El acoso escolar es una realidad constante en muchos centros, y hay que entender que no sólo se trata de violencia física. Actos como la manipulación y la humillación, evidentes en el caso de Andoni con la carta, son una violencia psicológica que pueden dejar un impacto emocional muy grande.
Si tuviera que intervenir, a Andoni le aconsejaría que tiene que priorizar su seguridad. Lo que tendría que hacer es ir al tutor o al orientador, contar el incidente de la carta y nombrar a los compañeros que organizaron la burla. Es fundamental que él entienda que la culpa no es suya y que su valor no lo define la opinión de un grupo que solo busca hacer daño.
Sobre qué hacer con los alumnos que molestan a los más vulnerables, la escuela debe actuar con firmeza. Es necesario que se apliquen sanciones concretas a los responsables directos para que asuman las consecuencias de lo que hicieron. Aparte de los castigos, es importante dedicar tiempo a trabajar con toda la clase. Debemos promover la empatía y dejar claro que el respeto hacia cualquier compañero es la regla principal de la convivencia.
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