Las tentaciones están presentes en mi vida, al igual que en la de todos. Sin embargo, me considero una persona fuerte de mente, ya que no suelo dejar que me gane la pereza y hago lo que tengo que hacer y no lo que me apetece, pero reconozco que a veces soy débil ante ellas.
Cuando me pasa y caigo en la tentación suelo sentirme mal luego y en algunos casos, siento incluso arrepentimiento. No es plato de buen gusto reconocer que se es débil y que las pasiones han tomado el control de tus actos a pesar de haber tratado de no hacerlo. Pero hay veces que la tentación es tan grande que no hay nada que hacer.
En mi opinión hay veces que es más difícil resistir que otras veces, un ejemplo es resistir una tentación cuando no hay testigos, porque si nadie mira parece que no haya consecuencias. Creo que la falta de miradas externas puede hacer bajar la guardia a cualquiera y que actúe de forma impulsiva.
También creo que la edad y el momento vital influyen mucho en el tipo de tentaciones que se experimentan. A medida que uno crece, cambian las prioridades y también los deseos. Algunas tentaciones pierden importancia, mientras que otras aparecen con más fuerza.
Con el tiempo he aprendido a conocerme mejor y a reconocer mis propias debilidades. Resistir una tentación requiere esfuerzo, autocontrol y reflexión. No siempre lo consigo, pero cada intento me enseña algo nuevo. Cuando logro decir no, me siento orgulloso y más seguro de mí mismo. Considero que resistir una tentación no nos hace perfectos, pero sí nos ayuda a crecer como personas y a tomar decisiones más conscientes.
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