos, significa que ya no estaré. Me han condenado esta mañana, a las siete en punto, bajo un cielo que ni siquiera se dignó a llover. No hubo juicio de verdad, solo voces que gritaban mi nombre como si fuera un insulto. Me acusaron de cosas que no hice y de otras que sí, pero que hice por creer que había un mundo mejor. Ahora sé que la verdad es lo primero que muere en la guerra. No llores por mí, madre. Llora por los que se quedan, por los que tendrán que cargar con el silencio de los que callamos para siempre. Llora por mi hermana, que se quedará sin hermano mayor; por padre, que fingirá que no le duele porque así le enseñaron los hombres de su tiempo. Diles que no me arrepiento de haber elegido un bando, sino de que los bandos existieran. He pensado mucho en ti estos días. En cómo me peinabas con los dedos cuando era pequeño, en el olor a pan recién hecho que salía de la cocina, en la forma en que rezabas bajito cuando creías que nadie te oía. Esas cosas pequeñas son las que me han sostenido hasta el final. No las grandes ideas, no las banderas. Solo tú. Si algún día pasa por casa un hombre con los ojos cansados y te pregunta por mí, dile que morí pensando en el sabor de tu caldo de gallina y en la risa de los niños que jugaban en la plaza. Dile que no tuve miedo al último momento, porque el miedo se acaba cuando ya no queda nada que perder. Perdóname por no haberte abrazado más veces, por haber discutido por tonterías, por haberme ido sin despedirme como merecías. Perdóname también por dejar que esta guerra nos robe lo poco que teníamos. Madre, vive. Vive por los dos. Cuida el huerto, canta las canciones que me cantabas, y cuando veas salir el sol, piensa que una parte de mí está en esa luz que calienta la tierra. No me busques en los cementerios ni en las fosas. Búscame en los sitios donde fuimos felices. Te quiero más de lo que las palabras saben decir. Hasta siempre, Tu hijo.

carta

Ama, para cuando te llegue esta carta ya estaré muerto.

Me gustaría decirte que muero satisfecho, que muero con la certeza de estarme sacrificando por un bien mayor, que si pudiese volver atrás en el tiempo no cambiaría nada.

Pero no te quiero mentir. No estoy seguro de por qué estoy dejando mi vida en el campo de batalla. Sé que estamos con la república porque el vecino José es republicano, sé que vine a luchar para defender a mi familia, para que aita no se tenga que esconder en el monte. Sin embargo, ahora he dejado de creer que matando a los del otro bando conseguiré que tú, aita y mis hermanas viváis mejor. 

No solo porque creo que ya hemos sido vencidos por Franco, sino porque me he dado cuenta de que este país no se convertirá en un buen lugar para vivir tras esta guerra.

Los ganadores siempre iban a ser los más violentos, los más despiadados, a los que menos les importase acabar con cientos de miles de vidas por poder, gente que no debería estar al mando.

Lo que más me duele es dejarte sola a lidiar con los próximos años, que se que serán de los más duros de vuestras vidas. Se fuerte por mi, cuida mucho de todas mis hermanas. Puede que aita vaya a la cárcel, sobretodo con ese cura que nos la tiene jurada y que no dudará en delatarle. Apóyate en Águeda, que aunque solo tiene 14 años ya es muy madura para su edad. 

Dile a toda la familia cuanto les quiero. No dejes que cuando me recuerden sea con tristeza, que el último mes de mi vida no sea el que me defina. 

Tu hijo que os quiere muchísimo.

Ama, para cuando te llegue esta carta, ya estaré muerto

 Kaixo Amatxu:

No sé escribir estas cosas bien, ya lo sabes, pero tenía que dejarte algo dicho. Cuando leas esto ya no estaré. Imagíname hablándote despacio, como cuando llegaba reventado y me sentaba a tu lado sin abrir la boca, solo respirando.

No hemos ganado, eso está claro. Pero tampoco creo que nos hayamos equivocado por intentarlo. Me jode pensar que ahora van a decir de todo, que nos van a poner nombres feos, pero tú me conoces. Sabes por qué me quedé hasta el final. No fue por odio, ama. Fue por no irme con la cabeza gacha.

Si algún día pasas por el parque de siempre, o por el bar de la esquina, o por el portal donde me esperabas con la luz del descansillo encendida… no te quedes solo con este final. Acuérdate también de cuando era uno más del montón, de cuando llegaba hecho mierda y me reñías por la ropa, de cuando creíamos de verdad que las cosas podían cambiar. Con eso ya me vale.

Sé que vienen tiempos duros. No te fíes de cualquiera, pero tampoco te encierres del todo. Hay que seguir viviendo aunque pese como una losa. Yo ya no voy a poder echarte una mano y eso es lo que más me quema por dentro.

Gracias por criarme como me criaste. Si he llegado decente hasta aquí, es por ti. Ojalá hubiera podido decírtelo mirándote a los ojos una última vez, pero me tengo que conformar con que lo leas y lo sepas.

Tu hijo,

Ander.

Carta

Hola ama,

Si te llega esta carta, ya estaré muerto. No quiero que estas palabras te traigan más lágrimas de las que sé que ya has derramado, sino que te sirvan de consuelo cuando el silencio se haga grande en casa.

Me han comunicado que al alba todo habrá terminado. Te escribo sentado en el suelo, con la luz de una vela que se apaga, pero con el pensamiento puesto en ti, en el olor a pan de nuestra cocina y en las tardes de verano en la puerta de la calle.

Quiero pedirte un favor: no guardes odio. El odio es una carga demasiado pesada para un corazón tan bueno como el tuyo. Muero con la conciencia tranquila, sabiendo que no hice mal a nadie y que solo soñé con un mundo un poco más justo. Si alguien te pregunta por mí, diles que fui un hombre honrado.

Cuida de mi hermano. Dile que estudie, que trabaje y que viva por mí todo lo que a mí no me dejaron vivir. Que no olvide mi nombre, pero que no lo lleve con tristeza.

Ama, me vienen a buscar. Siento el frío de la mañana, pero el calor de tu recuerdo me abriga. No llores al pensar en mi cuerpo, piensa que ahora soy parte del aire de nuestro pueblo, de la tierra que tanto trabajamos y de la libertad que siempre buscamos.

Te quiero más que a mi propia vida. Hasta siempre, ama.

Tu hijo.

Carta

Ama,

cuando te llegue esta carta, ya estaré muerto. Me han dicho que escriba deprisa y con letra clara. No quiero que estas líneas sean solo de tristeza, aunque me cuesta evitarla.

No llores por mí. Piensa que he vivido conforme a mis ideas y con dignidad. Me voy con la conciencia tranquila, aunque con el corazón encogido por dejarte sola. Me duele más eso que la muerte misma.

Recuerdo la casa, el olor del pan tostado por la mañana. Ojalá hubiera podido darte una vida mejor y devolverte todo lo que hiciste por mí. Perdóname si alguna vez fui duro o desagradecido. Aquí, cuando uno está a punto de morir, entiende por fin lo que de verdad importa.

No guardes rencor. Sé que es difícil, pero el odio solo alarga el sufrimiento. Esta guerra nos ha roto a todos, incluso a quienes creen haber ganado. Cuida de los míos, si puedes, y diles que los quise hasta el final.

Yo me voy tranquilo pensando que, mientras tú me recuerdes, no estaré del todo muerto.

Tu hijo.

carta

 Madre, te escribo esta carta con papel prestado de una de mis compañeras y con un boli que intercambié hace dos días por mi ración de desayuno. Cuando estés leyendo esto ya estaré muerta. Los malditos fascistas me habrán fusilado. No sufras por mi, muero con la consciencia tranquila de que lo estoy haciendo por defender todo lo que mi padre y tú me habéis enseñado.


No quiero que te hundas después de esto, recuerda todo lo que he sido y siéntete orgullosa de la hija que tienes, porque yo no puedo estar más agradecida de la madre que he tenido. 

Dile a mi padre que cuente mi historia de la misma forma que me ha contado él a mi todas esas miles batallas. Que la cuente con orgullo, y que la recuerde con amor en lugar de  con tristeza. Apoyaros entre vosotros, como siempre habéis hecho.


Dile a mis hermanos que haber aprendido de ellos cada día ha sido una de las mejores cosas que me han pasado. A Garazi que la he admirado siempre y a Imanol que aunque no siempre se lo demuestre, que le quiero. 


Ya lo saben, pero recuérdale también a mis amigas que han sido las responsables de los mejores momentos de mi vida.  Que me han inspirado y animado a ser quien realmente soy. Diles que cada noche miro a las estrellas,  y por un momento,  es como si estuviera al lado de ellas hablando de nuestros sueños y miedos en aquellas noches de primavera.


Por último madre, antes de despedirme para siempre, como última voluntad quiero que en mi memoria, os juntéis todos aquellos que alguna vez he querido. Quiero que juntos, mientras me recordáis, subáis a un monte. Uno de la costa. Cuando estéis ahí, entre el verde y el azul, os quedéis en silencio escuchando el sonido de las olas. Ahí me tendréis a mi. 


Te quiere, 

tu hija pequeña.

carta

Hola amatxu,

Si recibes esta carta es porque ya no estoy. Me da pena escribirlo pero quiero que lo sepas desde la primera línea para que no te engañe. Que nadie te lo suelte, que nadie te lo diga  con mala leche.

Quiero darte las gracias por todo. No sólo por haberme traído al mundo, por haberme cuidado cuando era una niña, por enseñarme a trabajar y no a bajar la cabeza. Todo lo que he sido te lo debo a ti. Si una vez hice algo bien fue porque yo te vi hacerlo antes.

No llores por mí más de las cuentas. Lo sé, es fácil decirlo y difícil hacerlo, pero no quiero que pienses en mí con dolor. He tenido miedo, no voy a mentirte, pero también he pensado mucho en ti y eso me ha dado calma. Me voy pensando que tuve una buena madre y eso es más de lo que muchos dicen que tienen.

Que te perdones por las preocupaciones que te di, las noches en vela y las veces que no te hice caso. Ahora entiendo cosas que antes no entendia. 

Cuídate mucho. Come y descansa, y apoyate en quien te quiera bien. No te quedes sola. Hábla de mí si lo necesitas, y si no, quédate callada, como tú sabes callarte. Yo estaré en tus recuerdos, en la casa, en las cosas pequeñas.

Gracias ama, por todo lo que me diste, y por quererme siempre, incluso cuando no era fácil quererme.

Tu hija, 

Naia

Carta

Querida madre,

Si te llega esta carta, ya estaré muerto.
La escribo con la calma que no pensé que tendría nunca. Fuera aún es de noche y en el pasillo se oyen pasos que van y vienen, como si el mundo siguiera girando con normalidad. Yo, en cambio, siento que todo se ha detenido.

No quiero que esta despedida te llene de odio. Bastante ha habido ya en estos años. Quiero que, cuando pienses en mí, recuerdes al hijo que corría por casa, el que te ayudaba a hacer la cena y al que rompía cosas de casa jugando con el balón. No pienses en este lugar en el que estoy ni en los hombres que vendrán al amanecer.

No me arrepiento de haber sido quien fui. He cometido errores, como todos, pero siempre traté de ser buena persona. Si alguna vez te hice sufrir, perdóname. Lo último que deseo es que cargues con más penas de las que la vida ya te ha dado.

Cuida de mis hermanos. Diles que no guarden rencor, que estudien, que trabajen y que vivan en paz cuando todo esto termine, porque algún día esta locura pasará.

Ojalá pudiera abrazarte una vez más y deciros a ti y a toda la familia lo que os quiero. Como no puedo hacerlo, te lo dejo escrito para que nadie pueda borrarlo nunca: gracias por la vida que me diste tanto tu como toda la familia.

Con cariño,

tu hijo mayor que nunca te ha olvidado,

carta

 Hola madre,


Si estás leyendo esto es que al final ha pasado lo que no queríamos. Te escribo deprisa, porque necesito que sepas que estoy tranquilo, de verdad. No quiero que me imagines con miedo ni sufriendo en estas últimas horas, lo que hago es cerrar los ojos y acordarme de cuando era pequeño y me dabas la mano para que no me pasara nada. Con eso me basta para estar bien.

Ya sé que va a ser un golpe durísimo, pero te pido que intentes que la tristeza no te hunda del todo. No quiero que el recuerdo de hoy te amargue siempre. Por favor, no guardes odio por lo que me está pasando. Ya hay bastante oscuridad ahí fuera como para que también se te meta a ti en el cuerpo. El odio solo te hará estar más cansada y yo lo que quiero es que tú estés bien.

Pienso mucho en nuestras mañanas en la cocina, antes de irme a trabajar, cuando todavía no había empezado la guerra. Quédate con eso, con nuestras charlas y con lo que nos reíamos. Eres la mujer más fuerte que he conocido y todo lo que sé de ser una buena persona lo aprendí de ti. Gracias por haberme querido así, no me ha faltado de nada.

Sigue adelante, madre. Sal a la calle y no te encierres. Hazlo por mí, para que yo pueda descansar sabiendo que no te has rendido. Me voy con todo el cariño que me diste aquí dentro, conmigo.

Te querré siempre.

Tu hijo.

Madre, si te llega esta carta, ya estaré muerto

 Madre, seguramente cuando te llegue esta carta ya me estarán abrazando los gusanos bajo tierra. Probablemente ya hayan pasado días, semanas, meses sin que recibas noticias sobre mí, y siento hacerlo así. Con una angustiante pena que me carcome por dentro tengo que conformarme con despedirte a través de un papel y tu despedirme a través de un puñado de palabras.

Me han pillado, ellos; nuestros enemigos. Estoy en un pelotón de fusilamiento, esta tarde perderé la vida. Para mí la palabra ‘morir’ perdió el sentido hace ya mucho tiempo, y es que de que me sirve vivir si estoy decesado por dentro. Deambulo como un muerto viviente de pueblucho en pueblucho luchando por una patria que me va quitando la vida poco a poco. Me he ido apagando mamá, intenté ser fuerte por ti, de verdad que lo hice, pero no hay nada más triste que ver a un hombre difunto que respira.

Con esta carta no busco lamentos, ni arrepentimientos; todo lo contrario, quiero que llores mamá, por mí y por todos los que están a mi lado esperando en el corredor de la muerte. Grita, solloza, alborota….pero no calles, eso sería repetir el mismo error que yo cometí, y no puedo permitirlo. Ya no quiero callarme, quiero contarles a todos lo que vivimos luchando en el frente, quiero contar como dejé a mi madre sola con un puñado de garbanzos en las manos por prometerle un futuro mejor, quiero contar como se siente ver antiguos cercanos apuntándote…. Ya es tarde, agoté mis palabras en no decir nada, y en no decirte lo mucho que te quiero lo suficiente.

Mi último aliento lleva tu nombre mamá, lo verás escrito en las estrellas.

Hasta siempre, Jesús


Carta

Madre querida,

Si estás leyendo esto es que ya no estoy. No tengas miedo de llorar, pero no dejes que el odio se te quede dentro, por favor.

Te escribo esta carta desde el cuartel de Henao en Bilbao. Se que queda poco para que ordenen mi ejecución, el ambiente aquí es cruel y frío, pero quiero que sepas que estoy orgulloso del camino recorrido.

No he sido valiente como cuentan algunos. Tenía miedo, mucho, todo el rato. Pero al final lo que más me pesaba no era la muerte, era pensar en ti sola, en los días que no voy a poder pasar contigo, en las cosas pequeñas que ya no podremos hacer nunca más: escuchar música en los desayunos, discutir por tonterías, chismosear juntos...

Cuida de mi padre, abrázalo mucho por mí. Dile que para su hijo siempre ha sido un referente y que lo quiere muchísimo.

No guardes rencor, madre. Ni al que apretó el gatillo ni a los que miraron para otro lado. La situación en el frente es demasiado complicada, y hasta que no lo vives no te das cuenta de ello.

Te quiero con toda el alma, y te voy a querer igual cuando me haya ido de este mundo.

Cuídate mucho. Y cuando pases por el puente viejo, acuérdate de cuando me esperabas con el bocadillo al salir de la escuela y me reñías porque llegaba tarde.

Acordaros siempre de vuestro hijo, y recordadme con alegría. Hacedlo por mí.

Tu hijo que no te olvidará nunca,

Alfonso.


carta

Mamá,

cuando leas estas líneas, yo ya no estaré contigo. Me cuesta imaginarte leyendo esta carta, pero necesito que sepas lo que llevo dentro antes de irme.

Puede que te preguntes por qué tomé este camino, por qué no elegí quedarme a salvo. Ojalá pudiera explicártelo mirándote a los ojos. Nunca he sabido aceptar las cosas injustas como si fueran normales. Tú misma me enseñaste a no callar cuando algo estaba mal, a no vivir con miedo ni resignación.

He luchado por lo que creía correcto, no por odio, sino por esperanza. No quería un mundo en el que la gente tuviera que bajar la cabeza para sobrevivir. Si mi destino ha sido este, al menos me voy sabiendo que no traicioné mis ideas ni lo que me enseñaste. No quiero que mi recuerdo sea solo tristeza. Prefiero que pienses en mí como alguien que intentó hacer lo que creía justo. Me voy en paz, con la sensación de haber vivido de acuerdo con mis valores, aunque el precio haya sido demasiado alto.

Te quiero más de lo que puedo escribir. Me duele dejarte sola, dejar nuestra casa, nuestras conversaciones, los pequeños momentos que ahora entiendo que eran lo más importante. Pero quiero que sigas adelante. No permitas que el rencor ocupe tu corazón. La vida es demasiado grande para dejarla en manos del odio. Guarda lo que fuimos, lo que soñamos y lo que defendimos. Cuéntalo algún día, para que nadie olvide lo que pasó y para que otros aprendan a pensar por sí mismos.

Gracias por todo, mamá.

Siempre seré tu hijo.



sábado, 17 de enero de 2026

la despedida de un condenado a muerte

Madre, si lees esta carta, has de saber que mi tiempo aquí termino, y mi ejecución ya habrá sido consumada.

Mi amada Madrid, ciudad por la que luché durante toda la guerra junto a mis camaradas, ha caído, y no contra el general Franco y su ejército, sino contra la escoria con la que combatía codo con codo. Esas basuras nos han vendido a todos nosotros, nos traicionaron a todos y ahora con una sonrisa, Casado y sus hombres campan a sus anchas por mi querida ciudad acabando con cada uno de nosotros.

La República estaba perdida desde un inicio, me doy cuenta ahora, porque los verdaderos traidores estaban ahí con nosotros, sonriendo mientras se daban la mano con Franco, mientras que los revolucionarios de verdad vamos a morir todos, así va a terminar.

Si queda algo de mí, que sea que morí con dignidad, la frente en alto y siendo fiel a mis principios, la guerra va a terminar pronto, se vienen años duros madre, sea fuerte siempre.

Me despido, y espero me hayas perdonado por cualquier ofensa que en vida te haya hecho. 

Carta

 Hola Ama, probablemente cuando te llegue esta carta ya estaré muerta.

Te escribo simplemente para darte las gracias por todo lo que has hecho por mi todos estos años, desde que nací hasta el último día. A pesar de todas las dificultades y de todos los obstáculos en el camino, me has dado todo lo que podías, todo lo que te puedes llegar a imaginar. 

Solo quería decirte lo mucho que te quiero, a pesar de todas las discusiones y enfrentamientos que hemos tenido, de verdad no sabes lo agradecida que estoy. También diles a mi padre y a mi hermana lo mucho que los quiero, a pesar de tener nuestras diferencias.

Por último, no quiero que estés triste, quiero que sepas que he sido muy feliz, y a parte, he muerto con orgullo,  defendiendo lo que nos pertenece, luchando por la libertad y derechos, solo quiero, que, a pesar de todo, sigas apoyando todo lo que nos da libertad, lo que nos hace felices, y no sientas temor por los franquistas.

Muchas gracias de nuevo por todos estos años de felicidiad , os quiero.

Nora.

Carta

 Madre,

Si te llega esta carta, ya estaré muerto. Mañana partiré al frente a luchar y no se si volveré. Le he pedido a un compañero que envíe la carta por mí si no vuelvo. 

 

Es difícil describir todas las cosas que siento ahora mismo. Siento dolor por no poder volver a veros a ti ni a papá o a los abuelos, siento tristeza por saber que mi muerte solo será una entre miles. Pero también siento una extraña paz, sabiendo que, por lo menos, ya no tendré que soportar este infierno al que llamamos guerra .

 

Espero que todo esto acabe pronto y que podáis volver a tener una vida pacífica, que mis hermanos puedan ir a la escuela sin el temor de los constantes bombardeos, que podáis caminar tranquilos por las calles, aunque ahora estén destrozadas. 

 

Por favor, os pido que no lloréis por mí. Seguid hacia adelante y recordad los momentos que tuvimos, no los que nunca podrán ser. Recordarme con alegría, no con tristeza.

 

Vuestro hijo mayor, que os querrá siempre.

carta

Madre,

Si estás leyendo esta carta es porque desgraciadamente yo ya no estoy contigo.
No sé cómo empezar algo así y me cuesta enormemente encontrar las palabras.
Nunca pensé que tendría que despedirme de ti de esta manera, pero claramente no he tenido la oportunidad de hacerlo en persona y al menos tengo tiempo de hacerte llegar lo que me gustaría decirte.

Quiero que sepas que he pensado en ti todo el tiempo, cocinando en casa platos deliciosos, siempre pendiente de cualquier cosa que necesitara, nuestros viajes, tus sabios consejos, nuestros momentos juntos y en tu forma de cuidarme…eso es lo que más me duele dejar atrás.

Tengo miedo, no voy a mentirte. Esta guerra es cruel y están cayendo muchos. Cada vez son más las personas conocidas que mueren y huelo el olor de la sangre cerca diariamente.

Aunque es difícil, intento mantener la calma y ser fuerte.
Me acuerdo de todo lo que me enseñaste, de todos nuestros momentos felices y eso me ayuda a seguir adelante.

Sé que esto te va a doler mucho. A mí también me duele. Sólo pensar en que nunca más volveré a verte siento el inmenso dolor de millones de agujas clavándose en mi cuerpo. Nada de esto es lo que quería, pero ya no puedo hacer nada para evitarlo.

No quiero que me recuerdes con tristeza. Prefiero que pienses en los buenos momentos.  En las risas y en las cosas simples de la vida como la tortilla de patata de los jueves por la noche.  Espero que estes orgullosa de mí, siempre actué con ese objetivo.

Cuida de los nuestros y cuídate tú. Sigue adelante aunque ahora sea difícil. Yo me voy sabiendo que me quisiste mucho. Yo te quiero infinitamente.

Gracias por todo, madre.

Tu hijo.

Madre, si te llega esta carta, ya estaré muerto

 A la persona que más quiero del mundo:

Madre, ayer cuando salió el sol me acordé de ti. Por la madrugada, cuando salía el sol, este creó una sombra con los contenidos de nuestra tienda que hizo parecer que toda ella estuviera repleta de lentejuelas y purpurina. Me hizo recordar el vestido brillante que llevaste a la fiesta de año nuevo de los tíos de hace dos años. La verdad es que echo mucho de menos esos momentos. Aun así, para no ponerme triste, hago lo que me dijiste: me concentro en las cosas pequeñas, como cuando encuentro una flor entre todo el terreno revuelto o una gota de lluvia cae perfectamente sobre mi nariz. Me imagino que todo eso eres tú diciéndome que todo va a ir bien. 


Pero madre, eres la persona más inteligente que conozco y sabes que esta carta no es solo para decirte que te quiero. Madre, si te llega esta carta, ya estaré muerto. Mi último deseo en esta guerra será que te llegue esta carta, aunque haya una gran probabilidad de que no. Y si resulta que sí, habrá sido abierta y leída mil veces. Pero no quiero usar esta última despedida para hablar mal del régimen sino para hacerte saber todo lo que te quiero.


Me estoy arrepintiendo de todas las veces que podría haberte abrazado un poco más fuerte, que te podría haber dicho que te quiero o salido de mi cuarto para sentarme a tu lado. Pero todo eso ya no importa. Quiero pedirte, que después de que yo haya cometido ese error, no lo vuelvas a cometer. Aprovecha todo lo que te queda con los que quieres. Cuida de ti, aunque no siempre tengas fuerzas. Y si un día el dolor es demasiado, no tengas miedo de llorar; yo aprendí a ser fuerte porque te vi serlo a ti, incluso cuando creías que nadie te miraba.

Quiero pedirte que sigas viviendo, madre. Que no dejes que mi ausencia te quite las ganas de levantarte cada mañana, aunque al principio cueste. Que sigas concentrándote en esas cosas pequeñas que tú me enseñaste a ver. Si alguna vez dudas, piensa que en cada uno de esos momentos estaré yo, recordándote que estoy ahí incluso cuando el mundo se caía a pedazos.

No quiero que te preguntes si podrías haber hecho algo distinto. No quiero que cargues con culpas que no te pertenecen. Todo lo bueno que hay en mí nació de ti: de tu paciencia, de tu forma de escuchar sin interrumpir, de tu manera de sonreír incluso cuando estabas cansada. Si alguna vez alguien te pregunta quién fui, diles que fui tu hijo y que eso fue suficiente para ser feliz.

Madre, no me olvides, pero tampoco te quedes atrapada en mí. Vive por los dos. Ríe cuando puedas. Ama sin miedo. Yo me iré tranquilo sabiendo que sigues adelante.

Te quiere, hoy y siempre,
tu hijo.

Carta

 Querida ama:

Cuando esta carta esté en tus manos ya me habrán ejecutado, por ello quiero que leas esto y que seas fuerte. Me llevas cuidando desde siempre y no tengo palabras para agradecerte todo lo que has hecho por mí. Todos los momentos que hemos pasado juntas han sido increíbles y me cuesta mucho pensar en que esos momentos no se van a volver a repetir.

No tengas miedo por mí. He pasado toda la noche pensando en nuestra casa, en las navidades con la familia, en las tardes llenas de juegos de mesa y en tu voz cuando me llamabas a cenar. Esos recuerdos me han acompañado hasta el final y sea donde sea que esté, cuando me recordéis estaré con vosotros. Me voy pensando en ti y en lo que fui antes de la guerra. Ojalá nada de esto hubiera pasado y pudiera volver a verte.

No llores creyendo que morí sin sentido. La guerra nos ha puesto en un camino que no hemos elegido y el destino no podemos cambiarlo, por favor, no dejes que mi ausencia te apague. Estaré cuidando desde el cielo de ti, para que nada te impida ser feliz y que nada te haga daño. Gracias a ti he aprendido todo lo que sé y me has convertido en una gran persona, la valentía que tengo viene de ti y gracias a ella me voy tranquila, orgullosa y satisfecha de mi camino en la vida.

Te queda un gran camino por delante, lleno de cosas buenas y aunque yo falte estaré pendiente de que no te ocurra nada malo. Aquí, en estas horas de espera, he entendido que eso fue lo más importante y lo más valioso que tuve. La guerra ha quitado muchas cosas, pero los recuerdos no, y eso es lo que me mantiene en pie.

Desearía poder volver a darte un abrazo, un beso, volver a escuchar tu voz. Si alguna vez piensas en mí hazlo sin tristeza. Imagíname en paz. Nada ni nadie podrá igualar esa sensación de estar en un lugar seguro al estar contigo, cuando me vaya me sentiré otra vez como me sentía antes, porque estaré en tu corazón.

Te quiero más de lo que estas palabras pueden decir.

Tu hija,

Martina.

Carta

No sé ni cómo empezar a escribir esta carta. Me tiemblan las manos, pero no es de miedo, es de la rabia de no poder estar a tu lado por última vez. Si estás leyendo esto es porque ya pasó todo, porque ya no estoy.

Lo primero que quiero pedirte es que no te sientas culpable por nada. No pienses en si pudiste hacer algo más, o en aquella última vez que discutimos. Quédate con las veces que estuvimos juntos, con el sabor de la comida que me hacías y con cómo me mirabas mientras tomábamos café por las mañanas.

Tengo un nudo en la garganta y me duele pensar que mañana vas a poner un plato en la mesa y va a estar vacío. Me duele saber que vas a tener que recoger mi ropa y que todavía va a oler a mí. Te pido que no guardes mi habitación como un museo, abre las ventanas y no me recuerdes como una sombra que te amargue los días.

Aquí el silencio es terrible, mamá. Solo se oye el llanto de otros. Pero cierro los ojos y me imagino en casa. Me veo entrando por la puerta y escuchando tu voz. Ese es mi único consuelo ahora mismo.

Madre, no me busques en una fosa. Búscame en el café de la mañana y no dejes que se te apague la alegría por mi culpa.

Te quiero,

Tu hijo.

Carta

 Madre, si te llega esta carta, ya estaré muerto. Es difícil aceptar estas duras palabras mientras aún respiro débilmente en este tan cargado ambiente. Ahora mismo estoy en una escuela reconvertida en un cuartel.  No sé cómo explicar lo que siento, porque el miedo y la tristeza se mezclan con una calma extraña, como si el corazón se rindiera poco a poco. Solo quiero que sepas que aunque estés lejos de mí en estos momentos yo te siento más cerca que nunca y no solo por el hecho de que lleve una foto tuya conmigo sino porque no paro de pensar en lo que dejos atrás. 

Ahora mismo solo me vienen a la cabeza todos los recuerdos de la tan buena infancia que me diste. Tu dulce voz que me cantaba todas las noches para que durmiera, o tus deliciosas comidas las cuales nunca voy a ser capaz de borrar de mi memoria. He visto demasiadas cosas en estos meses, madre. He visto hermanos enfrentados por ideas que no siempre comprendían, pueblos divididos por colores y palabras como “rojos” o “nacionales”, como si eso bastara para resumir una vida entera. Nos hablan de Franco, de la República, de la patria o de la libertad, pero nadie habla del miedo ni de las madres que esperan en casa a que sus hijos y maridos regresen de la guerra. . Yo solo soy un nombre más en una  infinita lista, la voz  de joven en medio del ruido.

Aún recuerdo cuando nos estaban alistando y lo único que nos repetían es que esta guerra era necesaria, que España sería mejor después de esto y lo solo estoy esperando un final que no voy a ver. Pienso en los amigos que no están, en los que cayeron en la batalla del Ebro e incluso los que se fueron al exilio por temor de la muerte. Cuando leas esta carta dile al mundo que antes de ser soldado fui un ser humano, y que en medio de tanta violencia, lo único que quise fue volver a casa.

Carta

 Madre querida:


Te escribo esta carta con las manos temblando y el corazón muy triste. Si algún día la lees, ya no estaré aquí­. Me duele mucho pensar que estas palabras te van a hacer llorar, pero necesito escribirte una última vez.


Quiero que sepas que pienso en ti todo el tiempo. Desde que me dijeron lo que iba a pasar, no hago otra cosa que acordarme de ti y de nuestra casa. Me acuerdo de cuando era pequeño y me cuidabas. Me acuerdo de tu voz y de tu manera de hablarme. Eso es lo que me acompaña ahora.


No tengas vergüenza de mí, madre. Yo no he robado ni he matado. No he hecho mal a nadie. Me voy con la cabeza alta y el corazón limpio. Aunque tenga miedo, estoy tranquilo por dentro.


Me duele mucho no poder verte más. Me duele no poder darte un beso ni decirte estas cosas mirándote a los ojos. Ojalá pudiera volver atrás y pasar un día más contigo, aunque fuera en silencio.


Cuida de la familia. Ayuda a los que se queden. Diles que no me olviden, pero que sigan viviendo. Que no se llenen de rabia ni de odio. La rabia solo hace daño y no arregla nada.


Madre, no quiero que llores por mí todos los días. Llora hoy si lo necesitas, pero luego levántate y sigue adelante. Yo quiero que estés fuerte, como siempre has sido.


Reza por mí si puedes. Yo rezo por ti ahora mismo. Que Dios te cuide y te dé paz. Yo me iré pensando en tu cara.


Gracias por todo, madre. Gracias por la vida y por el amor que me has dado. Nunca te olvidaré. Hasta el último momento estarás conmigo.


Con todo mi amor, tu hijo que nunca te olvidará.


tentacion

La tentación es el impulso de hacer algo que deseamos aunque sepamos que no es lo mejor o lo más conveniente. No siempre se trata de elegir ...