A la persona que más quiero del mundo:
Madre, ayer cuando salió el sol me acordé de ti. Por la madrugada, cuando salía el sol, este creó una sombra con los contenidos de nuestra tienda que hizo parecer que toda ella estuviera repleta de lentejuelas y purpurina. Me hizo recordar el vestido brillante que llevaste a la fiesta de año nuevo de los tíos de hace dos años. La verdad es que echo mucho de menos esos momentos. Aun así, para no ponerme triste, hago lo que me dijiste: me concentro en las cosas pequeñas, como cuando encuentro una flor entre todo el terreno revuelto o una gota de lluvia cae perfectamente sobre mi nariz. Me imagino que todo eso eres tú diciéndome que todo va a ir bien.
Pero madre, eres la persona más inteligente que conozco y sabes que esta carta no es solo para decirte que te quiero. Madre, si te llega esta carta, ya estaré muerto. Mi último deseo en esta guerra será que te llegue esta carta, aunque haya una gran probabilidad de que no. Y si resulta que sí, habrá sido abierta y leída mil veces. Pero no quiero usar esta última despedida para hablar mal del régimen sino para hacerte saber todo lo que te quiero.
Me estoy arrepintiendo de todas las veces que podría haberte abrazado un poco más fuerte, que te podría haber dicho que te quiero o salido de mi cuarto para sentarme a tu lado. Pero todo eso ya no importa. Quiero pedirte, que después de que yo haya cometido ese error, no lo vuelvas a cometer. Aprovecha todo lo que te queda con los que quieres. Cuida de ti, aunque no siempre tengas fuerzas. Y si un día el dolor es demasiado, no tengas miedo de llorar; yo aprendí a ser fuerte porque te vi serlo a ti, incluso cuando creías que nadie te miraba.
Quiero pedirte que sigas viviendo, madre. Que no dejes que mi ausencia te quite las ganas de levantarte cada mañana, aunque al principio cueste. Que sigas concentrándote en esas cosas pequeñas que tú me enseñaste a ver. Si alguna vez dudas, piensa que en cada uno de esos momentos estaré yo, recordándote que estoy ahí incluso cuando el mundo se caía a pedazos.
No quiero que te preguntes si podrías haber hecho algo distinto. No quiero que cargues con culpas que no te pertenecen. Todo lo bueno que hay en mí nació de ti: de tu paciencia, de tu forma de escuchar sin interrumpir, de tu manera de sonreír incluso cuando estabas cansada. Si alguna vez alguien te pregunta quién fui, diles que fui tu hijo y que eso fue suficiente para ser feliz.
Madre, no me olvides, pero tampoco te quedes atrapada en mí. Vive por los dos. Ríe cuando puedas. Ama sin miedo. Yo me iré tranquilo sabiendo que sigues adelante.
Te quiere, hoy y siempre,tu hijo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario