Creador
Siempre hemos crecido con la idea del artista atormentado: esa imagen de que para escribir una gran novela o componer una canción que pase a la historia, primero tienes que haber sufrido lo indecible. Parece que si no tienes traumas o una vida marcada por la tragedia, estás condenado a ser un creador mediocre. Pero, sinceramente, si me dan a elegir entre la genialidad a cambio de una vida rota o una vida tranquila siendo "normal", lo tengo clarísimo.
Elijo la infancia plácida y la estabilidad, sin dudarlo ni un segundo. Me parece un error terrible idealizar el dolor como si fuera combustible creativo. El trauma no te hace mejor artista; de hecho, muchas veces el dolor es tan paralizante que ni siquiera te deja crear. La idea de que necesitamos estar mal para ser brillantes es una trampa que solo sirve para romantizar la mala salud mental, y creo que ya va siendo hora de superar ese mito.
Prefiero ser una creadora mediocre que pueda disfrutar de su proceso, de su gente y de su salud, que una genio que vive en un pozo de angustia. Además, ¿quién decide qué es mediocre? El arte también puede nacer de la alegría, de la observación, de la empatía o de las ganas de cambiar las cosas. No hace falta vivir un infierno para tener algo que contar; a veces, las historias más bonitas y necesarias vienen de lugares de paz y de luz.
Al final, el valor de una persona no se mide por lo que produce o por el éxito que alcanza, sino por su bienestar y su capacidad de ser feliz. Ninguna obra de arte, por muy increíble que sea, vale más que la salud mental de quien la crea. Si para ser una "gran creadora" tengo que sacrificar mi tranquilidad, entonces ese éxito no me interesa. Prefiero una vida llena de momentos sencillos y reales antes que una posteridad basada en el sufrimiento.
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