miércoles, 4 de marzo de 2026

Pastilas

 Me quedo en silencio unos segundos tras escuchar al médico. No es una cuestión estética, insiste, es salud. Y eso cambia el eje de todo. Durante años he defendido la belleza real, la aceptación, la honestidad con el propio cuerpo. No ha sido una pose: nunca he ocultado mi sobrepeso ni he sentido vergüenza por él. Pero ahora no se trata de encajar en un ideal, sino de cuidar el cuerpo que tengo.

La pastilla es tentadora. Rápida, eficaz, casi invisible… salvo por esa condición: decir siempre la verdad. Y ahí está el nudo. No es solo contar que la tomé, es lo que implica. ¿Qué mensaje doy entonces a quienes me siguen? ¿Que el cambio puede comprarse en una cápsula? ¿Que la constancia es prescindible?

Elegir la dieta y el ejercicio no es la opción fácil. Es lenta, incómoda, llena de días buenos y otros en los que querré rendirme. Pero también es coherente con lo que he defendido: el respeto al proceso, la honestidad con una misma, el valor de construir en lugar de atajar.

No juzgo a quien tomaría la pastilla. De verdad. Cada cuerpo, cada historia, cada necesidad es distinta. Pero en mi caso, necesito que lo que diga y lo que haga sigan caminando juntos.

Así que no, no me tomo la pastilla. Me ato las zapatillas, respiro hondo y empiezo. Aunque tarde más. Aunque cueste más. Porque también quiero poder contar esa historia.

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