Madre, si te llega esta carta, ya estaré muerto.
No llores mucho, porfa, que me parte el alma pensarte sola ahí. He estado pensando en ti todo el rato, en cómo me peinabas con los dedos cuando me despertaba tarde para el cole, en el olor a pan que había en casa los domingos, en cómo me mirabas cuando llegaba hecho polvo y me decías “ven aquí, anda”.
Perdóname si alguna vez te contesté mal o si mis ideas te preocuparon tanto. Solo quería que el mundo fuera un poco más justo, como tú me enseñaste sin decirlo, solo con lo que hacías cada día. No hice nada de lo que me arrepienta de verdad. Solo intenté ser valiente, aunque al final no sirviera de mucho.
Cuida de los pequeños, abrázalos fuerte por mí y diles que los quiero un montón, que siempre voy a estar pendiente de ellos aunque no me vean. No guardes rencor a nadie, mamá. El odio pesa más que las cadenas que me pusieron. Tú eres más grande que todo esto.
Gracias por ser mi madre. De verdad. Has sido lo mejor que me ha pasado en la vida. Si hay algo después, te prometo que estaré ahí esperándote, y cuando nos veamos te voy a abrazar tan fuerte que no vas a poder respirar.
Te quiero más que a nada. Siempre.
Tu hijo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario