Odio a las señoras que trabajan en Martina de Zuricalday. Cuando voy a comprarme un macarrón de chocolate siempre me miran mal. No se si es porque digo macarrón con la erre fuerte, porque tengo 17 años o porque no me gasto mucho dinero, pero siempre me siento despreciada por ellas, como si me mirasen por encima del hombro. Cuando voy con mi abuela a comprar una bandeja de relámpagos son las más simpáticas del mundo, pero cuando voy yo sola son unas bordes. Alguna vez hasta han hecho como que no me han visto y atendido a la de atrás. A mi siempre me dan unas ganas horribles de tirarles un merengue a la cara para quitarles esa mueca que ponen.
Aún así, si supiese que su trabajo depende de ello, no les pondría una valoración negativa. Si a mi me amargan los 30 segundos que espero a que me den mi macarrón, yo les fastidio por lo menos varios meses haciendo que les despidan. Además, ni que yo fuese siempre la más amable. Si tengo un mal día también puedo llegar a ser una borde, y eso que yo no tengo un trabajo de cara al cliente. Estoy segura que hay mucha más gente de la que me imagino que desprecia a todo aquel que trabaje en la hostelería. No tengo dudas de que la gente que pertenece al sector de servicio recibe mucho peor trato del que da. Así que le pondría la valoración positiva y asumiría que hay que ser abuela para que las de Martina de Zuricalday te sonrian.
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