miércoles, 25 de marzo de 2026

Fin del cole

 Si me paro a pensarlo, cosa que  procuro no hacer mucho para no entrar en pánico, me quedan menos de tres semanas en el “cole”. Es una cifra ridícula si la comparo con el hecho de que llevo paseando la mochila por estos pasillos desde que tenía dos años. Básicamente, he pasado más tiempo viendo las caras de mis profesores y mis compañeros que en el salón de mi casa, desde que ni siquiera sabía atarme los zapatos.

Mentiría si dijera que todo ha sido un camino de rosas. El colegio ha sido escenario de todo tipo de emociones, ataques de risa que te dejan sin aire, alegrías al recibir notas de exámenes y recuerdos que guardaré bajo llave. Pero también ha sido el lugar de los agobios absurdos y los días grises que, ahora que el final se acerca, miro de forma casi cariñosa. Supongo que hasta los peores exámenes sirven para algo, aunque solo sea para enseñarme a esforzarme más o que el trienio bolchevique fue del 1918 a1921.

Por otro lado, el corazón me pesa por lo que dejo, pero la cabeza ya está en la universidad. Tengo ganas de no olvidarme de las personas ya conocidas, pero también de conocer caras nuevas, de pasillos por los que todavía no he arrastrado mi mochila y sobre todo, de estudiar algo que yo, y solo yo, he elegido. 

Al final, me largo con la mochila llena de aprendizajes y de esos momentos absurdamente divertidos que marcan estos años. Me voy con nostalgia, sí, pero con una curiosidad enorme por ver qué tiene la vida preparada para mí a la vuelta de la esquina.


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