Es una pregunta difícil porque te pone entre la espada y la pared. Sinceramente, me costaría mucho ser el responsable de que alguien pierda su sustento, aunque la atención haya sido un desastre. Al final, todos podemos tener un día horrible, problemas personales que no se ven o un entorno de trabajo que es una olla a presión. No me siento cómodo juzgando la vida de nadie basándome en un contacto de diez minutos.
Yo optaría por no dar una valoración negativa. Si el trato fue malo, prefiero dejar la encuesta en blanco o, si es posible, dar un toque de atención constructivo sin llegar a los extremos que activan las alarmas de Recursos Humanos. Hay una diferencia enorme entre un mal servicio y querer ver a alguien en la calle. Prefiero pecar de blando que cargar con la conciencia de haber empujado a alguien al paro. La empatía, en estos casos, debería estar por encima de la "calidad del servicio". La vida ya es lo suficientemente complicada como para ir de verdugo por una mala contestación o un gesto torcido.
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