Elegir entre tener talento pero haber sufrido y no tenerlo y no haber sufrido, me parece una difícil decisión. Al fin y al cabo se trata de decidir entre haber tenido una infancia atormentada y un buen futuro o al revés. Pero si nos damos cuenta a ver tenido una infancia fracasada es un hecho que lo arrastras toda la vida y que no puedes cambiar.
Asi que, prefiero una infancia tranquila mil veces. Esa idea de que hay que sufrir para ser un artista de verdad me parece un error absoluto. El trauma no te da talento, a veces lo único que hace es quitarte las ganas de todo. No me compensa ser un genio si para llegar ahí tengo que arrastrar heridas que no pedí. Al final, la creatividad que sale de estar bien con uno mismo es mucho más libre y constante.
Prefiero ser una creadora del montón, alguien que disfruta de lo que hace sin romperse por dentro, que un referente mundial que vive en un infierno personal. Se puede crear desde la curiosidad, el estudio o simplemente desde las ganas de contar algo, no hace falta que te haya pasado algo terrible. Si el precio de la excelencia es haber tenido una juventud de pesadilla, paso totalmente; me quedo con la calma y con una vida normal, que ya es bastante difícil de conseguir.
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