sábado, 14 de marzo de 2026

Creador

 No compraría esa premisa tan fácilmente. La idea del “genio atormentado” es seductora, pero también engañosa. Es verdad que muchos creadores como Vincent van Gogh o Sylvia Plath transformaron su dolor en obras poderosas. El sufrimiento puede agudizar la mirada, profundizar la sensibilidad, empujar a expresar lo que de otro modo quedaría oculto.

Pero convertir el trauma en requisito creativo es peligroso. El dolor no garantiza talento, y muchas veces paraliza, rompe, limita. También hay creadores enormes que no necesitaron una vida devastada para alcanzar profundidad: Jane Austen o Johann Sebastian Bach construyeron obras inmensas desde contextos relativamente estables, apoyándose más en la disciplina, la curiosidad y la constancia que en la herida.

Yo elegiría una infancia plácida sin dudarlo. Prefiero tener un suelo firme desde el que crear, aunque eso implique que mi camino sea más lento o menos “intenso”. La creatividad no nace solo del dolor; también surge del asombro, de la observación, del juego, del trabajo diario. Estar bien no es un obstáculo para crear, es una base.

Si luego la vida trae dificultades —porque las trae—, ya habrá material que procesar. Pero no elegiría el sufrimiento como herramienta. Elegiría estar entero y, desde ahí, intentar hacer algo verdadero.

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