Hoy en día casi todo se valora. Cuando compras algo, vas a un restaurante o hablas con atención al cliente, muchas veces al final te piden una valoración.
En el caso de que te atienden mal o la persona es poco amable o no tiene ganas de ayudarte, obviamente no es una buena experiencia, y en ese momento uno podría pensar en poner una mala valoración. Al fin y al cabo, ese es el fin de las valoraciones, para mostrar si el servicio fue bueno o no.
Sin embargo, también hay que pensar que detrás de ese trabajo hay una persona. Todos podemos tener un mal día, estar cansados o pasar por un momento complicado, aún así no se justifica el mal trato de atención hacia el cliente, pero si esa mala atención solo ocurrió una vez, yo personalmente no pondría una mala valoración.
Creo que una sola situación no define completamente el trabajo de alguien. Puede ser simplemente un mal momento. En cambio, si el mal trato se repitiera varias veces, entonces sí sería más justo reflejarlo en la valoración, además de que yo personalmente no volvería a comprar en esa tienda ya que no me siento cómoda.
Al final, dar una opinión también implica ser un poco empáticos. No se trata solo de juzgar el momento, sino también de entender que todos podemos equivocarnos alguna vez.
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