Contárselo a mi amiga
Sí, se lo contaría, aunque supiera que la conversación podría romper la amistad para siempre.
Esperaría a que pasaran unos meses desde la venta, para que el primer impacto del duelo hubiera perdido algo de filo.
Le diría toda la verdad: cómo se me escapó la historia una noche de cervezas, quién es el chico, qué ha hecho con ella y cuánto dinero hay encima de la mesa.
Le ofrecería el grueso del dinero que me toque (quizá el 70-80 %) como compensación mínima por haber violado su confianza.
No lo presentaría como un regalo ni como justicia, sino como lo más parecido a una reparación que soy capaz de ofrecerle.
Le diría que entiendo si me odia, si me bloquea o si nunca más quiere volver a verme.
También le diría que, aunque suene hipócrita, creo que ella merece decidir qué hacer con esa plataforma, con el guion y con la exposición que pueda venir.
Si quisiera, podría intentar parar el proyecto, denunciarlo por vulneración de intimidad o simplemente aceptar el dinero y desaparecer un tiempo.
Lo más probable es que llore, me insulte y me eche de su vida durante años.
Y aun así, creo que callármelo sería mucho peor: convertiría su dolor en secreto mío y en negocio nuestro, y eso sí que sería imperdonable.
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