Madre querida:
Te escribo esta carta con las manos temblando y el corazón muy triste. Si algún día la lees, ya no estaré aquí. Me duele mucho pensar que estas palabras te van a hacer llorar, pero necesito escribirte una última vez.
Quiero que sepas que pienso en ti todo el tiempo. Desde que me dijeron lo que iba a pasar, no hago otra cosa que acordarme de ti y de nuestra casa. Me acuerdo de cuando era pequeño y me cuidabas. Me acuerdo de tu voz y de tu manera de hablarme. Eso es lo que me acompaña ahora.
No tengas vergüenza de mí, madre. Yo no he robado ni he matado. No he hecho mal a nadie. Me voy con la cabeza alta y el corazón limpio. Aunque tenga miedo, estoy tranquilo por dentro.
Me duele mucho no poder verte más. Me duele no poder darte un beso ni decirte estas cosas mirándote a los ojos. Ojalá pudiera volver atrás y pasar un día más contigo, aunque fuera en silencio.
Cuida de la familia. Ayuda a los que se queden. Diles que no me olviden, pero que sigan viviendo. Que no se llenen de rabia ni de odio. La rabia solo hace daño y no arregla nada.
Madre, no quiero que llores por mí todos los días. Llora hoy si lo necesitas, pero luego levántate y sigue adelante. Yo quiero que estés fuerte, como siempre has sido.
Reza por mí si puedes. Yo rezo por ti ahora mismo. Que Dios te cuide y te dé paz. Yo me iré pensando en tu cara.
Gracias por todo, madre. Gracias por la vida y por el amor que me has dado. Nunca te olvidaré. Hasta el último momento estarás conmigo.
Con todo mi amor, tu hijo que nunca te olvidará.
No hay comentarios:
Publicar un comentario