Querida madre:
Me han dicho que mañana al amanecer nos sacan de aquí, y no quería irme sin decirte cuatro cosas, aunque sea en este papel arrugado que me han pasado.
No llores demasiado, por favor te lo pido. Sabes que me metí en esto porque pensaba que era lo justo, por defender lo nuestro y por que las cosas cambiaran un poco para los que siempre hemos trabajado duro. Ya sabes cómo se puso todo desde que los aviones empezaron a avisar y cayó el Cinturón de Hierro. Al final, Bilbao ha caído y a los que nos quedamos a aguantar nos ha tocado la peor parte.
Me acuerdo mucho de las cenas en casa, cuando todavía no faltaba el pan y subíamos a Artxanda los domingos. Dile a mi hermano que se quede con mi gabardina, que ahora que viene el frío de la ría le hará falta para ir a la fábrica. Y que cuide de ti, que no te deje sola.
No tengo miedo, madre. Solo tengo una pena muy grande por dejarte así y por no poder volver a ver el Casco Viejo contigo. He hecho lo que creía que debía hacer, y aunque ahora estemos en bandos que no se entienden, espero que algún día todo esto pase y podáis vivir tranquilos, sin este ruido de bombas y sin este odio.
Quédate con lo bueno, con que tu hijo te quiso mucho hasta el último minuto.
Un beso muy fuerte de tu hijo que no te olvida,
Julen
No hay comentarios:
Publicar un comentario