La verdad es que nunca suelo dejar valoraciones de atención al cliente, haya recibido un buen trato o no. No es algo que haga de forma habitual. Simplemente se me olvida que puedo hacerlo. Muchas veces salgo de un sitio o termino una llamada y sigo con mi día sin pensar en rellenar encuestas ni poner puntuaciones.
Por eso, normalmente no me planteo demasiado ese tipo de decisiones. Si el trato ha sido bueno, tampoco suelo pararme a valorarlo. Y si ha sido malo, casi siempre pasa lo mismo: sigo con lo que estaba haciendo y no le doy más vueltas.
Sin embargo, si en un momento concreto me pidieran hacer una valoración justo despues de haber recibido un trato que no ha sido muy bueno, creo que mi reacción sería bastante simple: probablemente no la haría.
No me sentiría del todo cómoda poniendo una mala puntuación si sé que de ello puede depender, en cierta medida, el trabajo de una persona. Muchas veces no sabemos qué hay detrás de ese momento concreto. Puede que haya sido un mal día, muchas horas de trabajo o simplemente una situación puntual. Una valoración negativa puede parecer algo pequeño, pero en algunos trabajos tiene bastante peso.
Al mismo tiempo, tampoco me parecería honesto poner una valoración buena si realmente la experiencia no lo ha sido. Por eso, en una situación así, creo que preferiria no valorar nada. De esa forma no estaría diciendo algo que no pienso, pero tampoco estaría perjudicando directamente a alguien por una experiencia puntual.
No hay comentarios:
Publicar un comentario