Cuando pienso en la posibilidad de recibir un mal trato por parte de alguien que me haya atendido, lo primero que haría es pensar si realmente vale la pena dejar una queja. Si fuera un trato amargado pero nada fuera de lo normal, lo más probable es que yo sintiera confusión y lo dejase pasar. Ahora bien, imaginemos que ha sido un trato aún más extremo y totalmente fuera de lo común, ahí las cosas serían diferentes.
Comprendo que todos tenemos malos días y que hay veces que estamos de mal humor, además no sabemos qué clase de problemas están viviendo las personas que trabajan en el servicio al cliente. Pero hay veces en donde es más complicado justificar estas actitudes. Hay veces en que los clientes son desesperantes, pero yo considero que soy de las personas que se quejan poco cuando un servicio no les parece el adecuado, más que todo por vergüenza. Pero si un día me tratan de tal manera que me haga sentir mal, si soy capaz de dejar una mala reseña. Y yo sé que de esto depende el trabajo de esa persona, por eso trataría de hacerla desde un punto de vista respetuoso, de modo que yo exprese mi inconformidad sin tener que pasar de los límites.
Además, yo no sabría si esa persona estaba teniendo un mal día, lo que puede ocurrir eventualmente, o si esa persona es así todo el tiempo. Por eso solo haría una reseña moderada, especialmente porque considero que pueden haber personas que podrían ser tratadas de esa mala manera, y así, aquella persona que me atendió pueda mejorar en eso. Eso sí, es probable que yo no vuelva a aquel sitio, pues yo evitaría ir luego de una experiencia como esa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario