Lo que le ha pasado a Andoni es una crueldad que nadie debería soportar, pero es vital que entienda que el ridículo no cae sobre él, sino sobre quienes han demostrado una falta total de empatía y madurez. En un momento así, lo más digno es retirarse sin darles el espectáculo que buscan, apoyándose en las personas que sí le valoran y recordando que su valía personal no depende de las burlas de unos acosadores ni de la aprobación de los populares.
Con los alumnos que se dedican a machacar a los demás, la respuesta debe ser firme y tajante desde el centro escolar. No sirve de nada ignorarlo; hay que aplicar el protocolo de acoso para que sientan las consecuencias reales de sus actos y entiendan que su comportamiento es inaceptable. Es necesario trabajar con ellos la responsabilidad y cortar de raíz ese sentimiento de superioridad que creen tener al humillar a otros, dejando claro al resto de la clase que ser cómplice con la risa es casi tan grave como planear la broma.
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