Madre,
Si estás leyendo esta carta es porque desgraciadamente yo ya no estoy contigo.
No sé cómo empezar algo así y me cuesta enormemente encontrar las palabras.
Nunca pensé que tendría que despedirme de ti de esta manera, pero claramente no
he tenido la oportunidad de hacerlo en persona y al menos tengo tiempo de hacerte
llegar lo que me gustaría decirte.
Quiero que sepas que he pensado en ti todo el tiempo, cocinando
en casa platos deliciosos, siempre pendiente de cualquier cosa que necesitara,
nuestros viajes, tus sabios consejos, nuestros momentos juntos y en tu forma de
cuidarme…eso es lo que más me duele dejar atrás.
Tengo miedo, no voy a mentirte. Esta guerra es cruel y están cayendo muchos.
Cada vez son más las personas conocidas que mueren y huelo el olor de la sangre
cerca diariamente.
Aunque es difícil, intento mantener la calma y ser fuerte.
Me acuerdo de todo lo que me enseñaste, de todos nuestros momentos felices y
eso me ayuda a seguir adelante.
Sé que esto te va a doler mucho. A mí también me duele. Sólo pensar en que nunca
más volveré a verte siento el inmenso dolor de millones de agujas clavándose en
mi cuerpo. Nada de esto es lo que quería, pero ya no puedo hacer nada para
evitarlo.
No quiero que me recuerdes con tristeza. Prefiero que pienses en los buenos momentos.
En las risas y en las cosas simples de
la vida como la tortilla de patata de los jueves por la noche. Espero que estes orgullosa de mí, siempre actué
con ese objetivo.
Cuida de los nuestros y cuídate tú. Sigue adelante aunque ahora sea difícil. Yo me voy sabiendo que me quisiste mucho. Yo te quiero
infinitamente.
Gracias por todo, madre.
Tu hijo.
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