domingo, 23 de noviembre de 2025

Grafitti

 En la última junta de vecinos aprobamos gastar 2.500 euros para pintar la puerta del garaje, que había aparecido llena de grafitis. No era la primera vez: el año pasado ocurrió lo mismo y tuvimos que asumir el mismo gasto. Cada vez que veo estas cifras me pregunto si realmente merece la pena invertir tanto dinero en algo que probablemente volverá a pasar.


Esta situación me hace reflexionar sobre si los grafitis son arte o vandalismo. Personalmente, creo que pueden ser ambas cosas, dependiendo del contexto. Me gusta cualquier forma de expresión artística y pienso que el arte puede representarse de muchas maneras, también a través del grafiti, que a veces transmite más que muchas palabras.


El problema no es solo que se pinte, sino dónde y cómo se hace. No me molesta ver un grafiti bien hecho, con estilo y un toque artístico. Incluso puede embellecer un espacio. Sin embargo, cuando aparecen garabatos sin sentido o mensajes ofensivos en lugares privados o importantes, creo que se cruza una línea y debería penalizarse.


Este verano, durante mis vacaciones en Ibiza, visité una antigua discoteca abandonada que ahora se ha convertido en un lugar turístico. Los grafitis y los colores le daban un ambiente muy especial. En espacios abandonados, el arte urbano no molesta; al contrario, les da vida.


Lo que más me molesta en mi comunidad no son las pintadas en sí, sino el dinero que se gasta cada año en borrarlas. Por eso, una posible solución sería aprovechar las pintadas como base para crear un mural. Así se respetaría el arte, se reducirían gastos y se mejoraría el espacio común.


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