En la sociedad de hoy en día nos fiamos más por el número de estrellas que tiene un establecimiento, antes de dejarnos por nuestra intuición o nuestro instinto. Son más importantes los me gustas que nuestra capacidad de analizar. Cuando surge la pregunta de sí formaría parte de esta manera de guiar a la sociedad, lo tengo claro.
Para mí, la clave es no ser mala persona pero tampoco mentir. Yo lo tengo claro: si me tratan súper bien, lo digo y pongo las cinco estrellas encantada. Pero si me tratan mal, prefiero no decir nada. No voy a inventarme que todo fue perfecto porque sería mentira, pero tampoco quiero ser yo la razón por la que alguien se quede sin trabajo.
A veces se nos olvida que los que están al otro lado de la barra son humanos. Igual ese día tuvieron un problema en casa, están cansadísimos o simplemente tienen un mal día (como nos pasa a todas). Si voy y les pongo una valoración horrible, solo estoy empeorando las cosas.
Al final, creo que madurar es entender que no siempre tienes que decir todo lo malo que te pasa. Si no tengo nada bueno que aportar, prefiero quedarme callada. El silencio también es una opción y, sinceramente, me hace sentir mucho mejor conmigo misma no haber perjudicado a nadie.
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