Después de media vida metido en el colegio, se me hace rarísimo pensar que ya no voy a volver. Al final han sido un montón de años haciendo siempre lo mismo cada día y, aunque me moría de ganas de acabar, te queda un cuerpo extraño cuando te das cuenta de que esto se ha terminado de verdad. Te acostumbras a los mismos horarios, a ver siempre las mismas caras y a una rutina que, a partir del año que viene, va a saltar por los aires.
Si pudiera borrar algo de estos años, lo tengo clarísimo: los nervios y el agobio de los exámenes. He pasado épocas de estrés máximo que prefiero olvidar ahora que ya me los he quitado de encima. Es, de lejos, lo que menos voy a echar de menos y lo que más ganas tengo de perder de vista para siempre.
Ahora mismo lo que me pide el cuerpo es empezar ya la universidad y cambiar de aires. Creo que me va a venir genial el cambio para dejar atrás el día de la marmota de estos años y empezar de cero en un sitio nuevo, con gente distinta y a otro rollo. Sobre todo, lo que más me motiva es estudiar por fin algo que me guste de verdad y dejar de cargar con las típicas asignaturas que no me aportan nada.
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