Me gustaría pensar que elegiría el camino del esfuerzo, porque es el que más encaja con la idea de hacer las cosas bien y con constancia. Al final, cambiar hábitos, ser disciplinada y trabajar poco a poco tiene más mérito que buscar soluciones rápidas.
Pero siendo sincera, creo que en la práctica no lo tendría tan claro. Cuando tienes delante una opción rápida que funciona y que te ahorra tiempo y esfuerzo, es muy fácil caer en ella. Muchas veces pesa más la comodidad que la idea de hacer las cosas “como se deberían hacer”.
Además, vivimos en un ritmo en el que todo se quiere inmediato, y eso influye mucho. Saber que puedes conseguir el mismo resultado sin tanto esfuerzo hace que la decisión se vuelva aún más complicada.
Por eso, aunque me gustaría decir que elegiría el camino largo, creo que al final acabaría optando por la opción más rápida. No porque sea la mejor, sino porque es la más fácil en ese momento.
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