sábado, 17 de enero de 2026

Carta

No sé ni cómo empezar a escribir esta carta. Me tiemblan las manos, pero no es de miedo, es de la rabia de no poder estar a tu lado por última vez. Si estás leyendo esto es porque ya pasó todo, porque ya no estoy.

Lo primero que quiero pedirte es que no te sientas culpable por nada. No pienses en si pudiste hacer algo más, o en aquella última vez que discutimos. Quédate con las veces que estuvimos juntos, con el sabor de la comida que me hacías y con cómo me mirabas mientras tomábamos café por las mañanas.

Tengo un nudo en la garganta y me duele pensar que mañana vas a poner un plato en la mesa y va a estar vacío. Me duele saber que vas a tener que recoger mi ropa y que todavía va a oler a mí. Te pido que no guardes mi habitación como un museo, abre las ventanas y no me recuerdes como una sombra que te amargue los días.

Aquí el silencio es terrible, mamá. Solo se oye el llanto de otros. Pero cierro los ojos y me imagino en casa. Me veo entrando por la puerta y escuchando tu voz. Ese es mi único consuelo ahora mismo.

Madre, no me busques en una fosa. Búscame en el café de la mañana y no dejes que se te apague la alegría por mi culpa.

Te quiero,

Tu hijo.

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