Mbappé habló. Dijo que no le gustan los extremos y que los jóvenes deben votar. Todo esto en pleno clima electoral en Francia. Parece lógico, ¿no? Un futbolista hablando de política, como si fueran goles y penaltis.
En cambio, Unai Simón respondió rápido. “Yo soy futbolista, no político”, dijo. Básico, directo y sin rodeos. Su mensaje: “No me meto en eso, que otros lo hagan”. Tiene su punto. Al final, tu trabajo es parar balones, no partidos políticos. Pero la pregunta queda: ¿deben los jugadores o personas famosas opinar de temas que no son de su campo? Por un lado, tienen voz y alcance. Si hablan, mucha gente los escucha. Eso puede motivar o concienciar. Por otro lado, también pueden meter la pata, dividir o hacer que sus fans discutan en redes en lugar de ver el partido. La verdad es que ambas posiciones tienen sentido. Puedes usar tu influencia para bien, pero también puedes decir “paso” y centrarte en lo tuyo. Mbappé eligió hablar y Unai eligió callar. Y ambos son coherentes si saben lo que hacen. Al final, cada uno decide. Algunos quieren cambiar el mundo con un tweet, otros con un buen partido. Y, honestamente, ambos caminos son respetables.
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