Aunque no mencioné nombres ni di datos concretos, en el fondo sé que esa historia no es mía, es de mi amiga, y me la contó en uno de los momentos más vulnerables de su vida. Eso pesa mucho.
Sinceramente, mi primera reacción sería decir que no, o al menos parar en seco. Un millón de euros impresiona a cualquiera, claro, pero aquí el problema no es el dinero, es el origen. Esa historia nace del dolor real de una persona que confió en mí, no de una anécdota cualquiera contada en un bar. Aceptar el dinero sin más me haría sentir que he traicionado esa confianza.
Yo creo que sí se lo contaría a mi amiga, aunque me diera pánico. Preferiría que se enterase por mí y no por una serie que un día le aparezca en cualquier sitio y le cause dolor. Se lo contaría con muchísimo cuidado, explicándole exactamente cómo pasó, asumiendo mi error por haberlo contado esa noche y dejándole claro que ella decide qué hacer.
Si ella me dijera que no quiere que esa historia se use, yo lo tendría claro. Y si ella aceptara, entonces sí podría plantearme todo de otra manera, incluso el dinero, y obviamente se lo ofrecería a ella. Pero siempre con su consentimiento y pensando también en cómo se cuenta esa historia.
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