Las tentaciones están presentes en nuestro día a día y son una lucha constante que nunca acabará. Yo, por ejemplo, creo que dependiendo de la tentación que sea, soy más débil o fuerte. Por ejemplo, perder tiempo con el móvil o comer dulces de más es algo en lo que caigo siempre, además de dejar todo para último o dormir horas un día antes de un examen. Pero cuando se trata de una tentación más compleja, hago lo posible para reflexionar antes de tomar una decisión precipitada. Realmente aún no he cometido ninguna tentación que me haya afectado de gran manera, pero soy consciente de que en algún momento puede suceder.
Es cierto que cuando nadie nos ve puede ser más probable caer en una tentación, pues cuando somos vigilados, al menos yo, no me atrevo a meter la pata. Considero que cada quien tiene distintos tipos de tentaciones según su edad, pues cuando somos más pequeños se trata de cosas muy simples, como comerse un dulce a escondidas. Sin embargo, cuando crecemos las consecuencias de nuestras acciones cobran más peso. Por ejemplo, yo al ser adolescente a veces caigo en la tentación de no estudiar mucho, y tal vez ese día no me pase nada por no estudiar, pero afecta a mi rendimiento escolar, lo que no es conveniente para una etapa decisiva.
Finalmente, creo que resistir tentaciones nos hace fuertes. A menos que sea una tentación buena. Me refiero a situaciones en donde estamos tentados a ayudar en algún conflicto pero no lo hacemos por miedo, por lo que tal vez hay ocasiones donde si vale la pena caer. Pero en general, si sabemos controlarnos para evitar caer en malas tentaciones y si nos armamos de valentía para luchar por una causa justa, podríamos mejorar como personas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario