Defiendo la belleza real. Siempre he dicho que los retoques no hacen arte, hacen mentira. No tengo complejos por mi cuerpo. Mi peso siempre ha sido parte de mí y lo llevo bien. La gente lo sabe, y yo lo acepto.Un día voy al médico. “Por salud, necesitas perder peso”, dice. Me ofrecen dos caminos. Una pastilla que funciona rápido. Dieta y ejercicio, lento pero seguro.Si tomo la pastilla, cada vez que alguien me pregunte, tendré que decir la verdad: “Sí, fue gracias a la pastilla”. Adiós a la narrativa de constancia y trabajo. Toda mi defensa de la belleza real se vuelve un poco ridícula. “Miren, se puede perder peso fácil… pero con química”. Suena divertido, pero también un poco triste.La otra opción: dieta y ejercicio. Lento, duro, aburrido para los demás. Pero honesto. Cada cambio que vea la gente será fruto de esfuerzo. Podré seguir hablando de aceptación, constancia y autenticidad.Así que, aunque nadie quiera escuchar sobre verduras y trotar, elijo el camino largo. La pastilla es tentadora, rápida, glamorosa. Pero la constancia tiene algo que ninguna química puede dar: credibilidad… y tranquilidad para dormir por la noche.
domingo, 8 de marzo de 2026
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