Es un tema complejo porque ambos bandos tienen razón. Por un lado, es positivo que figuras como Mbappé usen su altavoz para defender valores y motivar a los jóvenes a participar en la sociedad; al fin y al cabo, ellos también son ciudadanos y su compromiso ayuda a combatir la apatía política.
Sin embargo, como señala Unai Simón, esa influencia conlleva una gran responsabilidad. El riesgo de que millones de seguidores adopten sus ideas a ciegas, sin cuestionarlas, es real y puede generar fanatismos peligrosos si no existe una formación previa.
En conclusión, la clave es el equilibrio. No se trata de que los famosos se queden callados, sino de que hablen con conciencia del peso de sus palabras. Lo ideal es que su opinión nos ayude a activar nuestro propio pensamiento crítico, no a que pensemos exactamente igual que ellos.
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