Está esa idea de que para ser un artista increíble tienes que haberlo pasado fatal, como si el sufrimiento fuera la única gasolina para tener talento. Parece que si tuviste una infancia normal y fuiste feliz, estás condenado a ser alguien mediocre. Nos han vendido esa imagen del genio atormentado que escribe obras maestras mientras sufre por los rincones, y aunque queda muy bien en las películas, me parece una visión bastante exagerada.
La verdad es que estar mal no te asegura ser un genio. De hecho, a veces el dolor lo único que hace es bloquearte y quitarte las ganas de todo. Hay muchísima gente con un talento brutal que creció en un ambiente tranquilo, con apoyo y sin grandes dramas, y eso también es una base buenísima para crear. Para mí, la creatividad va más de ser curioso, tener disciplina y, sobre todo, tener la mente despejada para poder trabajar. Tener un poco de paz ayuda bastante más que estar hundido, aunque no venda tanto de cara al público.
Si me dan a elegir, prefiero mil veces una infancia feliz que una llena de traumas. Es mucho más sano y te deja energía de sobra para inventar cosas sin tener que estar arrastrando penas del pasado. Al final, se puede ser un artista brillante sin necesidad de vivir un calvario, por mucho que las historias tristes sean las que más llamen la atención.
No hay comentarios:
Publicar un comentario