Valoración
Seguro que a casi todos nos ha pasado: vas a una tienda o llamas a un servicio técnico y la persona que te atiende parece que no tiene su mejor día. Sales de allí con un poco de mal cuerpo y, de repente, te llega al móvil la famosa encuesta de satisfacción. ¿Qué haces? El dilema parece sencillo, pero cuando sabes que de esa puntuación puede depender el contrato o el sueldo de alguien, la cosa se vuelve mucho más ética y profunda.
Siendo sincera, creo que el sistema de valoraciones es un arma de doble cara bastante cruel. Vivimos en una sociedad que nos empuja a juzgarlo todo al segundo, pero a veces se nos olvida que detrás de ese mostrador o de ese teléfono hay personas con vidas que no conocemos. Quizás esa persona acaba de recibir una mala noticia, o simplemente está agotada por trabajar en condiciones precarias, con turnos interminables y salarios que no dan para vivir. Castigar a alguien con una mala nota cuando sabes que el sistema es tan rígido que podría costarle el puesto, me parece una falta de empatía total.
Por supuesto, todos queremos que nos traten bien, pero hay que saber diferenciar un error humano o un mal día de una falta de respeto grave. Para mí, la honestidad no puede ir por delante de la humanidad. Si el trato no ha sido perfecto pero entiendo que el trabajo de esa persona está en juego, prefiero ser generosa. Al final, las grandes empresas utilizan estas encuestas para presionar a los trabajadores, no para mejorar el servicio realmente. Es una forma de trasladar la responsabilidad del jefe al cliente, y yo no quiero ser la herramienta que alguien use para despedir a un trabajador.
Creo que madurar también es entender que no somos jueces de la vida de los demás. En un mundo tan frío y competitivo, elegir la empatía y echarle un cable a alguien, aunque no haya sido el servicio de tu vida, es una forma de resistencia. Prefiero mil veces pecar de "blanda" que contribuir a que alguien se quede sin su sustento por un momento de mal humor. Al final del día, todos necesitamos un poco de margen de error para ser humanos.
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