Este dilema es muy complicado porque mezcla un error del pasado con una oportunidad que te cambia la vida. Sin embargo, tengo claro que no aceptaría el dinero y tampoco se lo contaría a mi amiga.
En primer lugar, aunque en aquel momento hablé de más por las cervezas y sin dar nombres, aceptar el dinero ahora sería como ponerle precio a la confianza de mi amiga. Ella me contó lo de su padre para desahogarse de un trauma enorme, no para que yo acabara ganando dinero con su desgracia. Si acepto esa parte del millón de euros, estaría participando directamente en la venta de su privacidad, y creo que mi conciencia vale mucho más que cualquier cifra.
En segundo lugar, decidir si contárselo a ella es casi peor. Creo que decirle la verdad ahora solo serviría para destrozarla. Ya ha pasado por la muerte de su padre y por el peso de saber lo que él hizo; enterarse de que su historia va a ser un guion y que yo fui quien lo filtró le causaría un dolor innecesario. A veces, ser "sincera" en estas condiciones es un acto de egoísmo para aliviar nuestra culpa. Prefiero cargar yo con el secreto y el remordimiento antes que hundirla a ella de nuevo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario