domingo, 18 de enero de 2026

Carta

Querida madre,

Si te llega esta carta, ya estaré muerto.
La escribo con la calma que no pensé que tendría nunca. Fuera aún es de noche y en el pasillo se oyen pasos que van y vienen, como si el mundo siguiera girando con normalidad. Yo, en cambio, siento que todo se ha detenido.

No quiero que esta despedida te llene de odio. Bastante ha habido ya en estos años. Quiero que, cuando pienses en mí, recuerdes al hijo que corría por casa, el que te ayudaba a hacer la cena y al que rompía cosas de casa jugando con el balón. No pienses en este lugar en el que estoy ni en los hombres que vendrán al amanecer.

No me arrepiento de haber sido quien fui. He cometido errores, como todos, pero siempre traté de ser buena persona. Si alguna vez te hice sufrir, perdóname. Lo último que deseo es que cargues con más penas de las que la vida ya te ha dado.

Cuida de mis hermanos. Diles que no guarden rencor, que estudien, que trabajen y que vivan en paz cuando todo esto termine, porque algún día esta locura pasará.

Ojalá pudiera abrazarte una vez más y deciros a ti y a toda la familia lo que os quiero. Como no puedo hacerlo, te lo dejo escrito para que nadie pueda borrarlo nunca: gracias por la vida que me diste tanto tu como toda la familia.

Con cariño,

tu hijo mayor que nunca te ha olvidado,

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